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En primera persona: la lucha de los jóvenes de Amaicha para mantener viva su cultura

voces de la resistencia indígena

Toda una generación de comuneros y comuneras oriundos de los Valles Calchaquíes refuerzan el compromiso con sus raíces e invitan a sus pares a luchar todos los días para defender la naturaleza, generar puestos de trabajo y respetar los rituales culturales de sus antepasados.

Foto de Secretaría de Comunicación de Tucumán




En el marco de una actividad impulsada en octubre por la Mesa Intersectorial de Gestión de Amaicha del Valle, jóvenes, artistas y mujeres pertenecientes a la comunidad indígena, expresaron cuáles son los desafíos que se les presentan para mantener viva su cultura ancestral en los tiempos que corren.

La mesa intersectorial, es un espacio autogestivo, autónomo e independiente, que nació con el objetivo de visibilizar y abordar diferentes problemáticas de una manera integral, interdisciplinaria e intercultural. Durante el mes de octubre, entre otras actividades virtuales que impulsaron, difundieron micros radiales que reúnen los testimonios de los protagonistas de la resistencia indígena.
           Fotos de Josefina Sidan

El relato de los jóvenes, particularmente refleja un gran compromiso con el respeto a la cultura, al medio ambiente y a los rituales que les transmitieron de generación en generación. Además, analizan de manera crítica la falta de fuentes de trabajo en la comunidad, y pregonan el respeto por los antepasados, las prácticas culturales, la protección de la tierra y el medio ambiente. 

“Lo que yo hago para rescatar mi cultura y que no se pierda, es primero defender mi nombre: Hiuturi Kuntur. Es un nombre quechua originario, que significa “Cóndor del manantial”. Relata el joven de 17 años perteneciente a la comunidad originaria de Amaicha. “Las luchas que debemos afrontar como sociedad y comunidad entre otras son, el racismo que nace de la ignorancia de mucha gente que, al no conocer del todo su raza y su cultura, lleva a que hagan distinción por el color de su piel o por cómo viste el orto”, añade.
      Fotos de Josefina Sidan
 
El joven asegura que entre las prácticas de resistencia para rescatar la cultura indígena, está en constante aprendizaje sobre las prácticas de sus ancestros. “En el ámbito familiar, no dejamos de hacer charqui, dulces, jaleas y todo tipo de elaboraciones que hacían los antiguos, esa es toda mi lucha”, señala.

Por su parte, Sebastián Arjona de 30 años, vive en los Zazos, a pocos kilómetros de Amaicha, relata que una de las luchas que debe enfrentar la comunidad, es la de generar puestos de trabajos. “Muchos jóvenes se están yendo a las grandes ciudades porque no hay fuentes de trabajo en nuestra comunidad. Debemos empezar a ver qué vamos a dejar nosotros los jóvenes, para nuestros hijos. Yo jamás me fui de la comunidad, y la sigo peleando. Por eso creo que debemos dejar proyectos de vida para nuestros hijos y nietos”, expone.

          Fotos de Josefina Sidan

En esta dirección destaca que en la comunidad existen jóvenes mujeres y hombres dispuestos a emprender diversas iniciativas. “Debemos empezar a pensar en estos proyectos viables en esos proyectos que sean de sustento para nuestros hijos, pero también que sean sostenidos en el tiempo que podamos hacer uso de los recursos que tenemos en nuestra comunidad sin dañarlo sí sin destruirlos para poder empezar a generar fuentes de trabajo”.
 
Claudia Lera, de 20 años ejemplifica su lucha desde su primera infancia en una familia que le inculcó la importancia de cultivar la identidad. “Nos impregnaron desde pequeños a mis hermanos, mi identidad y un profundo amor y respeto por la comunidad indígena y por la tierra. Considero que para resistir y mantener la lucha activa debemos tener conciencia y conocimiento de nuestra propia historia en la cual fueron protagonistas nuestros abuelos y padres. Me siento con la responsabilidad de que todos estos procesos no queden en vano”, relata en su testimonio la joven oriunda de Los Zazos.  

Claudia reconoce lo atípicio de poder estar cursando una carrera en la Universidad Nacional de Tucumán. “Es un privilegio que no tienen muchos jóvenes de la comunidad. Junto con el desarraigo estos deben ser puntos esenciales para cambiar el paradigma y debatirlos entre todos. 
 
Ornella Reinoso, de 17 años, asegura que para mantener viva la cultura es importante hablar con los abuelos. “Esos hombres y esas mujeres nos pueden contar todo lo que vivieron y cómo lo vivieron, la lucha que tuvieron nuestros ancestros en el reconocimiento de la tierra. También lo que hago es sahumar una vez a la semana con las hierbas medicinales que nuestros ancestros usaban antes. En mi casa la seguimos usando”, añade.
 
         Fotos de Josefina Sidan


“Pienso que es fundamental para nosotros los jóvenes ser conscientes de nuestras raíces, de dónde venimos, quiénes somos. Estar orgullosos de eso”, indica Wuara del Valle Mamondes, una joven de 19 años. Y añade: “pienso que los jóvenes comuneros y comuneras debemos tener una lucha constante en nuestro pueblo. Valorando y conociendo nuestras raíces, participando en las ofrendas en las ceremonias, en lo territorial tenemos que proyectar nuestras ideas y expresarnos, reclamar nuestro derecho a la tierra, valorarla, cuidarla al igual que a nuestra flora, nuestra fauna y nuestros bosques nativos", remarca.
 
Para mantener viva la cultura la joven de 19 años reconoce que participa en las ceremonias y las ofrendas que se realizan en el pueblo el primero de agosto, en el Inti Raymi, y en los jueves de comadres que se realizan en diferentes fechas. "Para mí es una forma de mantener viva la cultura, ser parte de esto, conocer y sentir lo que somos como cultura, como lugar", concluye.