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"La literatura no sirve para nada y en esa inutilidad radica su potencia"

Entrevista

El escritor Máximo Chehin presenta el próximo jueves en Tucumán su última novela. La efervescencia del campo literario en la provincia en tiempos de crisis y una manera propia de ver el mundo: “A la tucumaneidad uno la siente, pero no sabe cómo definirla”.





¿Cuántas historias encierra el universo de una cuadra en un barrio cualquiera? ¿Cuántos amores, desengaños, ambiciones, pasiones y traiciones se esconden detrás de cada una de esas ventanas encendidas? ¿Cuántos secretos protegen las persianas percudidas por el tiempo? El escritor tucumano Máximo Chehin desanda la trama ficcional de esos relatos velados en “Cuadra”, su última novela que se presentará el jueves 26 de octubre a las 19.30 en el Centro Cultural Alberto Rougés (Laprida 31). Del evento participarán la docente María José Daona y el editor Pablo Donzelli.

Como un cazador al acecho, Máximo está siempre alerta a cualquier historia que pueda volverse blanco de su invención literaria. En la vitalidad de un rumor captado por la sensibilidad de ese oído atento, está el germen de Cuadra, su tercera novela después de “La vida interesante” y “Vista al río”, también publicadas por la editorial Bajo la luna. “La idea de Cuadra surgió de una historia que escuché en el laburo, medio al pasar. Se trataba de una situación muy confusa en la que la policía tiraba abajo la puerta de un departamento en respuesta a una denuncia errónea, y se encuentra con un lugar vacío, deshabitado desde hace años. La historia me pareció fascinante no solo por lo absurdo, sino también por cómo un hecho en apariencia insignificante (la denuncia errónea, en este caso) puede ser tan determinante en el curso de las cosas. Y esa puerta que se abre a lo imprevisible me pareció una imagen hermosa y muy sugerente. Pensé en contar la historia de los vecinos de ese pasillo y cómo había impactado este evento en sus vidas. Comencé a armar un cuento, pero al toque me di cuenta de que esta historia pedía una laxitud, digamos, que el cuento no permite. Así que me propuse escribir algo de mayor longitud y darme libertad para explorar la historia de estos personajes”, comenta el escritor nacido en Aguilares que trabajó más de cinco años en la escritura de la obra.

- Cómo fue el proceso de escritura de la novela

- El proceso de escritura fue complejo, lleno de arranques y paradas. Pasé del edificio a la cuadra que es, para mí, la frontera de pertenencia, para llamarlo de alguna manera, de un grupo de gente en una ciudad grande. Decidí que los personajes no se cruzarían, para evitar ese lugar común de las novelas "corales" en las que dos personas que viven en una ciudad de 10 millones de habitantes de repente se sientan en el mismo bar. De hecho, lo único que tienen en común los personajes del libro es el momento en el que la policía tira abajo la puerta. Fui avanzando en paralelo con las historias, deteniéndome en algunas cuando tenía que investigar o estudiar algún tema (por ejemplo, la guerra de Kosovo o la historia del MTP), progresando en las que ya tenía material para escribir. Así surgió la estructura fragmentaria de la novela, en la que la historia de los personajes va intercalándose.

 

- ¿Cuál crees que es el rol de la literatura en un contexto político y social tan complejo como el actual?

- Yo creo que la literatura no debe tener un rol, incluso en momentos como este. Me gusta mucho la idea de Oscar Wilde de que el arte (la literatura en este caso) no sirve para nada, y que en esa inutilidad radica su potencia. Sí pienso que en este momento la voz y la opinión del escritor son importantísimas, y creo que en general no estamos a la altura. Me parece que estamos renunciando a hablar de temas importantes cuando nos toca un espacio con algo de exposición, y nos diluimos en polémicas en redes sociales. La herramienta de nuestro oficio es la palabra, con lo que a la hora de intervenir en el debate público estamos (en teoría) bien pertrechados. Podríamos y deberíamos tener otro rol.

 

- ¿Cómo afecta ese contexto al proceso creativo de escritura y de edición de un libro?

- En cuanto al proceso creativo, este contexto impacta, sobre todo, en lo material. Los escritores y escritoras que conozco viven de otra profesión u oficio, y sacrifican ingresos y tiempo personal para escribir. Cuando no se llega a fin de mes, o no se sabe qué va a pasar con el alquiler, es muy difícil lograr el estado mental que requiere ponerse a trabajar en un texto. De hecho, es sorprendente que, pese a esta crisis, que ya lleva años, se siga escribiendo y publicando tanto y tan bien en Argentina.

 

- ¿Cuáles son los aspectos más literarios de Tucumán? ¿Cuál es tu relación con la tucumaneidad y cómo se vincula esa tucumaneidad con tu obra literaria?

- Creo que lo literario está en el ojo del escritor, y hasta lo más trivial puede convertirse en la sustancia de un buen texto. Para mí, el paisaje tucumano, la sensación de profundidad que da la cercanía a las montañas, nuestra manera de hablar son cosas que me han llevado a escribir. Y, sobre todo, el mundo de la infancia, que siempre me remite a Tucumán.  El tema con la tucumaneidad es que uno la siente pero no sabe cómo definirla, entonces es difícil pensar la relación con eso, ¿no? Yo vivo en Buenos Aires hace casi veinticinco años, pero me sigo sintiendo tucumano. Es cierto que mantengo un vínculo fuerte con Tucumán, tengo ahí mi familia y muchos amigos, viajo cuatro o cinco veces por año, pero no sé cómo afecta eso mi tucumaneidad. Por otro lado, he abandonado el chovinismo tucumano que solía tener y que es una de las cosas que menos me gusta de la idiosincrasia tucumana.

Creo que el hecho de ser tucumano siempre está presente en lo que escribo, por más lejos que esté o por más que haya pasado mucho tiempo afuera de la provincia. Hay una manera de ver el mundo, una cierta lentitud en la observación del entorno que vienen de haber crecido en Aguilares en una época bastante insular, en la que todo quedaba muy lejos, de la presencia magnífica e inmutable de las montañas. También está nuestra manera tan singular de hablar, que nunca termina de abandonarse y seguramente permea hacia lo que uno escribe.

 

- ¿Cómo ves el campo literario tucumano? ¿Cuáles son sus virtudes actuales y cuáles sus falencias?

- Lo que veo es todo bueno. Hay muchas editoriales independientes, hay colectivos de escritura como El Tucumano y Tucumán Zeta, hay eventos como el FILT que acercan la literatura a la gente, hay muchos escritores produciendo y publicando. Me da la sensación de que hay una gran efervescencia, pese a la tremenda crisis en que vivimos. 

Creo que lo que le falta al campo tucumano es apoyo en serio del Estado. Lamentablemente vivimos en un país macrocefálico, en el que los recursos y el consumo están concentrados en Buenos Aires. La única manera de romper con esa lógica es que el Estado intervenga para moderar esas asimetrías. Por ejemplo, tendría un impacto tremendo para todo el campo literario que el gobierno tucumano les asegurara a las editoriales locales que su costo de distribución será igual que el de una editorial independiente de Buenos Aires. O que se hiciera cargo de un porcentaje de los costos de impresión de libros que superen cierta tirada. O un plan de subsidios a la creación literaria. No estamos hablando de inversiones de millones de dólares, sino de gastos pequeños, pero bien aplicados. Un plan de fomento a la producción y edición literaria, en este momento, podría potenciar muchísimo lo que ya está sucediendo.