Fútbol, patria y memoria: Andrés Burgo y el recuerdo de "El Partido" que marcó emocionalmente a los argentinos
A 40 años del histórico triunfo ante Inglaterra en México 86, el periodista y escritor reflexionó en FM La Tucumana sobre la trascendencia del duelo. El clima de guerra, la relación inevitable con el poder y el camino de un equipo que, según su investigación, fue mucho más que el talento individual de Diego.
Maradona y el gol del siglo contra Inglaterra en el Mundial de México 1986 (Reuters, Juha Tamminen).
El periodista Andrés Burgo, autor del libro "El Partido", que disecciona cada rincón de aquel 22 de junio, dio en una entrevista con FM La Tucumana su visión sobre por qué ese enfrentamiento sigue latiendo en el presente. Para Burgo, no hay dudas de que estamos ante “sin dudas uno de los partidos para rescatar de la Historia Universal”, una afirmación que sostiene al explicar que el evento excedió lo meramente deportivo: “tuvo un montón de cosas que incluso no necesitó tanto de lo deportivo porque no fue una final... y sin embargo 40 años después seguimos hablando de esto”.
Uno de los puntos centrales de su análisis es que la gloria de ese día dependía del resultado final del torneo. Según Burgo, la victoria ante los ingleses “también se termina de completar con la coronación de Argentina campeona”; de lo contrario, aquel triunfo “hubiese sido una hazaña inconclusa, de la misma manera que lamentablemente para Messi todo hubiese sido una hazaña inconclusa si no salía campeón del mundo en Qatar”.
El contexto de la posguerra de Malvinas fue un actor invisible pero omnipresente en el vestuario. Burgo recordó que “a la concentración argentina llegaban los telegramas de los excombatientes diciéndoles: 'Vamos con todo, es el partido, estamos con ustedes, son nuestros representantes'”. Esta conexión entre el campo de juego y la realidad nacional es, para el autor, innegable. “Es una careteada decir que el fútbol no tiene relación con la política”, sentenció, cuestionando a quienes intentan separar ambos mundos. “¿A usted le parece que Mauricio Macri hubiese sido presidente si no era por el fútbol? El fútbol no está aislado, es imposible que esté aislado, y era imposible que en este partido estuviese aislado”.
Al profundizar en la figura de Diego Armando Maradona, el escritor ofreció una perspectiva que suele olvidarse: en la previa, Diego aún tenía algo que demostrar. “En ese momento no era el mejor jugador del mundo. Estaba un poquitito detrás de Platini. Maradona no había salido campeón con el Napoli todavía”. Para el capitán, México era determinante: “necesitaba, era casi como su última oportunidad este mundial y la recontra aprovecha”, convirtiéndose en una “figura de punta a punta” que “no tiene ningún partido de menos de ocho puntos”.
Sin embargo, Burgo es enfático al destacar que el éxito no fue unipersonal. “No es solo Maradona, es un equipazo”, afirmó, subrayando la dureza del camino recorrido: “El Mundial 86 es el recorrido probablemente más difícil para cualquier campeón del mundo: jugó contra todos los campeones menos contra Brasil y les ganó”. Este equipo, además, resistió presiones externas feroces, incluso desde el propio gobierno nacional. Burgo recordó que “Alfonsín era menotista... le ordena al secretario de deportes que lo eche a Bilardo”, un plan que naufragó porque “ahí los jugadores salen a defenderlo y también muchos periodistas”.
Finalmente, el autor rememoró cómo se vivió la "Mano de Dios" en una era de tecnología precaria. “Yo no me di cuenta de que fue con la mano porque no había quedado clara por la televisión. Maradona es como que oculta la imagen; la tecnología no era buena”. En aquel tiempo, la verdad tardaba en revelarse: “fue importante una foto que saca un diario mexicano al día siguiente, El Heraldo, donde se ve la pelota pegada al puño”. Eran épocas donde “al partido lo leías al día siguiente en el diario” y gran parte del país siguió la campaña “más por la revista El Gráfico o por los diarios que por la tele misma”. Para Burgo, escribir sobre esto no fue solo un ejercicio profesional, sino un viaje personal: “Empecé a escribir este libro porque amaba ese mundial... fue volver a mi comarca donde me enamoré del fútbol”.








