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"Soy yo": Agustina, la fanática de San Martín que copó el paravalanchas y cumplió el gran sueño

HISTORIAS DE ACÁ

Tenía 8 años cuando conoció Ciudadela el amor de su vida de la mano de su viejo El Gringo Palladini. Ahora tiene 20, deja la vida en el tablón con La Banda del Camión y tomó coraje. La historia de película de una Ciruja que se la banca. VIDEO

Agustina con la famosa Banda del Camión: "Aquí nos respetan como corresponde".





Ocho años tenía Agustina Palladini cuando se largó a llorar porque no la dejaban ir a la cancha. Siempre veía a su papá, a sus primos, a todos vistiéndose con los colores de San Martín después de la sobremesa de los domingos y ella, chiquita todavía, se quedaba ahí, en su casa en El Colmenar. Pero como un adelanto de lo que sucedería ahora, no se iba a quedar de brazos cruzados con lo que le dijeran los hombres de la familia y convenció a su papá: “Mi papá no me quería llevar, pero yo insistía. Me decía que no quería que fuera porque tenía miedo a que me pasara algo, a mi reacción, al amontonamiento, pero yo insistía y no le quedó otra que llevarme: en moto o en el auto, entrábamos de la mano y siempre me llevaba al codo de la Pellegrini y Rondeau, pegados al alambrado”.

Era 14 de febrero, día de los enamorados, del 2009. Cómo olvidarse de aquel día, Agustina conoció Ciudadela, el amor de su vida. No existía por entonces el himno inspirado en La Beriso que fue la banda sonora del último ascenso a Primera, pero Agustina ya estaba ahí, frente a Independiente, de la mano de su papá Jorge El Gringo Palladini: “No se veían muchas nenas en esa época, pero ahí estaba yo con mi papá y mis primos. Y esa fue la primera vez que fui a la cancha. Fue una experiencia única porque San Martín estaba en Primera y jugaba con Independiente. Mi papá tenía miedo de que me hiciera mal, pero nunca me pasó nada. Otro recuerdo profundo guardado es el 22 de mayo contra Guaraní. Ese día la cancha se venía abajo y se cayó el alambrado. Nosotros siempre íbamos abajo, a ese codo, pero le dije a mi papá: ‘Mejor subamos, mirá la cantidad de gente que hay'. Ese día explotaba de gente, llegó el gol de Agudiak y fue imborrable”.

Y ya más acá en el tiempo, hace tres años, cuando Agus tenía 17, llegó la tarde noche de frío y lluvia que tampoco se borra más: “El otro recuerdo es el gol de Galeano, también en el arco de la Bolívar, también en el arco de los milagros. Entre la lluvia, el frío y los nervios, yo subía y bajaba la escalera como podía, no sabía qué hacer, lo habíamos empatado, nos hicieron otro gol, y finalmente llegó el gol de Galeano, el que a la larga fue el ascenso. Cuando terminó el partido, me senté en la tribuna y solo quería un abrazo de mi viejo. Había tanta gente que no llegábamos a darnos el abrazo hasta que llegó. Fue hermoso. No iba a la cancha sola sin mi viejo. Él me ha llevado hasta los 18 o 19 años, hasta que me hice más adulta y conocí a un grande, a un amigo, a Amigo Gómez, y empecé a ir con él a la cancha y desde entonces siempre paramos donde está la famosa Banda del Camión”.

Durante todo este camino que Agustina le cuenta a eltucumano, durante todo este recorrido escalón por escalón, desde la nena de 8 años pegada al alambrado hasta esta joven de 20 años, hay un aguante que se le nota justamente mientras habla con eltucumano. Todo lo que cuenta Agustina lo cuenta con la voz ronca, áspera, a veces imperceptible. El domingo fue el partido contra Brown, pero la Ciruja ha cantado y ha gritado sin parar como siempre pero con un viejo deseo cumplido como el gran ascenso personal: llegar a subirse a un paravalanchas en el corazón de la hinchada de San Martín. “Desde hace un tiempo que voy a la cancha con los chicos de La Banda del Camión y siempre miraba de reojo el paravalancha. Siempre fue un sueño llegar ahí. Flay y todos los hinchas de La Banda del Camión nos respetan, nos dan nuestro lugar. No permiten que nos falten el respeto: la mujer es mujer, el hombre es hombre, nadie se va a zarpar, nadie se va a desubicar”. 

Ya había convertido el gol de penal Tino Costa en el primer tiempo, ya había pasado el entretiempo, ya era hora de bancar los trapos y dejarlo todo hasta el final entonces Agustina tomó coraje y se animó: “Estaba cantando y me decían: ‘Eh, chica, cómo aturdís, cómo gritás’. Y en ese momento vi un lugarcito en el paravalanchas, se me dio por decirle al Mono, le pregunté: ‘¿Puedo subir al paravalancha?’. Y me dijo: ‘Sí, de una’. Y subí y ha sido una experiencia única para mí”.

Claro que por más buena onda y respeto de la barra exista, Agustina reconoce que lo pasó no se da todos los días: “Todos me miraban sorprendidos y se preguntaban: ‘¿Qué hace una mina ahí?’. Muchos tienen rencor a que una mujer se suba a un paravalancha, piensan que es para un vago. Y la mujer tiene el mismo derecho que cualquier hincha. Ya lo había hecho al gol Tino, ya estábamos en el segundo tiempo, tenían que cambiar de tema y yo seguía gritando. Así fue que me animé y subí. Más vale que estaba nerviosa en el paravalancha, me he fumado un cigarro, pero después dejé la vida. Y cuando bajé del paravalancha le he tenido que dar un abrazo a los que estaban haciéndome el aguante”.

Luego del partido, el video de Agustina en el paravalancha cantando sin parar y con un camperón rojo del Santo sin igual, ese video empezó a circular entre los hinchas y llegó a un primo: “Sí, mi primo me mandó una captura y me preguntó: ‘Prima, ¿sos vos?’. Sí, soy yo. Leí capturas que decían: ‘Ahí vi una chica de camperón rojo, la barra tiene que poner orden’. Entonces ahí decidí subir el video. ¿Por qué no? Si desde donde sea voy a alentar. No me han afectado en nada las críticas. Si no estaba haciendo nada malo, ¿por qué una mujer no puede estar en un paravalancha y un vago sí? No me hace ni más ni menos, no le di más bola al tema y no me siguieron jodiendo porque no le dí importancia. Si tanto dicen que les molesta, que se suban a ellos”.

Cosas del destino, hasta el Día de la Independencia tiene Agustina para recuperar la voz después de todo lo que cantó. El 9 de Julio el Santo recibirá a Santamarina en Ciudadela. Y ahí estará la fanática Ciruja: “Me ha gustado la experiencia. Las chicas me han apoyado y están de parte mía. No me criticaron y sí estuvieron de mi lado. Es más: hay chicas que conocí y me gustaría volver a subir al paravalancha, me gustaría tener el derecho de subir de nuevo, aunque sea 20 minutitos. Todos los partidos termino sin voz. Y desde que fui por primera vez con una camisetita que tenía un corazón y decía YO AMO A CASM, desde ese día dejo todo por San Martín, siempre voy a estar para la banda”.

Y antes de mandar las fotos con 8 años en la tribuna, con su papá El Gringo, con Amigo Gómez, con la famosa Banda del Camión, con todos los changos, también se ríe cuando cuenta que hace cuatro meses se hizo un tremendo tatuaje del escudo en el brazo sin que su papá supiera. Y antes de que toda la familia del Santo lea esta nota, Agustina Palladini deja un mensaje: “Que La Banda del Camión sigan siendo como ellos son con nosotras porque merecemos respeto, que las hinchas de San Martín se animen a ir a cualquier parte. Ya no estamos en tiempos de antes donde la mujer era una bolsa, era de la casa. Tenemos derecho a subirnos a un paravalanchas. Tenemos derecho a dejar la vida en el tablón por San Martín”.

El primer partido de Agustina con su viejo El Gringo. Mirá lo que era Ciudadela, papá:



Agustina y su papá Jorge siempre juntos en la tribuna:


Agustina con Amigo Gómez, un amigo clave en su historia de tablón y aguante con el Santo:


La previa con fernet que no puede faltar:


El tatuaje quedó una bomba, como Scimé: