Top

El mundo es de los que se animan a picarla en un Mundial

Opinión

Hakimi definió el pase histórico de Marruecos a cuartos de final con un penal a lo Panenka. Su decisión trajo un poco de lirismo a un partido que fue mucho raspar y poco jugar.





Último penal de la serie. Marruecos gana dos a cero. Es el turno de Achraf Hakimi Mouh. Está por patear el penal más importante de su vida y de la historia de su selección. Si lo convierte, entran a cuartos de final por primera vez en un Mundial. Si no lo hace, deja abierta la posibilidad para una recuperación de España en la definición.

El hombre encargado juega en el PSG de Messi y tuvo un paso por varios clubes europeos de elite. Pero no es un tipo que va por el quinto mundial, como Cristiano Ronaldo y Messi, ni su selección es favorita de nada. No ganó una copa como Sergio Busquets, rival que acaba de errar el suyo para España. Ni siquiera es un volante exquisito o un delantero letal. Es un muy buen defensor y tiene 24 años. Jugó en el último mundial de Rusia, en el que su selección quedó afuera en la fase de grupos. 

Pero Hakimi hizo lo insospechado en un fútbol que asegura y especula, salvo algunas excepciones. ¿Cómo eligió patear el muy irresponsable? ¿Lo tiró a lo tonto apuntando a la cabeza del arquero con la idea de arrancársela y salir a festejar? Nada de eso, señores. El muy irreverente la picó. A lo Panenka, dicen los históricos, en referencia a Antonín Panenka, que definió así la serie de la Eurocopa en 1976 entre Checoslovaquia y Alemania Federal. Y dejó su apellido como sello de calidad, como una denominación de origen que indica que algo es bueno. Salame de Tandil. Yerba mate argentina. Penal a lo Panenka.

Repasar el instante es delicioso. Hakimi mira fijo al arquero, mira fijo a la pelota, de nuevo al arquero. Y ahí sí. Respira antes de darle hondo al cuero con gran delicadeza. La pelota entra mansa por el medio del arco haciendo sapito mientras el uno queda acostado en el pasto como botella de jardín. El festejo es una serie de saltos infantiles moviendo los hombros, con una gran sonrisa, como alguien que acaba de hacer una travesura que salió bien.

Patear un penal así no sólo es señal de valentía, de enorme confianza en uno mismo y de lirismo. En este caso, también fue una pequeña reivindicación. En un partido sin goles, en el que su selección fue efectiva defendiendo muy cerca de su arco, su gesto fue traer belleza a un juego ordinario a lo largo de los 120 minutos. Intentar adornar un partido. 

Zidane hizo lo mismo en la final de un mundial el mismo día que se retiró del fútbol. El mismo día que se hizo expulsar por un cabezazo a Marco Materazzi. Un diario deportivo decidió que esos hechos -el penal, su expulsión y el retiro- eran más importantes que el ramplón Italia campeón. Por eso, puso una foto del francés y tituló en tapa: “Se jubiló Dios y el Diablo”. 

A Hakimi le faltan años para su retiro, pero también hizo historia -como su arquero Bono por las penales atajadas- con un gol que fue bello epílogo. No es poca cosa en un partido que fue más raspar que jugar. Desde estas líneas mundialistas, van todos los respetos para los que eligen decir sus propias líneas cuando nadie quiere salirse el guion. Chapeau, Zidane. Chapeau, “Loco” Abreu. Chapeau, Hakimi. Por ustedes, éste es un espectáculo imprevisible que aún vale la pena ver.