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“En media hora se pueden salvar tres vidas”: tuvieron Covid y donaron plasma diez veces

HISTORIAS DE PANDEMIA

La monteriza Anabel Barrera y su esposo contrajeron coronavirus y, una vez recuperados, colaboraron con el tratamiento de treinta pacientes. La historia de la pareja que se encontraba viviendo exterior y pasó del paraíso al caos cuando recién comenzaba la pandemia.

Anabela y Guillermo juntos por el mundo.




Una isla rodeada de playas con aguas transparentes, arrecifes de coral y tupidas montañas volcánicas. Cuando el coronavirus se volvió una amenaza para todo el planeta, Anabel Barrera se encontraba en el paraíso. Hasta entonces, el Covid-19 era apenas un rumor, una información que llegaba desde lejos y un virus al que muchos todavía calificaban como una gripecita más. El archipiélago indonesio de Bali, pasó pronto de lugar de ensueño al escenario de una pesadilla para la tucumana que tuvo que iniciar un arduo periplo para reencontrarse con su esposo y volver, primero a Buenos Aires, y después, a su Monteros natal. Un tiempo en que el coronavirus se volvió un padecimiento que sintieron en carne propia y que ahora les permite ayudar a otros pacientes contagiados a través de la donación de plasma. Entre ambos, ya donaron diez veces y no piensan dejar de hacerlo.

“Bali es una isla turística y cuando yo llegué estaba casi vacía. Hice vida de turista ahí porque nadie sabía del virus, no había ningún protocolo ni nada todavía”, cuenta la monteriza de 32 años que llegó a la isla de Indonesia el 13 de marzo y alcanzó a salir escapando de la pandemia cinco días después mientras se cerraban los aeropuertos y se bloqueaban las fronteras. Anabel se encontraba viviendo con su esposo Guillermo Brandauer en Sidney y tenía que salir de la ciudad australiana porque se vencía su visa de trabajo. El primer destino en el que había pensado fue Japón, pero la información que circulaba en aquel momento decía que habían comenzado a cerrar distintas ciudades ante el avance del virus. Entonces optó por Bali, una isla paradisíaca que parecía ajena por completo a la amenaza del Covid-19. Guillermo la encontraría allá un par de semanas después. Pero ninguno pudo imaginar el caos que se avecinaba.

En aquellos días de marzo en Australia, donde él y ella trabajan en rubro gastronómico, se escuchaba hablar del virus, pero todavía no había demasiadas precisiones al respecto. “En Sidney ya sonaba porque allá hay mucho turismo chino, pero decían que era una gripe nomás, no se sabía mucho”, comenta Anabel. La explosión de la pandemia la encontró a ella en Bali y a él en Sidney. Los mensajes que llegaban desde Argentina no eran nada alentadores. En medio del pánico colectivo que empezaba a trascender fronteras, la tucumana decidió escapar del paraíso y volver al país. Pero no fue nada fácil, en todo el mundo comenzaban a restringir la circulación de los aviones: “Sentí que era un momento para estar con mi familia. La isla ya era un caos y estaban cerrando las fronteras. Fue una cosa de hacer malabares para conseguir un pasaje y poder volver”.

Anabel llegó a Buenos Aires el 18 de marzo y Guillermo un par de días después. Como la familia de él es de ahí pararon en casa de su madre. Apenas llegó, Guillermo se tomó la temperatura y el termómetro marcó 38 grados. Si bien no sentía ningún malestar, eso encendió las alarmas. “Me llevaron al hospital Ramos Mejía para hacerme el hisopado, pero estuve casi sin síntomas. Como me dio positivo, me dejaron aislado en el hospital dos semanas y después una en un hotel por una cuestión de protocolo. Era todo muy nuevo todavía y no se sabía muy bien cómo hacer las cosas”, cuenta el hombre de 33 años.

Cuando Guillermo terminó con su aislamiento se pusieron en contacto con él para que donara plasma. Fue el primer donante que tuvo el Hospital Durand y, mientras estuvieron en Buenos Aires, donó cuatro veces. Meses después, ya en Tucumán, donó tres veces más. “Primero tenés que hacer una entrevista previa (que ahora se hace por la web) donde ven si cumplís con todos los requisitos para donar y, si cumplís, te citan en el lugar donde se hace la donación para ver qué cantidad de anticuerpos tenés porque algunos generan muchos y otros pocos. La verdad que es un trámite rápido, tarda entre media hora y una hora. Es un pinchacito leve y estar ahí esperando nomás. La única molestia es ese pinchazo inicial”, explica.


El periplo de la pareja no terminó ahí. Anabel hasta entonces había permanecido aislada y nunca tuvo ningún síntoma. En junio, decidió hacerse un análisis de sangre porque pensó que, con los resultados en mano, sería más fácil poder volver hasta Monteros donde se encuentra su familia. El destino siempre había sido ese, pero los sorprendió el Covid positivo y el aislamiento en Buenos Aires: “Me enteré que tenía el virus cuando me hice el análisis de anticuerpos porque nunca tuve algún síntoma. No sé quién contagió a quién, capaz que yo lo tenía incluso antes que Guillermo”. La llegada a Tucumán no era nada fácil. Después de que se produjo una serie de contagios en un colectivo que había salido desde la capital con destino a la provincia, los viajes se interrumpieron. “Hablamos con la gente de Ezeiza y logramos que nos metan en un micro con gente que venía del exterior. Viajamos con gente de Córdoba, Catamarca y Tucumán. Esas eran las últimas tandas de repatriados de afuera”, explica Guillermo.

Después de pasar cuatro meses en cuarentena estricta en Buenos Aires, una vez que llegaron a Tucumán también les tocó aislarse en un hotel antes de llegar al destino final que era Monteros. Si bien contaban con un departamento para aislarse en la capital de la provincia no se lo permitieron. También quisieron donar plasma apenas llegaron, pero no los dejaron. “Les explicábamos que ya habíamos tenido el virus y que lo mejor con todos los que llegaban de afuera era hacerles los análisis de anticuerpos e incitarlos a donar en lugar de tenerlos encerrados, pero acá no había muchos casos todavía y no nos entendían porque todavía nadie donaba plasma”, cuenta Anabel.

“Con media hora de tu tiempo se pueden salvar tres vidas. Sería bueno que la gente se anime, no es mucho esfuerzo y se obtiene un gran resultado. La gente que no se anima o que tiene dudas sólo tiene que informase en los sitios oficiales. Es un proceso muy sencillo y para nosotros fue natural volver a donar porque no nos pasó nada grave y seguimos teniendo los anticuerpos”, comenta Guillermo que esta mañana donó por séptima vez en el Hospital Néstor Kirchner. Para Anabel, la de hoy fue su tercera donación de plasma: “Mucha gente tiene miedo porque no se sabe mucho al respecto y piensan que, si donan plasma, se pueden volver a contagiar el virus o que van a quedar débiles y no, vos ya tenés memoria inmunológica no importa cuántas veces donés. El proceso es menos invasivo que la donación de sangre, no sentís mareos ni te sentís mal después. Ni siquiera tenés que ir en ayuna. Es algo que ayuda mucho, no está cien por ciento asegurado que la gente que haga el tratamiento se recupere, pero ayuda a transitar la enfermedad de una manera más leve. La gente del banco de plasma nos contaban las historias de la gente recuperada y, si para nosotros era un trámite, cómo no lo íbamos a hacer”. En promedio, dos de cada diez personas contagiadas de coronavirus están en condiciones de donar plasma. En cada donación se extraen alrededor de 600 mililitros de plasma que sirven para tres tratamientos. Es decir que, con su gesto solidario de colaboración, Anabel y Guillermo han ayudado ya a treinta personas en su lucha contra el Covid-19. Y no piensan dejarlo de hacerlo, como asegura Anabel: “Seguiremos donando mientras tengamos anticuerpos”.

Como en muchos otros casos, los proyectos de Anabel y Guillermo se encuentran suspendidos por la pandemia. La pareja se fue de Tucumán en 2016 y, tras viajar por Asia y Europa y vivir en Nueva Zelanda y Australia, proyectaban instalarse en España, pero, por ahora, seguirán instalados en Monteros. “Todo esto nos ha afectado mucho y hemos decidido no hacer ningún plan hasta que vuelva todo a la normalidad o se aclare el panorama”, comenta la tucumana. Ya habrá tiempo para volver a hacer las valijas, mientras, pretenden seguir ayudando desde acá a quienes pelean palmo a palmo contra el coronavirus.


Cómo donar plasma en Tucumán

Desde el banco de plasma de la provincia, informaron que están recibiendo un promedio de entre cuatro y cinco donantes por día, aunque esperan que cada vez se sumen más. También anunciaron que cuentan con un móvil para los casos de aquellos donantes que residen en el interior de la provincia y tienen problemas para trasladarse hasta el Hospital Néstor Kirchner. Por cualquier consulta, pueden comunicarse al teléfono 3813190706.

Si sos paciente recuperado de Coronavirus, podés donar plasma para ayudar a que otros se recuperen en su tratamiento. Una vez que la persona tiene su hisopado negativo, a los 14 días se le realiza un test para ver si tienen los anticuerpos y, si los tiene, estaría en condiciones de donar. Sin embargo, no todas las personas tienen los suficientes anticuerpos y además tienen que cumplir con los criterios de seguridad del donante.

Las personas que deseen donar, deben acceder a la página del Ministerio de Salud Pública en el botón de donación de plasma donde deberán completar una declaración jurada que se encuentra adjunta para ser analizadas por especialistas médicos. Luego se comunicarán con la persona donante para hacer un primer estudio serológico que puede realizarse tanto en la capital como en el interior de la provincia acorde al domicilio del donante.

El proceso de donación requiere de la persona recuperada de Covid-19 como máximo de una hora y puede donar hasta dos veces por mes. El procedimiento se diferencia de una donación de sangre común porque sólo se extrae plasma y el resto de los componentes son devueltos al paciente.

Quienes ya donaron, en primera instancia fueron citados desde el Siprosa de manera telefónica, pero el crecimiento de casos en la provincia aumentó el requerimiento de plasma, por lo que se invita a la acción voluntaria de los recuperados para colaborar con el Sistema de Salud.

Requisitos para ser donante

-Tener entre 18 y 65 años
-Pesar más de 50 kilos
-No haber recibido transfusiones de ningún tipo en el último año
-Estar sano en general, no tener enfermedades de base
-Mujeres que hayan tenido hijos no pueden ser donantes de plasma