Fabián Font, el tucumano que inventó las selfies

Historias de acá

Los Font son un linaje de fotógrafos que retrataron algunos de los sucesos y de los personajes más trascendentes de nuestra provincia. Fabián no es la excepción y, mucho antes de que los celulares tengan cámaras, en medio de un dramático episodio, con el rostro bañado de sangre, se sacó una autofoto que sería la primera de la que se tenga registro. Conocé la historia del tucumano que inventó la selfie.

Fabián Font recuerda el día en que fue tapa del diario.




Contra todo pronóstico, incluido el de Fernando Pazos, llovieron piedras en Barrio Norte esa tarde del domingo 9 de abril de 2006.  Eso recuerdan quienes estuvieron en las inmediaciones de la cancha de Atlético tras la goleada de Sportivo Patria. Con el 4 a 1 a favor del visitante ya sentenciado, El José Fierro se volvió una caldera pronta a estallar. Todavía faltaban quince minutos para el final del partido cuando el fotógrafo Fabián Font intuyó lo que se vendría después, guardó su cámara y esperó a la altura de la mitad de la cancha. Fue entonces cuando vio a uno de los policías apostados en la tribuna salir corriendo sujetando con fuerza el arma. No lo pensó y salió corriendo detrás de él. Algo estaba pasando fuera del estadio. Lo constató al llegar a la esquina de 25 de Mayo y Bolivia donde la policía guarnecida tras una fila de escudos le hacía frente con balas de goma a un grupo de mujeres liderado por una matrona robusta y enfurecida de la familia Acevedo, el apellido más famoso de las tribunas decanas. Llegados de todas partes o de ninguna, los cascotes se precipitaban sobre los policías y los hinchas que habían quedado en medio de la trifulca. Fabián se resguardó en el espacio entre un árbol y un puesto de choripanes. Lo franqueaban, agachados, un hincha con un choripán a medio comer y otro fotógrafo, Diego Aráoz. En un instante y movido por un fuerte instinto de conservación,  el choripanero huyó. Las piedras picaban cada vez más cerca.

Como el peligro era inminente, Diego Aráoz corrió con rumbo al centro, mientras que Fabián lo hizo en dirección al estadio. Al hincha con el choripán no lo vieron más. Una vez que traspasó la línea de fuego de la policía montada, Fabián se creyó a salvo, pero no. De pronto, los hombros se le hundieron, las piernas se le aflojaron, los oídos le zumbaron y la sangre, caliente, lo empezó a empapar. El adoquín le había pegado en la parte de atrás de la cabeza y unos brazos desconocidos se lo llevaban del lugar. “Cuando me están llevando, veo que los vagos me sacan fotos y ahí se me prende la luz: yo soy la víctima. O sea, si yo soy fotógrafo y laburo para un diario y soy la víctima, entonces  tengo que mandar una foto mía”, recuerda Fabián que trabajaba en ese momento en el diario El Tribuno. Entonces, agarró la cámara que llevaba colgada al cuello, la dio vuelta y apretó el disparador: click. No hay pruebas, ni dudas, la primera selfie es tucumana.  


Por entonces, los teléfonos celulares eran artefactos grandes y tan pesados como el adoquín que le había partido la cabeza generándole doce puntos de sutura. Faltaban algunos años todavía para que incorporen las cámaras fotográficas. También para la expansión de las redes sociales. Todo era más analógico, más artesanal, por eso, mientras lo cosían en el Sanatorio Rivadavia, Fabián le pasó la tarjeta de su cámara a un colega para que la llevara hasta la redacción del diario. Sus fotos de la trifulca estuvieron en la portada de la edición del otro día del diario “El Tribuno”, entre ellas, la selfie de su rostro ensangrentado, aunque todavía nadie la conocía como tal: “Cuando la saqué, no he enfocado ni nada, he tirado al bulto. No existía el concepto de selfie en el 2006. Fue hace 13 años, no había teléfonos con cámara, eran esos como ladrillos. Me ha salido porque he pensado como reportero gráfico”.

La selfie de Fabián Font que publicó en portada de El Tribuno.

¿Es la de Fabián Font la primera selfie de la que se tenga memoria? Los historiadores más rigurosos podrán alegar que, en realidad, la autofoto más antigua que se conoció en el mundo se remonta a 1839 cuando en su negocio de lámparas en Filadelfia, Estados Unidos, Robert Cornelius se paró durante quince minutos delante de la cámara para poder obtener una imagen de sí mismo. De hecho, hay quienes dicen que el primer registro de la palabra selfie fue encontrado en un foro australiano de internet en 2002 donde un hombre llamado Nathan Hope publicó una foto de su labio por el cumpleaños 21 de su pareja, ante el retrato fallido, se justificó: "Lo siento por el enfoque, era un selfie". Lo cierto es que, aunque anteriores en el tiempo, ninguno de esos antecedentes fue una obra de fotoperiodismo ni llegó a la primera plana de ningún periódico. Fabián lo logró, hizo de su propia foto un documento de lo que había pasado en aquel agitado partido por los octavos de final del Torneo Clausura del Argentino A.


Los Font, con la fotografía en la sangre

En medio de la confusión de sus sentidos, con los gritos y los disparos de fondo y un paisaje que parecía girar y desvanecerse ante sus ojos, cuando se encontraba al borde del desmayo, Fabián tuvo la lucidez de disparar su cámara para retratarse a sí mismo, la víctima; el protagonista insospechado de los matutinos del siguiente día. ¿De dónde le vino ese instinto periodístico en medio del caos? Para responder a esa pregunta basta con ver en el documento y constatar el apellido: Font, acaso el linaje más reconocido del fotoperiodismo tucumano.

Los orígenes de esa casta de fotógrafos se remontan a la década del cincuenta con Ángel Edmundo Font, su tío, y Jesús Antonio “El Negro” Font, su padre, quienes fueron pioneros del fotoreportaje en la provincia trabajando para el diario La Gaceta. A esa primera generación la siguieron Fabián y sus primos, Daniel y Fernando. Hoy a la tradición la continúa su hija de 26 años Agustina Font. Ahora, cada vez que Fabián piensa en su padre, por más que se esfuerce, sólo puede recordarlo con una cámara colgada al cuello: “Mi viejo era el más chico de seis hermanos y ha entrado a trabajar en La Gaceta a fines del cincuenta, pero no sabía nada de fotografía. Empezó yendo a limpiar el laboratorio y después comenzó a hacer el revelado en el laboratorio, como no había fotógrafos en esa época, ocasionalmente, le sacaba fotos a las personas que venían de visita al diario. Era un autodidacta y un impresionante reportero gráfico, era un tipo que tenía una gran  intuición y una capacidad innata de relacionarse con la imagen y con la gente”.

Durante largos años, tras forjar una estrecha relación con Héctor Ricardo García, su fundador, “El Negro” Font fue el corresponsal en Tucumán del diario Crónica. Eran tiempos en que a las fotos tenía que mandarlas con los pilotos y las azafatas de Aerolíneas Argentinas. Como todo el tiempo estaba haciendo fotos de los asesinatos que sucedían en la provincia, fue el artífice del área de criminalística de la policía local. También trabajó para la Universidad Nacional de Tucumán y el municipio de la ciudad. “Mi viejo era un turco, un otomano vendedor. Te vendía cualquier cosa”, lo define entre risas Fabián.

Esos doce puntos de sutura en la cabeza que le valieron el cascotazo en la cancha de Atlético, parecen muy poca cosa a la par de las múltiples heridas que sufrió su padre en cumplimiento de su deber y que él ostentaba como auténticos trofeos de guerra: “Mi viejo se vanagloriaba porque lo habían hospitalizado trece veces por las cagadas que les habían pegado los milicos. Él tenía una provocación innata a los milicos porque los odiaba”. Eso sí, Fabián toma distancia de ese afán de peligro: “Esa cosa medio ritual de que te tienen que pegar y que te tenés que sacrificar o inmolar por la causa a mí siempre me pareció una pelotudez, yo he llegado a esa situación y a ese lugar donde cayó la piedra por pura casualidad, no por temerario ni por querer tener la mejor foto”.

La portada del diario El Tribuno con la primera selfie tucumana.

Donde había un quilombo, una escaramuza, un enfrentamiento, ahí estaba “El Negro” Font. Si algún poder tenía Jesús Antonio con su cámara ese era el de estar en el lugar preciso y en el momento justo. En el tramo final de la última dictadura militar, una de esas imágenes siempre oportunas de “El Negro”, le costó el cargo al entonces gobernador Antonio Luis Merlo. En la mañana del domingo 2 de julio de 1983, Merlo salió a la explanada de Casa de Gobierno empuñando un revólver para enfrentar a un grupo de policías que realizaban una protesta. Esa imagen de Merlo con el arma fue tapa de La Gaceta y razón suficiente para que lo alejaran de su puesto. Font debió exiliarse: “Lo  mandaron directamente a España donde estuvo un mes con un salvoconducto porque no sabían qué le podía pasar. Mi viejo es como el protagonista de la película El gran pez de Tim Burton, todavía encuentro un montón de gente que me encuentra y me cuenta historias de él”.

                                      La foto de "El Negro" Font al gobernador Merlo (Archivo diario La Gaceta).

Esa escuela, la de los abnegados pioneros del fotoperiodismo tucumano, fue la que Fabián mamó desde muy pequeño, cuando empezó a hacer sus primeras armas en el oficio en 1988: “Mi viejo me sentó y me ha dicho mirá hay dos maneras de volverse fotógrafo: la primera, te tiro a la calle y vemos tu intuición y tu visión. La segunda es que aprendas a sacar fotos de fútbol, para el que aprende a sacar bien fotos de fútbol bien, todo lo demás es más fácil. Con esa consigna, me puso a la par de Cachula Galíndez, que era el fotógrafo estrella de la sección deportes de La Gaceta; enfermo de San Martín al igual que yo así que nos llevábamos de diez. Ahí la pego porque me ha encantado. Lo que más me gustaba hacer era fútbol porque me había vuelto rápido y efectivo”. Ese fue su entrenamiento, cubrían cuatro partidos cada fin de semana.

Después de una primera etapa en La Gaceta, Fabián se incorporó a la redacción de El Periódico donde trabajó hasta su cierre en 2001. Sin trabajo y en plena crisis económica del país, emigró a Buenos Aires con la intención de trabajar de lo que fuera. Así lo hizo, pero sin abandonar nunca la fotografía, ya que empezó a colaborar gratis con Clarín. Eso le abrió las puertas del mercado del fotoperiodismo y le encomendaron algunas coberturas extravagantes como el paso del centrodelantero japonés Naohiro Takahara por Boca y el comienzo del romance entre Máxima Zorreguieta y Guillermo Alejandro, actual rey de Holanda. Cuando volvió a Tucumán en 2004  porque su padre estaba enfermo, le ofrecieron formar parte de la sección de fotografía de El tribuno, un proyecto periodístico ambicioso que duró muy poco: “Era laburar de lo que yo ya sabía, en una sección de fotografía de lujo. A los pocos meses el diario ya era una máquina de precarizar y todo lo que nos habían dicho era mentira. No nos depositaban los aportes ni nada, lo mismo de siempre, pero vos cuando te calzás la cámara y vas a sacar la foto te olvidás de que te pagan dos mangos”.

Fotografía de Fabián Font durante el juicio a Bussi.

“Yo amo lo que hago, no podría laburar de otra cosa, lo he intentado, pero necesito estar en la calle sacando fotos. Ese es mi alimento”, confiesa Fabián Font que con su cámara retrató el juicio histórico contra el genocida Antonio Domingo Bussi, el estallido social de 2001 y el flagelo de la desnutrición en la provincia, uno de los motines más sangrientos en el penal de Villa Urquiza, goles memorables, muchos, muchísimos, rostros que expresaron las alegrías y tristezas de los tucumanos. Hoy que la fotografía se ha masificado y puesto al alcance de todo aquel que tenga un teléfono celular en sus manos, Fabián reivindica la vieja escuela de aquel laburo artesanal de los primeros Font que se propusieron retratar la realidad tucumana con sus cámaras al cuello: “Todo el mundo cree que el teléfono es la fotografía, pero eso es ficción porque tiene un montón de programas que equiparan la luz y arman una estructura sobre la que se basa la imagen, encima después a la imagen la podés tratar con mil filtros. Agarrar la cámara y mira el mundo a través del visor es otra cosa. Suena cliché, pero es la realidad”.

¿Qué es lo que tiene que tener un fotorreportero? Efusivo, pasional, sanguíneo, haciendo gala de su ya característica catarata verbal, Fabián, uno de los más fuertes eslabones de toda una casta de fotógrafos y acaso el inventor tucumano de la selfie, intentará una respuesta: “El fotoperiodista tiene que ser una persona absolutamente permeable. Tenés que ser hipersensible y tenés que tener un compromiso muy franco con tu sentimiento. Vos te das  cuenta lo que ve y lo que siente el fotógrafo: Entra la imagen a la cabeza a través de la cámara y la cabeza mete composición, luz, conocimiento, pero, sobre todo, mete lo que vos sentís, lo que pensás, lo que te corre por la sangre y todo eso vuelve al dedo y sale la foto. No te digo que seas peronista o radical, nada de eso, te estoy diciendo que seas humano, que tengas la humanidad a flor de piel; eso te hace mejor fotógrafo que cualquier otro”. 

Mirá el video de Fabián Font hablando de su obra:



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