Pozo de los Milagros de Tucumán: la historia del santuario que conmueve a miles de fieles
Ubicado en Trancas y vinculado a la figura de San Francisco Solano, el histórico Pozo del Pescado recibe cada año a personas que llegan en busca de alivio, agradecimiento y esperanza. En un emotivo recorrido, el periodista Gustavo Tubio retrató las historias de fe que mantienen viva una tradición de más de cuatro siglos.
Foto TN.-
En el norte tucumano, a pocos kilómetros de la ciudad de Trancas, existe un lugar que para muchos es sinónimo de fe, milagros y esperanza. Se trata del Pozo del Pescado, también conocido como Pozo de los Milagros, un santuario que desde hace más de 400 años atrae a peregrinos de distintos puntos del país.
La tradición sostiene que allí, alrededor de 1590, San Francisco Solano hizo brotar agua en medio de una intensa sequía al clavar su bastón en la tierra. Desde entonces, miles de personas visitan el sitio para buscar agua bendita, agradecer favores recibidos o pedir por la salud de sus seres queridos.
En una crónica publicada por TN, el periodista Gustavo Tubio recorrió el lugar y compartió las historias de quienes mantienen viva esta tradición.
Tubio relata que al llegar a las afueras de Trancas se encontró con un escenario sencillo, lejos de los grandes monumentos o construcciones imponentes. Según describió, el predio está rodeado de árboles, cuenta con una pequeña ermita dedicada al santo y un piletón de piedra desde donde brota el agua que los fieles consideran bendita.
“A simple vista, el lugar es de una sencillez que desarma. No hay grandes monumentos opulentos ni lujos. Hay árboles corpulentos que prestan su sombra, una pequeña ermita que resguarda la imagen del santo y, en el centro, el piletón de piedra de donde brota, mansa y constante, el agua bendita”, escribió.
El periodista destacó además la atmósfera especial que se vive en el lugar, marcada por el silencio, los rezos y el sonido constante del agua que los visitantes recogen en botellas y bidones.
Durante su visita, Tubio conoció a Doña Irma, una mujer que había viajado desde San Miguel de Tucumán para buscar agua destinada a su nieto, quien atraviesa una enfermedad pulmonar.
“Es para mi nieto, mi buen señor. Le diagnosticaron una enfermedad difícil en los pulmones. Los médicos hacen lo suyo, pero yo sé que esta agüita limpia le va a dar la fuerza que le falta”, le contó la mujer.
Según narra el periodista, la mujer llenó cuidadosamente tres bidones y luego se persignó junto al pozo. Para ella, cada gota representa una fuente de esperanza.
Otra de las historias que recogió fue la de Carlos, un trabajador que regresó al santuario para cumplir una promesa. El hombre recordó que un año antes había llegado desesperado para pedir por la recuperación de su esposa, quien había sufrido un grave accidente de tránsito.
“Vine a agradecer. Ella hoy está en casa, caminando. Los doctores no le daban esperanzas, pero el Santito escuchó. Prometí volver cada año a limpiar este lugar y a traerle flores”, expresó.
Tubio también contó que los fieles suelen tocar tres veces la campana de la ermita, una tradición que, según las creencias populares, sirve para llamar la atención del santo y acercarle los pedidos de quienes llegan hasta allí.
A lo largo de la crónica, el periodista reflexiona sobre el contraste entre las explicaciones científicas y la fuerza de la fe. Señala que, aunque existen interpretaciones relacionadas con las napas subterráneas que alimentan el pozo, para quienes visitan el santuario el verdadero valor del lugar está en la esperanza que encuentran allí.
Al finalizar su experiencia, Tubio describió el momento en que sumergió sus manos en el agua y observó su reflejo. Fue entonces cuando comprendió que, más allá del origen del manantial, el principal milagro que ocurre en Trancas es la capacidad de reunir a personas que comparten sus dolores, sus pedidos y sus agradecimientos.
“El verdadero milagro de Trancas no es solo que el agua brote de la tierra seca. El milagro es este flujo incesante de amor, de resiliencia y de comunidad; esa cadena invisible de fe que une a perfectos desconocidos”, concluyó.








