Hace buena letra: un tucumano en la meca mundial de la caligrafía

Historias de acá

No es exagerado decir que Yubran Gosne es el portador de la mejor letra de la provincia. Junto a otros artistas, el diseñador participará en Emiratos Árabes de la bienal de caligrafía más prestigiosa del mundo. De qué se trata su arte y quién es el hombre al que envidia cualquier médico.

Yubran Gosne, el mejor calígrafo de la provincia. (Foto: Gentileza del entrevistado)




En Alberdi, cuando transitaba la primaria en el Instituto Privado Joven Argentino, Yubran Gosne era siempre candidato de lujo a la hora de escribir los afiches y su carpeta era la más solicitada por sus compañeros al momento de ponerse al día. Ya en la adolescencia, se pasaba horas en las disquerías observando la caligrafía de las tapas de los discos de las bandas de rock y después las replicaba en las portadas dibujadas de los cassettes y cds que grababan sus amigos. Con la habilidad de un piloto de Fórmula Uno para encarar las curvas de las eses, la precisión de un ingeniero para levantar haches equilibradas y la gracia de un pintor renacentista al contornear la pancita de las de, este joven tucumano lleva toda una vida haciendo buena letra. Y esa pasión devenida en arte es la que lo llevará junto a dos artistas amigos a la meca mundial de la caligrafía el próximo 25 de marzo: la octava bienal de la especialidad que se desarrollará en la ciudad de Sharjah en los Emiratos Árabes. Ahí donde las letras bellas son parte de una cultura milenaria, Yubran presentará una obra que combina el arte visual, las randas monterizas y la caligrafía.



Ahora que tiene 31 años, cada vez que alguien le pregunta a qué se dedica, a Yubran le lleva sus buenos minutos explicar de qué se trata eso de ser calígrafo. Pero todo empezó cuando era apenas un niño. Como proviene de una familia libanesa, comenzó de muy pequeño a escribir en árabe; un idioma donde la letras no hablan sólo por lo que significan, sino por cómo se muestran ante los ojos de los lectores. “La caligrafía en el mundo árabe está considerada un arte muy elevado. Es uno de los más importantes porque es lo primero que transmite el Corán, pero también porque busca el perfeccionamiento, la técnica y la disciplina. Se representan muchas cosas a través de la caligrafía”, explica. Por eso, haber sido convocado para participar de la última edición de la bienal de Sharjah es una forma de llegar a la cima de la disciplina. Es la olimpiada de un atleta, el mundial de un futbolista, el Roland Garros de un tenista.  Allí compartirán la escena con algunos de los jeques más importantes y de los artistas más renombrados. “Aspiramos a que nuestro trabajo sea apreciado y poder sacar lo mejor de esa relación con otra cultura y con grandes figuras del arte. Las expectativas son enormes”, cuenta para después confesar que por estos días, a poco más de un mes del evento y mientras terminan los detalles de la obra, la ansiedad es mucha y necesitan bajarla. No es para menos. 

Si desde muy joven ya era el alumno predilecto de las maestras y la envidia de cualquier médico, este diseñador gráfico comenzó hace cuatro años a perfeccionarse en la caligrafía. Por su trabajo, se contactó con Fernando Ramos, un santiagueño que reside hace tiempo en Tucumán y que se dedica a la animación. Después, conoció a Franco Mendez Marchese, un artista visual nacido en Tucumán que actualmente reside en Barcelona. Entre los tres, combinando sus saberes artísticos, formaron el equipo que presentará en la bienal la obra  “Inner awakening” (despertar interior). “Se trata de una serie de caligrafías proyectadas en una randa. Son patrones árabes que se proyectarán en randas de cinco metros de largo por tres de alto”, adelanta. En la realización de la obra participaron cinco randeras de Monteros, entre ellas Claudia Aybar, de El Cercado. “Veo cosas en común entre la randa y la caligrafía. Creo que convergen en un punto la dedicación y la minuciosidad con que se realizan. Al hablar con las randeras, veo que la precisión que yo pongo en un trazo o los pensamientos que voy trasladando al trazo, es lo mismo que ellas hacen en los nudos de la randa. Creo que los une el trabajo artesanal”, explica. 

“La caligrafía es buscar formas bellas a través de la expresión escrita”, define Yubran para luego detenerse a pensar en la pregunta de qué debe tener un buen calígrafo: “Constancia, observación de la letra y que la intención de tu expresión sea la escritura. Lo veo como una figura, es decir, a la letra como una imagen y la palabra como una composición”. Al tratarse de un trabajo estrictamente manual, lo que los conocedores de la disciplina valoran es la espontaneidad del trazo y lo que él llama la gestualidad propia de cada calígrafo. 

En las antípodas de su gracia y del esmero arquitectónico que pone al esculpir cada letra se encuentran los galenos ¿Qué siente un artista de las grafías cada vez que debe enfrentarse a esos mensajes tantas veces indescifrables que los médicos trasladan al papel? Cuenta que hace poco tuvo que lidiar con una receta que le demandó todo un padecimiento burocrático porque lo que pretendían ser dos eses parecían, en realidad, un número once. “Es un código aparte diseñado por ellos”, dice entre risas para después pasar a un tono más reflexivo: “Me parece que la caligrafía es una parte muy importante de la lengua. Desde el simple hecho de que complique la lectura, te vas dando cuenta de que hay algo que no está bien. El idioma no es solamente verbal”.


Lejos han quedado los tiempos de los cuadernos de caligrafía en las escuelas, de cuando se exigían círculos perfectos en la o, montañitas simétricas en las eme, la colita ni muy larga ni muy corta para la a. Con el avance tecnológico, el arte de hacer buenas letras parece haberse vuelto un arte demasiado anacrónico: “Actualmente estamos en una sociedad de tipeo. Una persona de veinte años nació en la cultura del tipeo, no tuvo caligrafía sino que aprendió mediante el tipeo. No está esa gestualidad de la escritura, la gente escribe como con letra de computadora. Es una cultura no acostumbrada a escribir, los chicos se matan con las computadoras y el teléfono donde todo es tipear”.

El olor de la comida árabe y del humo dulzón del narguile, los arcos y formas de la arquitectura islámica, la cadencia de una conversación en ese idioma que vino con su abuelo desde Líbano. En la memoria de Yubran hay recuerdos que le vienen desde lejos, no sólo en el tiempo sino también en el espacio. Significan el reencuentro con su infancia, con su cultura y con la tierra de los suyos. Por eso el viaje a los Emiratos Árabes no será un viaje más: “Es la primera que vez que voy a tener contacto directo con mi cultura de nacimiento. Me voy a desarmar, va a ser una experiencia culturalmente increíble”. Artista de las letras, artista con buena letra, artista con todas las letras; Yubran pronto desandará el camino que trazaron sus ancestros para escribir ahí su propia historia. 

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