Top

"El policía le dijo al chofer que arranque rápido": misterio y terror en la Ruta 38

TUCUMÁN PARANORMAL

Todavía tratan de entender qué fue lo que vieron.

Foto ilustrativa.





Las historias de terror abundan en Tucumán. Y, como ocurre en el resto del mundo, la mayoría de ellas casi siempre tienen lugar en alguna ruta oscura y recóndita. Es el caso que traemos a colación este domingo. Se trata de la experiencia que una persona se animó a revelar a la conocida página ‘Tucumán Paranormal’. Le pasó en 2007 y prefirió resguardar su identidad.

Paro de colectivos. Una tradición en la provincia. El autor, un estudiante en Concepción, quedó varado justo antes de la salida del instituto. Debía tomar un colectivo de la empresa Exprebus que, pasadas las horas, se compadeció de los pasajeros sin medio de retorno y habilitó para ellos una unidad. Eran siete: él, una amiga que también vivía en esa época en la Capital de la Randa, un policía y otros cuatro pasajeros además del chofer.

Camino a Monteros por la Ruta Nacional 38, en el tramo que une a Río Seco con Villa Quinteros, al chofer y los pasajeros les llamó la atención algo en el camino. Una mujer. No estaba sola, llevaba en brazos arropado en mantas a un bebé pequeño. Entonces, el uniformado a bordo pide detener la marcha para invitarla a ascender. La noche estaba fría. Nadie en su sano juicio podría haber estado caminando por esa zona a esa hora y con ese tiempo.

Sin embargo, al bajar del colectivo para hablar con la mujer, ésta se había esfumado por completo. Ni rastro de ella. Era imposible. A su alrededor no había más que la nada misma. Ningún lugar posible para ocultarse. Entonces, el policía hace un pedido desesperado al chofer: que parta ya.

“Al ver eso el policía le dijo al chofer que arranque rápido y que nos vayamos”, relata el testigo anónimo de aquel episodio paranormal, que hasta el día de hoy intenta encontrar una explicación lógica a lo que vieron sus ojos.

“Yo aún me acuerdo clarito a esa chica y a ese bebé que nunca me pude sacar de la cabeza, y como circulo periódicamente por el lugar, que ya está cambiado, busco explicación y solo veo pequeñas grutas que siempre hay, imaginando que pudo ser el espíritu de alguien que falleció en el lugar”, reflexiona y concluye la persona de identidad protegida.

Creer o reventar, esa es la cuestión.