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"Me rescataron inconsciente": le decían que su dolor de cabeza era estrés, pero era algo peor

SUPERACIÓN

El milagro de una tucumana que pasó de tener una vida normal a vivir una situación terrible. Inspiración y lección de vida en las palabras de Yanina: "Desde los 20 años me dolía la cabeza. Espero que mi testimonio sirva para que muchos salgan adelante".

Yani antes del ACV - Recién salida de su cirugía.





“Cuando creímos que teníamos todas las respuestas, de repente cambian todas las preguntas”, dice una famosa frase de Mario Benedetti. Este tipo de planteos solamente tienen sentido real para quienes han atravesado algún momento de crisis, justamente cuando pensaban que lo tenían todo casi resuelto.

Yanina Quinteros es una de esas personas que a temprana edad alcanzó varias metas: recibirse en la universidad, conseguir un buen trabajo, independizarse, viajar… y justamente en la cresta de la ola, una situación que nadie se imaginaba cambió su vida para siempre: “Una mañana que me preparaba para ir a trabajar, me rescataron inconsciente de mi departamento”.

Cuando tenía 23 años y 13 días, la joven oriunda de Famaillá se recibía de Farmacéutica en la Universidad Nacional de Tucumán. Inmediatamente, quedaba contratada como auditora en el Subsidio de Salud, obra social en donde realizaba sus prácticas estudiantiles. Así pasaron tres años para Yani, que trajeron aparejados el descubrimiento de su independencia, los viajes y su realización personal. Sin embargo, había una sola cosa que no le permitía disfrutar de sus cosas al 100%: un intenso dolor de cabeza.

“28 días al mes vivía con dolor de cabeza. Fui a distintos médicos y me dijeron que era estrés, me hice estudios y todos salían bien. Una mañana, me desmayé tipo 6:15 y me llevaron a la guardia de la clínica Mayo. Ahí me diagnosticaron un ACV (Accidente Cerebro Vascular) hemorrágico y me operaron... Lo que pasó es que yo tenía un aneurisma debido a una mal formación en la arteria que une el cerebelo y el cerebro. Mi cerebro estaba lleno de sangre cuando me operaron. Ahí en el sanatorio estuve 50 días”, cuenta a eltucumano.

Después de esos días, Yanina fue trasladada con una historia clínica que indicaba que se encontraba en estado de vigilia al instituto Fleni, en Escobar (Buenos Aires). Tras 70 días dormida, un día la tucumana despertó, y lo hizo sonríendo en silencio: “Salí del coma riéndome de una palabra que mi mamá dijo enojada porque no venía el camillero a sacarme de la habitación para ir a terapia”.

Desde el momento en el que ingresó al instituto privado y durante nueve meses, la joven que tenía 26 años comenzó a recibir rehabilitaciones y tratamientos para convertir lo que era una sonrisa silenciosa, en un ser humano funcional: “Me ayudaron muchísimos profesionales como ser terapistas ocupacionales, psicólogas, fonoaudiólogas y kinesiólogos del instituto. A todos los recomendaría porque a mí me ayudaron con lo que sabían en cada etapa que los necesite”, explica.

Y es que cuando despertó de ese coma, Yanina tuvo que aprender de cero todo, hasta respirar: “Tuve que aprender a respirar porque tenía la traqueo, y mi nariz no respiraba, tenía la sonda naso-gástrica en una fosa nasal y respiraba con el tórax antes del ACV, así que me costó muchísimo aprender a respirar con el abdomen”, recuerda la joven que ahora tiene 29 años, pero que vivió un tiempo como una recién nacida que acaba de salir al mundo y que debe aprender a respirar y tragar.

Aprendí a tragar de nuevo ya sea comida o bebida, y a manejar mis manos y pies… Las manos para usar cubiertos y escribir, es decir mi motricidad fina, los pies para caminar cada vez juntándolos más porque empecé caminando con andador y pateándolo porque separaba mucho los pies para tener más base de sustentación… es como cuando armás una pirámide de cartas, abajo la tenés que hacer ancha para que sea alta y no al revés... lo mismo pasa con nuestro cuerpo, tiende a ensancharse desde los pies para mantenerse”, nos explica.

Después de tamaño desafío, el más grande que le impuso la vida a esta farmacéutica, reflexiona: “La experiencia que tengo es nunca debemos perder la fe, o el objetivo de vista porque en el camino hay mucha gente que te quiere tirar abajo, y si uno tiene en claro lo que quiere, sabe que esos comentarios no nos deben afectar. La última palabra la tiene Dios y nuestras convicciones de que podemos con todo hasta que demos el último respiro”

El segundo nombre de Yanina es “Del Milagro”, y quienes creen en la importancia del nombre y su significado pueden decir a ciencia cierta que la vida y la recuperación de esta tucumana es un verdadero milagro digno de contar. Mientras la familia, amigos y comunidad de Famaillá en general se mantenía en vilo por la vida de la joven que pendía de un hilo varios meses, el milagro se iba gestando dentro suyo y gracias a los expertos médicos y a sus inmensas ganas de salir adelante, sumado a las buenas decisiones familiares, ayudaron a que hoy pueda contar su propia historia.

“Mi recuperación va genial, para mi es lenta porque quiero las cosas para ayer, pero va rapidísimo gracias a Dios porque si bien necesito asistencia para muchas cosas, mi esencia sigue y mientras no tenga que caminar sola me valgo por mí misma. Nuevamente estoy para lo que necesiten si conocen a alguien en esta situación, porque este proceso es largo, tedioso y feo, pero debemos enfocarnos a vivir el día a día porque eso ya es un triunfo, y contar con el cuidado de alguien que realmente nos quiera y busque lo mejor para nosotros… Muchas gracias por el espacio y ojalá sirva mi testimonio para impulsarlos a seguir adelante. Dios y la Virgen los bendiga y proteja”, cerró el esperanzador mensaje de Yanina del Milagro Quinteros, que con 29 años y una inmensa experiencia de vida encima, aconseja no dejarse vencer nunca.

Yani entró al instituto Fleni en coma y salió caminando a los nueve meses. Este centro, el mismo en el cual se mantuvo con vida a Gustavo Cerati por años, asegura en su página que es el instituto de rehabilitación más moderno de Argentina, y que lleva más de 10.000 pacientes recuperados después de este tipo de situaciones.

Actualmente la tucumana continúa con sus terapias, ansiando poder recuperar su voz por completo pronto. Inclusive, está aprendiendo a usar mejor su motricidad fina con tejidos, ya que antes de su ACV tejía pulpitos para donar. "Siempre sentí la necesidad de ayudar a los demás desde el lugar que esté, espero mi testimonio sirva".

Yanina, 2017 (antes del ACV)

Cuando despertó del coma después de 70 días.

Sonriendo, a los pocos días de haber despertado.

Esperando para una de sus rehabilitaciones en el Fleni.

Su equipo de kinesiólogos.

Saliendo del Fleni con algunos de sus terapeutas, para regresar a Tucumán.