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"El presente es pedalear": el rock tucumano ya tiene su servicio de cadetería

HISTORIAS DE ACÁ

El popular "Cheto" de Malas Lenguas recorre las calles tucumanas a bordo de su bici para llevar tu paquete a destino. Aprovecha cada viaje para componer mientras espera el ansiado regreso a los escenarios. "Hay que armar un gran frente de resistencia" del rock tucumano, propone.

El Cheto recorre a las calles arriba de su bicicleta.




"Venía pedaleando, me acabo de bajar del caballo", se disculpa Daniel Alfredo Carabajal, más conocido como "El Cheto de Malas Lenguas", por no responder ante el primer llamado de eltucumano. Este verdadero ícono del rock barrial y personaje inconfundible de la diversa fauna local, nacido y criado en Alberdi que llegó a la capital para estudiar Ingeniería en Computación para terminar siendo el frontman y voz líder de la emblemática banda Malas Lenguas, se dispone a abandonar el drugstore de barrio sur en el que se desempeñó los últimos años, para lanzarse de lleno a su nuevo emprendimiento: 1969 Cadetería. ¿Qué otro número que el más rolinga de los números iba a elegir? Con ese número, los fanáticos de la banda liderada por Mick Jagger recuerdan la gira histórica "The Rolling Stones American Tour 1969".

"Me gusta mucho andar en bici, por eso renuncie a mi empleo y empecé con esto: hago cadetería, mensajería, trámites, traslado de mascotas, todo. La bici es una extensión de mi cuerpo, disfruto escuchar música y ser mi propio jefe, manejar mis propios tiempos y seguir apostando al aire, a la música", confiesa El Cheto, contento por el trascendental paso laboral y también artístico que decidió dar en el marco de la pandemia de Coronavirus.

El Cheto se despierta temprano a la mañana, desayuna generalmente con el menor de sus hijos y se dispone a salir a pedalear a la calle: quizás emulando a Pity Álvarez en el video de Una Vela o a cada rolinga que en los barrios de todo el país se sube a la bici, acomoda el morral y sale a pasear o al trabajo al ritmo del rock chabón. El rolinga en bici es una postal, confiesa el líder de Malas Lenguas y él no es la excepción a esa regla.

"El presente es pedalear", afirma, aunque admite que padece los autos, los taxis y los colectivos en las calles tucumanas. "Por las dudas, hay casquito", aclara. Con su bici, El Cheto recorre las calles de la provincia, desde barrio Floresta hasta donde lo lleve el laburo. A Yerba Buena ha llegado, jura. "Estoy ducho en esto, lo disfruto desde muy chico", confiesa. 

"Estoy aprovechando cada viaje para ir componiendo, siempre que voy en la bici voy maquinando algo; gracias a la tecnología podés grabar todo en una nota de voz y no perdés nada. Entre viaje y viaje me siento en una plaza, escribo o leo un libro", narra sobre esta nueva faceta de su vida.

Carabajal se entusiasma cuando comenta a eltucumano que "el aire en la cara te despierta mucho, te hace sentir libre". "Veo mucha gente que antes no veía, me quedo a tomar un mate o a compartir algo un rato y sigo trabajando a pleno. Esta situación hizo fortuito este trabajo", recalca.


Vivir del rock en Tucumán no es fácil y los más de 15 años de trayectoria de Malas Lenguas dan cuenta de ello: "una canción tiene que entrar y después entra todo el combo; yo apuesto hasta el final por mi música, por el rock, es difícil, pero creo que se puede vivir del rock", jura.

El Cheto recibió numerosos saludos por el Día del Amigo, de rockeros y rolingas de todo el país, amigos de viejas aventuras. Lamenta al recordar que "era el mejor momento de Malas Lenguas" cuando la trístemente célebre "ley de las 4 am" del alperovichismo dejó paralizado y herido de muerte al rock tucumano. "Después de eso costó arrancar", rememora. 

"Hoy hay muchísimas bandas, está todo, tenés bandcamp, spotify, la gente te tiene que descubrir, las bandas tienen que pensar siempre en esas herramientas", analiza sobre el presente, en el que destaca entre otras bandas de nuestra provincia como La Regente, El Contuvernio, Alem, entre otros grandes amigos. "Hay que armar un gran frente de resistencia", propone y se ilusiona.

El Cheto es un gran referente para los rolingas tucumanos: todos ellos han visto alguna vez a Malas Lenguas, teloneando a los más grandes del rock nacional o copando en cualquier lugar de Tucumán. Por eso, no duda en sostener que "los rolingas son los más fieles", aunque en el pasado el término se usaba quizás "despectivamente". 

Laburando.

"Los rolingas son el público de todas las bandas, tocan bandas de cualquier género y ellos están. El rolinga es el barrio, esa cultura del rock chabón, la cultura del aguante, del agite, de los tribuneros, son los que hacen la fiesta. Hasta cuando ibas a ver a Los Redondos el público rolinga era más de la mitad porque son fieles al rock", sentencia.

También recuerda la primera vez que vio a Los Ratones Paranoicos en Tucumán y "había rolingas de manual, un montón, no lo podía creer". "La deben pasar bien en algún lugar al final del arcoíris", sugiere cuando se le pregunta a qué se dedican mayormente los rolingas tucumanos.

"Me hace bien empezar algo nuevo", reflexiona sobre su nuevo emprendimiento, y valora "la adrenalina de apostar a algo que no había hecho" y andando en bici como tanto le gusta. "Salí de mi zona de confort porque hay que arriesgarse, hay que apostar y no dejar nunca lo que te hace feliz, y a mí lo que me hace feliz es la música", resume.

Antes de finalizar, envía un cálido mensaje a los fanáticos de Malas Lenguas, esos que vibraron con el vivo de eltucumano en cuarentena: "nos veremos pronto, esto se va a solucionar", les promete y se vuelve a subir a la bici para salir a pedalear por las calles del rock y de la vida.