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De querer colgar los botines a cumplir el sueño en San Martín de Tucumán: las batallas de Alejandro Galván

FM LATUCUMANA 95.9

Tras su ansiado debut como titular frente a Deportivo Madryn, el defensor tucumano visitó los estudios de FM La Tucumana 95.9. En una charla íntima y emotiva, repasó las batallas invisibles que libró antes de brillar en La Ciudadela: el consejo de un compañero que lo marcó, el rol de la psicóloga en sus peores días, la charla clave con su padre para no colgar los botines y la promesa de "dejar hasta lo que no tenga" por el Santo.

Alejando Galvan.-





El fútbol suele ser una prueba de paciencia extrema, especialmente para los pibes de la casa. Alejandro Galván, nacido en Las Talitas, sabe bien lo que es picar piedra desde abajo. Su debut absoluto en primera división y, para colmo, como titular en el exigente mundo de San Martín de Tucumán ante Deportivo Madryn, fue el desahogo de años de lucha. Sentado en los estudios de FM La Tucumana 95.9, en el show de la Filial Ciruja, el defensor se sinceró sobre el torbellino de emociones de aquella tarde: "Estoy muy sorprendido por cómo se dio el debut, la verdad que no esperaba que sea de esa manera, pero la verdad que estuve muy contento porque se dio así y lo pude aprovechar de la mejor manera".

El salto a la cancha de titular no fue sencillo, pero Galván logró blindar su cabeza para que los nervios no le jugaran en contra: "En la semana traté de manejar todo lo que es la ansiedad, estar tranquilo, aprovechar la oportunidad que el técnico obviamente me brindó y lo único que hice fue disfrutar, disfrutar de ese momento y tratar de hacer mi trabajo como siempre lo hice de esa manera".

En ese proceso de templar el carácter, una figura resultó trascendental: Sol Soria (Asante), la psicóloga y coach del plantel. Galván no escatimó elogios al describir su importancia en el día a día: "La verdad que ella es una pieza muy importante en el grupo; a mí me ayudó muchísimo, tanto a mí y al grupo, pero ella tiene mucho que ver en todo eso de la ansiedad y muchas cosas que, bueno, uno siempre habla con ella".

El defensor recordó que el apoyo de la profesional trascendió los límites del club, convirtiéndose en su sostén en los momentos más grises de su carrera, especialmente cuando le tocó emigrar: "Sol para mí fue una persona que me ayudó en todo el tiempo. Me ayudó en todo en mi vida personal, en lo deportivo, en todo, incluso cuando yo estaba en Santiago, que yo la pasé muy mal allá, porque no competía". En aquella etapa de profunda incertidumbre futbolística, el teléfono fue su único cable a tierra: "Ahí fue donde yo agarré el teléfono y le dije: 'Sol mira la estoy pasando muy mal, la estoy pasando mal, pero estoy aguantando porque viene mi mi hijo en camino'". La respuesta de la psicóloga fue el faro que necesitaba para no derrumbarse: "Únicamente me dijo: 'Yo confío plenamente en vos, sé el esfuerzo que hacés, sé la clase de persona que sos,' me dice y 'yo sé que este obstáculo vos lo vas a sobrepasar' y fue tal cual como ella lo dijo".

No fue la única vez que Galván estuvo a punto de claudicar en su sueño. Tiempo atrás, el cansancio mental y la falta de oportunidades casi lo empujan a abandonar el fútbol para buscar rumbos en el boxeo o la policía. Fue su padre, Darío, quien le salvó la carrera con una conversación que el jugador guarda en el alma: "Hubo un momento en el que yo ya no quería jugar más al fútbol porque le decía 'Papá estoy cansado ya de luchar, luchar y que nunca se me presente la oportunidad'. Y bueno y él me dijo 'Mira es un sacrificio que venís haciendo desde muy chico, nosotros te apoyamos en todo momento y sería una lástima que vos te quedés a mitad de camino' y así que escuché sus palabras y, y eso es lo que me impulsó a querer seguir mejorando y luchando día a día". Aquel impulso familiar fue el que, finalmente, lo llevó a firmar su primer contrato profesional el 20 de noviembre de 2021.

Durante el programa, la producción sorprendió al futbolista con un video con saludos de su abuela Mari, su mamá Cecilia, su papá Darío, su mujer Nicole, su hijo Valentino y sus hermanos. Al verlo, el recio defensor se quebró por completo en un llanto incontenible: "Ellos son todos para mí, o sea, yo, si yo juego o me tiro de cabeza o voy como a cualquier pelota dividida, es por ello porque yo sé que si yo hago todo ese esfuerzo, hago todas esas cosas", llegó a balbucear antes de que las lágrimas le impidieran seguir hablando. Tras recuperar el aliento, completó con profunda emoción: "Son ellos las personas a las cuales yo aprecio muchísimo; son mi familia, son mi vida, son todo y la verdad que tener su apoyo. Ver este video, la verdad que me llega muchísimo porque yo sé que ellos están orgullosos de mí y juntos vamos a llegar lejos".

También confesó, con una sonrisa, la timidez que reina en su casa: "Mi mamá es una persona la cual siempre es callada, no somos de hablar mucho, o sea un hola, ¿cómo estás, ma?, ¿cómo estás hijo?, y hasta ahí no más", revelando además que con su abuela Mari tiene un vínculo especial: "Soy el más consentido de ella".

La nostalgia también viajó a sus inicios, a los 8 años en una escuelita de Las Talitas con el profe Luis Acevedo, recordando un campeonato infantil obtenido en La Rioja cuando apenas tenía 9 años: "Eso fue cuando recién empecé, con esta persona que te decía, con Luis Acevedo, que fuimos a jugar un torneo ahí en La Rioja, donde salimos campeones", y destacó el rol de su primer formador: "Él, que está de anteojo, es Luis; él es el que organizaba los viajes, o sea, el técnico, el que el que estaba siempre ahí a predisposición de nosotros".

Desde allí, su puesto cambió drásticamente: de delantero a volante central y, finalmente, a zaguero, una transición que hoy agradece: "Cuando empezó todo, yo siempre estuve jugando en la posición arriba, era delantero; después, en Experimental un profe preguntó si quería, si podía hacer de cinco. Yo le dije que sí, pero más defensivo que ofensivo y me gustaba mucho el roce, el saltar a disputar el tratar el juego, el cómo le puedo decir, el juego duro". Luego, la consolidación llegó en la zaga: "Después ya hubo otro profe también en experimental que me preguntó: 'Mira Ale, yo quiero que vos juegues central.' Bueno, está bien profe, con tal de jugar. Yo quería jugar en cualquier posición y bueno, ahí es donde me gustó muchísimo más esa posición que hoy es naturalmente donde estoy jugando".

El debut contra Deportivo Madryn también tuvo un ángel guardián dentro de la cancha. Durante el calentamiento previo, cuando el pecho de Galván latía con fuerza, el experimentado Hernán Parnisari se le acercó para regalarle un mensaje inolvidable: "Se acercó cuando estuvimos haciendo la activación; me dijo 'Mira Ale lo único que necesito es que vos estés tranquilo, que jugués, que disfrutés, que hagas lo que venís haciendo en la semana, que lo venís haciendo muy bien. Si el técnico te dio esta posibilidad, no es porque es lo que quiso, sino que vos te lo ganaste'". Las palabras de "Parni" apuntaron directo al corazón: "'Y después lo que me dijo, si vos te sentís ahogado, si te sentís que no podés más, si sentís que te estás por acalambrar o algo de esas cosas, vos tenés un hijo, tenés tu familia, y me dijo: 'Vos lo único que tenés que hacer es jugar por ellos, jugar por tu hijo cada vez que sientas que tu cuerpo no te da más, hacerlo por tu hijo, y ellos son los que te van a dar la fortaleza para que vos saques adelante este partido." Y eso me llegó muchísimo".

El temperamento de Galván para disputar cada pelota dividida es su marca registrada, pero confesó que no siempre pudo mostrarlo con libertad debido a las diferencias entre sus últimos entrenadores. Con Andrés Iliana, sentía que su naturaleza estaba reprimida en las prácticas diarias: "Con Yllana por ahí como que me trabó un poco a mí en el sentido de que yo en los entrenamientos, me gusta ir fuerte a las marcas, tratar de siempre  ganar yo las pelotas". Por temor a lesionar a un compañero o recibir un llamado de atención, bajó su intensidad: "Él por ahí muchas veces me decía 'Che negro pará un poquito la mano porque lo podés golpear a los chicos y yo por miedo a que él me rete, mermé muchísimo en los entrenamientos".

La llegada de Alejandro Orfila, en cambio, significó la liberación de sus amarras futbolísticas: "A la hora que llegó Ale Orfila, él me llegó mucho porque él dijo en la primera charla que tuvimos, 'aquí va a jugar el que el que esté mejor en la semana, el que me demuestre día a día que quiere estar. A mí no me importa si es titular, es suplente; aquí en la semana cuando hagamos fútbol, si hay duelo, hay. A mí me gusta que se tiren de cabeza, que vayan al piso, que si tienen que rasparse, que se raspen, que se pidan disculpas después, pero ese es el juego que a mí me gusta". Esas palabras fueron música para sus oídos: "Ahí, en ese momento, yo en mí mismo decía: 'bueno este tiene que ser mi posibilidad, no tengo que limitarme a nada y tengo que dar al 100% porque este año sí, sí o sí, tiene que tener la posibilidad'".

Esa entrega innegociable en su debut no solo fue valorada por los hinchas, sino de manera muy especial por sus antiguos compañeros de la liga local, quienes ven en él un espejo donde mirarse: "Los compañeros que tuve en liga,la mayoría se acercó a mí. El día martes hicimos fútbol en el estadio y fueron, se acercaron, me abrazaron y me felicitaron por el partido, por el debut, y la verdad que ellos me decían que era un ejemplo".

Al ser consultado sobre el futuro y las posibles ofertas, Galván mantuvo los pies sobre la tierra: "Muy tranquilo porque, bueno, Dios pone cada cosa su lugar y  a medida de que él diga 'Ale te tienes que quedar, te tenés que quedar en San Martín, te vas a quedar', y si salen oportunidades, ojalá que Dios quiera que sea así, pero primero el objetivo mío es poder sumar mucho más minutos con la camiseta de San Martín y después, lo que venga de ahora más, ahí lo estaremos esperando muy tranquilo".

Para Alejandro Galván, jugar en la Ciudadela no es un trabajo más; es defender los colores de su corazón. "Soy hincha de San Martín ya por los años que estamos en el club", confesó sin titubear. Antes de despedirse, el "pibe de Las Talitas" le dejó una promesa inquebrantable al pueblo ciruja: "Ojalá sea uno de muchos partidos en los que me toque defender de esa manera la camiseta".