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¡Muchachos!: San Martín, de la nada misma a la nueva ilusión

análisis

El Santo empieza a mostrar algunos signos de mejoría que no parecen estar aislados. Sin lucir ni brillar, ganó con autoridad y lo que le faltó de fútbol lo suplió con mucha actitud y algo de orden. En un torneo mediocre, con poco, los de Ciudadela recuperan esperanzas.





Algún signo vital se había percibido en Santa Fe, por eso, aunque el clima no es el de siempre, los alrededores de La Ciudadela vuelven a tener algo de su colorido habitual. Es cierto que el entusiasmo no es el mismo, pero una ventanita de esperanza se abrió en la Copa en la Argentina y, sumado a lo que se había visto contra los sanjuaninos, obviando a Flandria en el medio, había un invitación tímida a volverse a ilusionar. 

Como aquel que no quiere la cosa, pero igual va, con la guardia alta y más dudas que certezas, el hincha llega a Ciudadela con cara de “vamos a ver qué pasa”. Que sea lunes otra vez no ayuda, y tampoco ayuda esa tabla de posiciones que revela un puesto 14 en un grupo de 19: “Si ganamos, quedamos sextos”, dice uno de esos que mira siempre la mitad llena del vaso, mientras camina por la Matienzo con la lata en la mano y la frente en alto. 

En el ritual de la previa, los que pudieron escaparse del trabajo más temprano aprovechan alguna promo de fernet que venden a lado de La Quiaqueña, en la Pellegrini y Lavalle, donde cualquier cantero es un sillón que se van convirtiendo en para avalanchas: primero sirven para sentarse tranquilos y después de dos vasos, para saltarles encima al ritmo de “cómo olvidarme de aquel día”. 

El debate pasa por sí debe quedarse o no Ferrero. Que la dupla, que Sensini, que a mí me gusta tal o cual, que se queden, que se vayan, que traigan uno de jerarquía, que traigan uno que conozca la categoría, que traigan uno joven.  Se dice de todo en las infinitas rondas que cada vez que pueden se desarman para liberar cánticos que tapan los parlantes a todo volumen en los que suena la Mona, Cachumba y Sebastián. 

A medisa que se acercan las 21, se compensa la gente que ya rumbea hacia las tribunas, con la que llega desde las avenidas, apuradas por un trago que sirva de separador entre la jornada laboral y el sufrimiento del partido. 

Después de todos esos rituales hay un partido de fútbol en el que San Martín tiene la obligación, no de confirmar, sino de dar un nuevo empujoncito a la puerta cerrada, para dejarla entreabierta y que por la rendija se cuele algo de fe en una temporada que empezó tan magra que más de uno tiró la toalla. 

¿Será la chance de Ferrero de ganar y meter presión para quedarse definitivamente en el puesto? ¿Querrá Ferrero quedarse definitivamente en el puesto? Ninguna pregunta tiene una respuesta clara, pero ante tantas dudas solo cabe la certeza de que sumar de a tres siempre es lo mejor que puede pasar. 

Entonces el corazón  que siempre tuvo Dening parecen contagiar a los demás y San Martín se parece a aquel de la segunda fecha con All Boys. Se parece más por la actitud que por las aptitud, pero entre ser y parecer no hay tantas diferencias en esta categoría mediocre en la que el orden y el sacrificio suelen ser más que suficiente como para pelear arriba. Ni hablemos si le agregamos juego, pero eso es mucho pedir por ahora. 

No pasan ni 10 minutos y Pardo al fin hace algo en este campeonato: se mete al área, encara y fuerza un penal que Dening asegura con un derechazo al medio y arriba, de donde los arqueros suelen moverse. “Ganan lo Santo y así yo soy feliz”. 

El resto es puras ganas de todos y solo por Bucca pasa el fútbol. Larguirucho pachorrero, de movimientos lentos, cansinos que aparenta cansancio prematuro, termina volviéndose patrón del medio con quites, anticipos y, sobre todo, con algo que en este equipo no abunda: la da siempre redondita y, hasta a veces, ensaya pases largos de mucha precisión. Hoy casi hizo un golazo y fue figura. Increíble que con el técnico anterior no iba ni al banco. 

No sobran luces, ni brillo, a penas algún que otro destello incipiente que se magnifica con el resultado a favor, pero entre la nada misma de la Era Delfino a esto hay un abismo gigantesco. 

Para traerle más tranquilidad a una noche por demás mansa, Andrada le pone tanto veneno a un centro desde la derecha, que la pelota atraviesa el área como un puñal que nadie puede despejar y termina metiéndose en el segundo palo del arquero estatua que no puedo reaccionar. 

Tal como pasó contra los sanjuaninos y Deportivo morón, con el 2 a 0, San Martín se agranda al mismo tiempo que el rival se desarma y la goleada está al alcance de la mano, pero esta vez no se concreta. 

De ellos, nada, solo algunos pelotazos para que Sand agarre confianza y trasmita seguridad con sus descolgadas, y algún esbozo de ataque como para que Meritello contenga y Bazzana cumpla. Aunque lo mejor de la defensa son los laterales: Banegas con su regularidad y entrega de siempre; y Rodríguez con solidez de jugador veterano aunque sea  apenas un juvenil que fue titular por segunda vez.El resto del equipo acompaña con voluntad, que no es poco, y con eso alcanza para ganar sin despeinarse. 

El puñado el jugadores arma un ronda en la mitad de la cancha, mientras desde las cuatro tribunas, los mismo hinchas contenidos del principio ahora se sueltan y entonan el coro más lindo del mundo: “Ciudadela Ciudadeee, Ciudadela Ciudadee”. Ese canto clásico lleva, en realidad, consigo otro mensaje más profundo: “Muchachos, ahora nos volvimos a ilusionar”.