¿Ganó un punto o perdió dos? Las dos caras del Decano y el Coronel de la alegría
Atlético Tucumán perdía 1-0, Instituto se quedó con 10 y el equipo de Pusineri lo fue a buscar con ganas y poco fútbol. El 37 volvió a demostrar que es muy picante y lo empató con otro golazo. Y El Decano se conformó con eso. Dudas y certezas de un equipo todavía en formación.
Todos los abrazos son para el picante Coronel. (Foto: Facebook Atlético Tucumán)
¿Ganó un punto o perdió dos? Atlético Tucumán empató 1-1 ante Instituto en Córdoba, tras jugar muy muy mal hasta que el local se quedó con 10. El Deca fue con más ganas que fútbol a buscar el empate y lo encontró cuando Mateo Coronel frotó la lámpara y volvió a convertir un golazo, demostrando que es uno de los más picantes del país, aunque a veces combata en soledad. A pesar de la ventaja numérica, El Decano se aferró al empate y no fue con ambición por un triunfo que hubiera sido un triunfazo en rodeo ajeno.
Es viernes a la noche, juega Atlético Tucumán y El Pueblo Decano lo sabe: hay ranchadas, algún asado, latas que corren de Norte a Sur y Este a Oeste la noche que Tucumán se pinta de Celeste y Blanco porque juega El Gigante del Norte. Toda la ciudad se paraliza cuando juega El Decano, pero no es completa la fiesta porque el equipo de San Pusineri regresará a suelo tucumano con un punto en el bolso que en los papeles hubiese sido valioso, pero que bien podrían haber sido tres al analizar el desarrollo del encuentro.
El primer tiempo del Deca fue penoso. Poco y nada para rescatar y un Instituto ambicioso y dominante, que sin brillar se llevaba puesto a Atlético y todos sabíamos que el gol estaba al caer. Llegó el tanto de Graciani, pero no así la reacción del Deca: Acosta y Kociubinski no agarraban la pelota, Pereyra miraba fastidioso a sus compañeros buscando un socio y De La Fuente la pasaba muy mal con Rodríguez y Lodico por su lado.
Pero El Polaco, sabio, le puso el cuerpo a dos embestidas del Vikingo Parmisari que le valieron dos amarillas al zaguero de la Gloria y le permitieron al equipo de Pusineri jugar lo que quedaba del primer tiempo y todo el complemento con un jugador más. Un poco por decisión y otro poco por obligación, con Tesuri de 4 Atlético se plantó en campo contrario, con más gente en ofensiva y más conexiones en ataque: un remate de González, una tijera de Menéndez, y Guille y Estigarribia que saltan a la cancha para ganar peso ofensivo y asociarse con Pereyra, el armador de cada jugada de ataque, el amo y señor del fútbol Decano.
Y acertó nomás San Pusineri, primer Santo Celeste y Blanco, con sus cambios: el zurdo Guille se tiró atrás para elaborar juego por adentro, cruzó la mitad de cancha y encontró a Estigarrbia, que tocó de primera para el más picante. Mateo Coronel picó a espaldas de los centrales y la acarició de derecha por arriba de Carranza, el arquero que fue testigo de aquel golazo del Negro Chávez y esta noche conoció la magia del 37, el Coronel de la alegría Celeste y Blanca, el hombre de los golazos, el que te hace acordar a un joven PR7 por lo determinante que es cuando está de frente al arco.
Pero alto. El juez de línea cobró offside, aunque Coronel le juró al instante que había picado habilitado y tenía razón. El VAR impartió justicia porque el gol era lícito y el empate merecido, un premio a la decisión de ir a buscar el 1-1 por arriba y por abajo, con más ganas que fútbol, como demandaba la ocasión. Gritalo, Decano. Gritalo, Mateo. Qué jugador que tiene el Deca, el 37 es de los más desequilibrantes del fútbol nacional y el técnico tiene que trabajar y trabajar para abastecerlo, cuidarlo y explotarlo para toda la alegría del Pueblo Decano, que se rinde ante su Coronel.
El problema fue que tanto le gustó ese premio al Decano, que se conformó con eso. El ingreso de Sánchez por Acosta fue para resguardar al Bebe amonestado, pero no se entendió la decisión del equipo de bajar un cambio, resignar vértigo y priorizar el equilibrio al contar con un hombre de más. Ni las ganas y la fuerza de Maestro Puch sobre el final pudieron torcer la igualdad, que a esa altura le servía al local y terminó por conformar al Deca que se llevaba una igualdad que -parece- hubiera firmado a priori.
Atlético mostró una muy mala imagen en el primer tiempo, y también demostró vergüenza deportiva para ir a buscar el empate hasta conseguirlo. Lástima que se dio por satisfecho con eso y no fue a buscar el 2-1 que le hubiera dado otro gustito a la birra que estás tomando, a la noche que está empezando y a un fin de semana que pudo ser todo Celeste y Blanco pero también tendrá tonada cordobesa, fernet y cuarteto en Alta Córdoba porque el recién ascendido sigue sumando y afianza su idea.
Sigue en (re)construcción El Deca, que sigue extrañando a Carrera, motor de la esperanza de 2022. Kociubinski esta vez no pudo ser patrón del medio, a Pereyra le faltaron socios y persiste la sensación de que Guille y Maestro Puch merecen más y mejores minutos que los que están disfrutando. Tesuri empuja y mete y no regala nada y con eso ya es suficiente para considerarlo titular. El Cata Romero gana vuelo, conduce desde el fondo y es la mejor noticia de este Atlético que tendrá la chance de revertir su imagen de local ante Barracas en el José Fierro para que tomemo somo Atlético, pintar la noche de Celeste y Blanco y que 25 vuelva a ser un carnaval. Atlético perdió dos puntos y deberá sacar pecho y sumar tres en casa.








