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"No somos gente medida": porrones helados con Jorge Piñero y las mil noches de Estación Experimental

MÚSICA

Es uno de los músicos capitales de la Argentina y con su banda hace discos que trascienden géneros y lugares. A punto de sacar su cuarto álbum, entrevista íntima a un chabón de 54 años de Los Pinos que hace lo que se le canta. | Por Alfredo Aráoz

Jorge Piñero.





Jorge Piñero tiene las uñas negras. Son las ocho de la noche, está sentado solo en una mesa del bar América y Daniel le acaba de servir un café chico. 

-¿Cómo andás, Jorge?

-Bien, boludo.

-¿En qué andás?

-Estamos terminando el disco. Alejandro, el ingeniero de sonido del estudio, es un optimista y dice que en julio estará. Serán 9 canciones. 


El 16 de julio se cumplirán siete años del lanzamiento de Los Fantasmas de la Canción, el último disco de Estación Experimental, la banda que lidera el hombre que apura el café de un trago y hace una observación sobre el paso del tiempo: “Sí, el último disco fue hace siete años. Hace un fardo. Mi hija me lo dijo. No parecía tanto tiempo”.

-Nos acordamos cuando tocaron en Bigotes, cuando sacaron La B Nacional, cuando compramos el vinilo y, sí, no parece que hubiera pasado tanto. ¿A qué le asignás esa desmedida del tiempo?

-A que somos muy relajados con el tiempo y en muchas cosas. Todos en la banda tenemos muchas obligaciones. Y no nos vemos mucho. A veces pasa un mes y no nos vemos. Eso que decís también me pasa con las fechas: pasan dos meses sin tocar y no parece.


La entrevista con Jorge Piñero fue realizada el jueves pasado en América, la noche anterior a que la rompieran toda en Señor Montero con Sipeganboys como teloneros y galones de cervezas en el corazón de barrio Norte. Quien haya estado entre el público ahí hace una semana, o en Montero hace dos meses, o hace seis meses en el Nesta, o el año pasado en Valhalla, o en alguno de los shows en vivo sabrá que son noches que marcan a fuego a la militancia experimental.

-A nosotros lo que más nos gusta hacer es tocar en vivo. Y a veces no tocamos tanto como quisiéramos. En cada disco vamos evolucionando en cuanto al sonido. Capaz que tocamos mejor, pero tocamos menos. No sé si me entendés. Disfrutamos del vivo porque es lo que hacemos. Es algo natural en nosotros. Han pasado siete años del último disco, está bien, pero nosotros existimos porque esto es lo que hacemos. Nosotros disfrutamos mucho el vivo. Se da una cuestión de improvisación que en el estudio no. Es muy distinto a grabar. Queremos grabar las canciones, queremos que suenen bien, nos ponemos muy puntillosos en eso. Cada disco que saco es el mejor que puedo sacar. Siempre estamos buscándole la vuelta al sonido. El estudio es más serio. Pero al estudio vamos a tomar café. No nos ponemos hasta el pingo. Tenemos experiencia. Cuando Juan Cruz vivía en la San Martín y arrancaba YoConVoz, intentábamos grabar a las 12 de la noche. Imposible. Terminábamos dados vueltas todos los días. No somos gente medida.


Hasta Daniel llegan las carcajadas en la mesa y el acto reflejo que sigue cuando el mozo de América nos mira es el gesto universal con las dos manos: “Daniel, una Quilmes”. 

-Así como hay música que podés escuchar tomando un café, a Estación no la imagino sin un porrón, sin una birra, sin una Quilmes, sin una Norte. Siento que la banda y el escabio maridan, se complementan. Desde la imagen que vos proyectás desde el escenario con una cerveza en la mano hasta el público. ¿Es así? ¿Lo sentís así?  

-Cuando empezamos a tocar con Los Libertinos hace 30 años con Óscar, con mi hermano, para nosotros hacer música es alegría. Y para nosotros la alegría está muy relacionada a ponernos hasta el pingo. Está muy vinculada con el brindis, con el placer. Somos así, somos muy de barrio. El primer día que hemos ensayado nos pusimos hasta el pingo por la alegría de empezar a hacer música, después por la alegría de hacer música, después por el paso del tiempo y después porque vamos a los recitales (estalla).

-Recién los mencionaste y te quiero preguntar puntualmente por dos integrantes de Estación que creo fundamentales. Primero te quiero preguntar por Marcelo. ¿Quién es Marcelo Piñero?

-Marcelo es mi hermano. Es con quien hago todo. Trabajo, toco. Ya no, pero vivíamos juntos. Hacemos todo desde que yo tenía 8 años. Y nunca nos peleamos. 

-Cuando uno habla de Los Piñero (podría ser el nombre de una banda), es porque uno los ve así, juntos. ¿Siempre fue así? ¿Se complementan? ¿Marcelo tiene algo que vos no? ¿Vos tenés algo que Marcelo no?

-Yo le llevo 8 años a mi hermano. Cuando mi hermano ha nacido, yo estaba muy contento. Yo siempre fui del barrio Los Pinos, donde tengo a mis amigos, chabones mucho más grandes, hinchas de Atlético. Y a Marcelo desde los 6 años lo llevaba conmigo al barrio. Para mis amigos era natural que Marcelo esté conmigo. Le decían Manzanita porque siempre me pedía: ‘Eh, Jorge, ¿comprame una manzanita?’. Y ya cuando empezamos a tocar, yo tenía 22 y el 14. Se separaron mis viejos, se pegó más conmigo, yo había tenido intentos con gente de tocar, tenía un programa de radio en Contacto, aparece Patricio García, íbamos a la radio, nos pasábamos todo el sábado chupando, y ya estaba Marcelo. Siempre fue un vínculo natural. Como el que tengo con mis hijas. Las dos viven conmigo, van a los recitales, hacen la puerta. Es muy natural. O como cuando tenía una novia en aquella época. Lo llevaba a Marcelo conmigo. Siempre fue todo muy natural. En el barrio, en la radio. O cuando mi viejo traía una remera de The Cure, una para mí y otra para él. 

-¿Tu viejo tenía algo que ver con la música?

-No. Solamente le gustaba Raphael. Y escuchaba al Polaco Goyeneche. Por eso son dos grandes influencias para mí.

-Sobre el otro integrante de Estación que te quiero preguntar es por Óscar Migueles. El disco que va a salir ahora (A los náufragos del mundo) es el primer disco después de Óscar. 

-Óscar a mí me enseñó a tocar la guitarra. Obviamente no aprendí bien (carcajadas). No aprendí bien porque el profesor no era tan bueno. Con él empezamos en Los Libertinos. Él era del barrio Municipal, pero éramos compañeros de inglés. Y ahí empezamos con Óscar. Óscar es mi amigo. Cuando estuvo enfermo hasta su muerte, yo estuve cerca todo el tiempo. Él no quería dar pena. Pero ha sido bien duro. A mí me ha hecho pingo, boludo. Siempre me acuerdo de Óscar. Lo conozco al chabón desde hace treinta y pico de años. Y no es que es un chabón. Hemos estado muy cerca. Él es mi amigo. Él era mi amigo. Cuando nos quedamos sin tecladista, Mateo me dice: ‘Lo llamemos a Óscar’. No estaba en la banda por ser músico sino porque era un fiestero y estaba muy metido. Y quedó en la banda hasta el final. Es más, en este disco hay una canción para él: “Para Óscar”. El otro día estábamos ensayándola, sonó una estrofa y me saltaron las lágrimas. Es que era mi amigo. Lamentablemente. Eso. Qué va a ser. Pero bueno.

-¿Cómo te llevás con la pérdida? ¿Qué te genera haber perdido a Óscar?

-Me parece injusto. Yo he perdido dos amigos. Él es uno. He tenido muertes de mi abuelo, de mi abuela, gente que yo quería mucho, pero que es lógico que muera. Pero no los amigos. He tenido la pérdida de dos amigos: Gonzalo y Óscar. Gonzalo era el ex cuñado de Marcelo y era amigo mío. Esa ha sido una muerte más injusta que el pingo. Gonzalo era un chabón re contra trabajador, que no tuvo la suerte de pegar un laburo justo. Honesto, siempre lo explotaban. Hacía fisicoculturismo, era muy piola, era muy fuerte, trabajaba en un corralón y lo sangraban, nunca lo ponían en blanco. Hasta que se murió de una manera espantosa: fue con el padre a voltear una casa, se le vino abajo el techo y se murió pal pingo. Está loco, ¿no? ¿Qué es lo que te dice la sociedad? Discrimina y te habla de los vagos, de los planeros. Este chabon era más trabajador que el pingo. Y eso me parece algo injusto, una mierda. Claramente estamos en una sociedad totalmente desigual, ante una cuestión de desigualdad total. Y Óscar se ha muerto el 14 de enero. Van a ser dos años. Él cumple años el 27 de diciembre, Marcelo el 26 y nosotros tocábamos el 29 en el Robert Nesta. Él ya estaba hecho pingo y lo mismo fue. Tocó siete, ocho temas, aguantó ahí y lo bajó el gordo porque no aguantaba más. Óscar era muy culiao, muy gracioso, nunca te mandaba la pálida. Siempre metía muchos chistes. Muy ocurrente, como Mateo. Son graciosos los vagos. Óscar era muy buenito, pero es lo que te toca. De todas maneras ha disfrutado mucho. Ha hecho de todo. Un solterón que ha hecho de todo. 

El primer silencio de la entrevista llega cuando Jorge termina de hablar de Óscar. Rápido, conmovido, nervioso, emocionado, come los pochoclos que acompañan a la Quilmes y le pido que hablemos un rato de los amigos que también están y cómo hacen discos juntos: “Los amigos siempre están y de hecho yo tengo una relación de familia con Mateo, con el gordo… Todos mis amigos están vinculados a la música o al fútbol. Tengo amigos que han ido a la cancha 40 años conmigo, que los veo desde mis cumpleaños cuando las fotos eran en blanco y negro y que ahora son barrabravas. Después está Gercho, amigo y bajista nuestro, el Chino, amigo y bajista nuestro, Mateo, el gordo, familiares míos. ¿Nuestros amigos qué son? Personas que elegimos y que forman parte de un círculo más interesante, más piola. Con ellos hago música, con ellos hago discos. En todos los discos siempre estoy yo. En la B Nacional el proceso fue más grupal, en El Fantasma de la Canción estaba Claudio Migueles, ahora tiene mucho que ver José Villafañe… En general todas las canciones en letra y música son mías, también hay de César, que me manda la letra y yo le pongo la música. O me manda la música y le pongo la letra. Pero todo en general es muy democrático en la banda. Todos opinan. Nosotros tenemos 200 mil influencias y eso también está claro.

-¿Cómo te llevás con las influencias? ¿Cuándo decís: ‘Che, esto está sonando igual a tal banda’?

-Mirá, la influencia está en todos lados. Lo que nosotros tenemos es que vamos de Prefab Sprout a The Fall, de My Bloody Valentine a Stereolab, de Stereolab a Miguel Abuelo, de Charly García a Pavement, todo está metido ahí. Como hay muchas influencias de muchas cosas, se da naturalmente y está bien que sea así. Nosotros a las canciones les ponemos el nombre al final y hasta entonces les decimos El Prefab, El Stereolab, El Pavement. Tampoco lo ocultamos. Al contrario. 

-Más allá de las influencias, una canción de Estación es una canción de Estación. Esa identidad, ¿cómo se construye? 

-Hacemos rock. Y música pop porque hacemos todo. Hacemos música para que la gente la escuche. Queremos que la gente nos escuche. Si no, la hago para mí. No tengo esa pose. Yo quiero que la gente vaya al recital y la pase bien. Yo soy fan de la música. A mí lo que más me gusta es ir a recitales y ponerme hasta el pingo y pasarla bien. A veces escucho que dicen que está todo inventado. Nada está hecho. Está todo nuevo. Todo está por hacerse. ¿Sabés lo que es el rock? Escuchar música todo el tiempo. Vos para hacer rock tenés que ser fan de rock. Si no, no lo hacés. Si no, no lo harías. O lo hacés porque te parecés a alguien y después lo desarrollás tanto que encontrás tu propia voz. Todo el tiempo estamos escuchando cosas nuevas. Yo me levanto todos los días, abro la computadora, tengo una serie de sitios, de blogs, y estoy al día. Soy de dormir poco, pero profundo. Si la noche anterior chupé, lo mismo me despierto temprano. Nunca tuve resaca. Entonces me preparo un café, quizás voy a la panadería, vuelvo y pongo un disco nuevo. Quizás suena estructurado, pero todas las mañanas escucho un disco nuevo. Es ese momento de la mañana que estoy solo. Mi hija se levanta más tarde. Entonces estoy solo, me leo un libro, escucho un disco, le hago el desayuno a mi vieja, y salgo. 

Daniel trae la última cerveza Quilmes de la entrevista y cuando los Sipegan, los Boutique, los Galle, los Abel, los Piter, los Nico Neme, los Rigo, los Caballo, los Emmanuel saben que queda la última Quilmes, a veces en medio de la charla, surge una pregunta habitual que esta noche le hago a Jorge.

-Estación es la banda sonora de la vida de muchos tucumanos, de los que viven afuera de Tucumán, de gente que celebra el encuentro, que se pone hasta el pingo. Con los amigos músicos se habla de la proyección de Estación, de Buenos Aires, de Europa. ¿Te hincha el pingo cuando te hablan de Buenos Aires? ¿O Tucumán te abarca?

-A ver… Yo creo que a la música la escucha todo el mundo. No tengo falsa modestia y siento que lo que estamos haciendo está bien y por eso hay un ida vuelta con la gente. También te voy a decir algo: yo creo que el mejor público es el de Buenos Aires y el público más exigente es el de Tucumán. Eso te lo digo. Si vos le gustás a alguien acá, ya cagao. Solo que llevar la música a otro lado es más difícil. Podemos ir a todos lados a tocar, pero a mí gusta Tucumán. Soy muy de acá. Me siento muy cómodo. Hay gente que dice: ‘Odio esta provincia’. Yo no. Disfruto de esta provincia. Me gusta donde vivo, me gusta el barrio. Me encantaría vivir de la música. Si es lo que más me gusta hacer. Preguntale a mi hermano si no quisiera vivir de la música. Preguntale a José. Y eso que hacen todos cosas que les gusta y llevamos una vida normal como yo o Mateo. Las ganas y el sueño de cosas que tenés y no se concretan, eso que dice todo el mundo ‘Ser súper estrella’, eso no coarta o no corta el derecho de hacer las cosas que querés. Yo soy una persona que trato de ser lo más coherente y lo mejor que tengo es la música. Con eso no transo. No hago nada que no sea sincero con respecto a la música. A mí me encantaría ir a todos lados. Pero mi sueño no es ir a vivir a Buenos Aires. No es lo que ansío. A mí me gusta vivir acá. Me gusta hacer la música que hago. Me gustan muchos grupos de acá, me gusta cómo son. Me parece que en Buenos Aires hay muchas bandas que están muy bien y hay muchas bandas que tienen más pose de música, que creo que son la gran mayoría. ¿Y sabés lo que me pasa con grupos de acá? Que tienen esa pose porque miran a las bandas de Buenos Aires. Piensan que eso es. Me da por las bolas. Creo que es un gran valor el hecho de vivir acá. Las letras que yo hago son claramente ambientadas en Tucumán. No son de otro lado. Yo soy de acá, soy de Tucumán, soy de barrio Los Pinos y soy feliz estando acá. Me gustaría vivir de la música. Hay músicos que dicen: ‘Estamos trabajando’. Trabajar es lo que yo hago todos los días. No lo vería como un trabajo a la música, boludo. Mi trabajo es hacer muebles. Por eso tengo las uñas pintadas de negro. No porque soy Charly García.

-Aquí en el bar de al lado, en Odín, escuchá la música que suena. ¿Te empinga la música que impone la industria?

-No, la verdad que no. Tengo 54 años. Siempre he escuchado música. Desde chico he disfrutado la música de distintas maneras. Yo escucho música desde que he nacido. En los 70 había música del gusto popular que ya me gustaba. En los 80, época post Malvinas, había rock nacional que yo ya escuchaba. Y después pasó en los 90 donde la música comercial era el grunge o el brit pop más cercana al palo nuestro. Y después está la música como la cumbia, el trap, todo eso, que a mí no me molesta. Si existe es porque hay quien lo pide. No hablemos del trap ni de la música urbana. Yo no la disfruto. Pero hablemos de Los Nocheros. Vos me decís: ‘Los Nocheros es una verga’. Bueno, loco, no sé, será una verga pero hace 30 años que los chabones llenan estadios. Yo prefiero cortarme (¡Dame un cuchillo!) si ponés a Luciano Pereyra, o a Diego Torres. El gordo me dice: ‘No lo nombrés a Diego Torres, siempre le tirás aca’. Pero me parece algo horrendo, siempre me ha parecido lo mismo. Pero claramente estoy equivocado yo. Hay 25 millones de personas que lo escuchan. Ojalá que mañana gane el Telekino haciendo música, pero no es el fin, no es la intención. O cuando me dicen que tengo que seguir lo que dicen las redes sociales. Me importa tres pingos. Como el meme: a mí me importa tres pingos. Le caigo bien a la gente que le caigo bien y le caigo mal a la gente que le caigo mal. Me importa tres pingos. No pasa nada. Si estamos haciendo música, estamos haciendo rock. Hay veces que te dicen: ‘Está mal lo que hicieron en un recital. ¿Cómo van a hacer eso?’. ¿Qué han hecho? Se han drogado y se han puesto hasta el pingo. Y si hacemos rock, boludo, ¿qué querés que hagamos? De eso se trata el rock, de portarse mal. En cambio me gusta Sipeganboys, me gusta Boutique. Son amigos. No soy crítico musical. Pero a los amigos siempre los escucho con cariño. Hay muchas canciones de ellos que me gustan. Sentís que estás haciendo lo mismo, que estamos en la misma, que es muy natural. 

-Pero más allá de los recitales ya no andan por los bares los Estación. ¿El cierre de Bigotes marcó una etapa? ¿Quedan bares?

-Lo que tenía Bigotes es que uno iba a tomar algo, a ponerse hasta el pingo, y tenía algo muy básico que no tienen los bares hoy en Tucumán: la música. O los bares están en silencio o están pasando música espantosa. No te hablo de cosas sofisticadas. Poné Virus. Pero Piter fue cerrando los bares. Piter cierra los bares por donde va. Piter nos está dejando sin bares. Ha cerrado Bigotes, ha cerrado Boho, ha cerrado Estación, ha cerrado Rocson. A los amigos como Piter los encuentro cuando tocamos. Hay amigos que no pueden no estar: Piter, Abel, vos, Mao, Emanuel, Rigo, y algunos cancelados. Los cancelados también pueden entrar. No pueden estar cancelados para siempre. No puede ser todo eterno. ¿Qué querés? ¿Que se suiciden? Dejalos. Ya demasiado hay con las redes sociales.

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