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"Tenía como 30 llamadas perdidas y atendí": la maldad al "agente" Alvero en Yerba Buena

HISTORIAS DE ACÁ

El domingo a la noche, Melanie preguntó: "¿Dónde se denuncian fiestas clandestinas?". Entre tantos comentarios, hubo uno que llamó especialmente la atención de muchos vecinos y vecinas de la Ciudad Jardín.

Gabriel, Javier y un amigo más que no tiene nada que ver con el del medio: el de la maldad, jajaja.





El domingo a la noche, a las 21.34, una joven llamada Melanie publicó en el grupo Alguien Sabe Yo Sé de Yerba Buena la siguiente pregunta: “¿Dónde se denuncian fiestas clandestinas?”. Entre tantos comentarios, uno llamó especialmente la atención no solo de la autora de la pregunta sino de muchos vecinos y vecinas de la Ciudad Jardín.

Quien comentaba era Javier Escobar y le pedía que tomara nota: “3813471564 comisaria de yerba buena agente Gabriel alvero solo llamadas”. Lo que nunca imaginó la gente que llamó a ese teléfono ni el propio Gabriel Alvero es que estaba siendo víctima una vez más de una broma más de su infalible amigo de la infancia.

Luego de despertar esta mañana con el teléfono desbordado, Gabriel Alvero, que no es agente ni trabaja en la comisaría de Yerba Buena, empezó a entenderlo todo cuando vio lo que pasaba en Facebook con la broma de su amigo, a quien solemnemente le comentó en el mismo estado: “Cajeta, tengo como 30 llamadas perdidas”.

Durante un receso de su trabajo este lunes, todavía se ríe Gabriel y cuenta quién es el maldad del otro lado de la broma: “Javier es un amigo de toda la vida, de la infancia, acostumbrado a hacer bromas bastante pesadas. Ya estoy acostumbrado, como la que me hizo una vez en los toboganes de Yerba Buena cuando estaban unos changos medio pasaditos y le preguntan si conocían a alguien que vendiera marihuana. Me señala a mí. Yo estaba metido en el agua y de repente tenía a los marihuaneros alrededor preguntándome cuando yo nunca con eso nada que ver”.

“Otra vez me puso en un grupo de chicos que buscan a chicos para tener sexo. También dejó mi teléfono y tuve que sacar mi foto del perfil de WhatsApp porque los vagos ya se estaban zarpando con las cosas que decían. Sí, son bastante pesadas las cosas que hace. Pero hoy, cuando me levanté a las 8 de la mañana, no entendía por qué tantas llamadas perdidas. Hasta que sonó una y atendí”.

Imaginemos por un momento la escena en la casa de Gabriel: es lunes temprano, recién empieza la semana, todavía falta el último tirón para cobrar, los humores en general están como están y a Gabriel le están gritando desde el otro lado del celular: “Atiendo y era una señora: '¿Agente Alvero? Es para denunciar a un vecino'. Yo, con mi mejor humor, le explico: ‘Disculpe, señora, yo no trabajo en la fuerza pública’. Para qué… Se puso a gritarme: ‘¡Así son todos ustedes de atorrantes! ¡Nunca quieren laburar!’”

“Mucha gente, calculo, que entró a mi perfil donde decía que yo había trabajado en una empresa de seguridad privada pero como portero. Leyeron eso y creyeron que yo era policía de verdad. Lo más gracioso de todo es lo que decía mi papá: una vez ayudé a recuperar una moto y no tuvo muchas repercusiones, otra vez encontré y devolví una billetera con 25 mil pesos y tampoco. Me dijo mi papá: ‘Ahora vas a ver que por esta pelotudez se van a hacer famosos’”.

“Ya no me siguen llamando, por suerte. Ya pasó el mal momento de la mañana. Pero que quede en claro una cosa también: más allá de la broma, refleja también lo bastante precaria que viene mostrando ser la Policía y la falta de respuestas que da. Al margen de eso, como todos, venimos viviendo días difíciles, de incertidumbre, de no saber si vamos a seguir trabajando o no, y por lo menos hoy les mostré las capturas a mis compañeros y les saqué una sonrisa”.

¿Y Javier? “A ese ya lo voy a agarrar. No tengo la astucia para vengarme, pero algún chirlito en el cuello le voy a meter. Les mandé las capturas y se reía: ‘Ya somos famosos’. Y en estos momentos tan difíciles, poder distenderse por un ratito al menos con una broma también es necesario y nos ayuda a despejar la cabeza por un momento, ¿no?”




Gabriel y Javier, amigos desde la infancia.