Los gritos que callan
ENTRE LÁPICES Y EMOCIONES
Cómo comunicarse con los hijos y transmitirles de mejor manera las órdenes sin dañar su autoestima.
Hoy vamos a hablar sobre los gritos, esos que ensordecen a nuestros hijos. ¡Sí! Así como lo leen: los vuelve sordos, en el sentido metafórico (a mi entender, el más complicado de reparar). Si pretendemos que nuestros hijos aprendan a respetar, los respetemos. Cuando damos una orden, una, otra y otra y otra vez, ya ahí, apelamos al grito. Al comienzo sí que es efectivo pero con el transcurso del tiempo, comenzamos a gritar más fuerte y durante más tiempo. ¿Vivir a los gritos? No, no es sano. Ni para los padres ni para nuestros niños. Gritar entrena a nuestros hijos a no escuchar hasta que se les levanta la voz. Cuanto más lo usamos, más los entrenamos y más nos costará que obedezcan sin necesidad de gritar.
Inicio este recorrido de reflexión afirmando, sin caer en el simplismo, que cuando aparece el grito es porque la palabra (sana, coherente, y no agresiva) ha perdido su fuerza. Aquí les propongo una meta accesible a largo plazo, pero me siento realizada si al menos pudieran, en “algunas” de las órdenes para sus hijos, darse cuenta y no gritar. Para eso les aconsejo, y como es mi costumbre y si me vienen siguiendo (algo que anhelo), es mirar adentro, a ustedes mismos, como adultos, como papás.
El dejar de gritar (como les dije, al menos un par de veces) implica ciertos esfuerzos en actitudes nuestras. Digo esfuerzos porque somos padres, no perfectos. En primer lugar es básico, el autocontrol de emociones. Ese momento en que nuestro no responde a la orden, nos genera impotencia y hasta rabia. Entonces es ahí, en ese momento cuando debemos actuar pero tranquilos, la emoción dura unos minutos. Si deseamos que los hijos aprendan a gestionar sus emociones, empecemos por casa.
En segundo lugar, en vez de gritar al dar una orden busquen el contacto visual y analicen cuál es la situación en la que están los niños. Sean flexibles y criteriosos. Si les gritamos diariamente deben saber que ese estilo de comunicación agresivo se instalará e nuestros hijos, esa modalidad de comunicarse. Considero que los papás pretendemos que nuestros pequeños aprendan y se comuniquen desde la asertividad, es decir desde una comunicación saludable. Educar a gritos tiene un efecto negativo sobre la autoestima de nuestros hijos.
Lejos de sentir que estamos orgullosos de sus logros y sus esfuerzos, lo que sienten es que nunca están a la altura, hagan lo que hagan. Siempre aparecen los gritos y borran cualquier sentimiento de haber hecho algo bien. Así, nuestros hijos van formando la imagen de que se equivocan siempre, que no hacen nada bien. Todos hemos vivido esos momentos de tensión en casa. Momentos que generan un gran malestar emocional y que cada momento no hace más que aumentar la tensión. Unos gritan, otros lloran y nadie hace lo que debe hacer y parece que nada puede parar esta escalada de ira.
¿Qué podemos hacer?
- Tomarnos una pausa, un tiempo fuera. La distancia física, uno en cada sitio, hasta que se desvanezca la ira.
- Pídele disculpas.
- Muéstrales a tu hijo formas de gestionar la rabia que siente, que se sienta comprendido, explícale que tú también te sientes así a veces. Si decido ser mejor persona, mejor mamá, ganamos todos, me ayudo a ser mejor, y sobre todo ayudo a mis hijos a ser mejores.
Es simple, pero no fácil. Sólo hay que hacerse consciente de que estos son los tiempos de aprender cómo ser padres.








