De corazón sin igual: la Fe Decana, el 8 inoxidable y un empate para creer
Puntazo de Atlético Tucumán contra el River de Gallardo. Pusineri muestra credenciales y suma crédito. El gol clave de RRR y rendimientos que entusiasman. Llega el punto de inflexión para ponerse de pie y salir del pozo.
RRR festeja con los brazos al cielo, junto a Lotti y Risso Patrón. (Foto tomada de Olé)
En los papeles, Atlético Tucumán iba a ver cuántos goles se comía al Monumental contra el River de Marcelo Gallardo. Último de su zona, al borde de los puestos de descenso director, con una victoria en los últimos 20 partidos, tal como repiten en la tele los periodistas porteños que se preparan para empacharse con el ballet del Muñeco. "El mejor equipo de la Argentina", tal como diría más de 90' después el Bebe Acosta, la gran figura de un empate que suma 1 pero vale oro, por contexto, rival, planteo, rendimientos individuales y que sólo fue posible por la Fe Decana.
Lucas Pusineri pateó el tablero antes de salir a jugar. Sin Bruno Bianchi, su estandarte defensivo, decidió sentar a Gastón Gil Romero y apostar por una mitad de cancha ofensiva con Ciro Rius, Ramiro Carrera y Ramiro Ruiz Rodríguez por delante de Guillermo Acosta. El Gran 8 Decano se puso el overol, se planteó de 5 clásico y brindó una masterclass de corte y confección. El todoterreno bandeño que hace unos años supo hacer un surco por la derecha por toda América, hoy fue una máquina de cortar, pensar y distribuir en la mitad de cancha.
Si bien San Lucas presentó un 11 ofensivo (con Andrada por Menéndez en ataque) sus dirigidos salieron a morder y aguantar, intentando anular al rival y jugar lejos del arco de Campisi. River casi no le pateó al arco al Decano, más allá de ostentar más del 70% de la posesión de pelota. Garay y Risso Patrón ajustaron en la marca y mostraron su mejor versión, la zaga Ortiz - Cappasso fue un flipper que rechazó todo y Campisi casi se viste de héroe, pero no pudo con el penal de Enzo Fernández en la última del primer tiempo.
El gol del local anticipaba otra noche de fiesta millonaria. Se había roto el cerco de la resistencia Decana, la suerte estaba echada para los tucumanos que -parecía- habían aguantado lo que pudieron y no tenían nada para hacerle frente al SuperRiver de Gallardo. Pero estos forajidos tucumanos, empujados por Pusineri y liderados por el Gran 8 Decano no se amedrentaron ante un estadio colmado y un rival de fuste, y salieron a jugar como exige el Pueblo Decano. Fútbol y garra, y al frente siempre, con Fe contra todos y en todos lados.
El Decano salió a jugar en campo contrario, presionar a River y atacar directo con su arsenal de jugadores ofensivos de la mitad para arriba. Por eso, no sorprendió que Ruiz Rodríguez cortó en ataque tras una pérdida, asistió a Andrada y salió como una flecha monteriza rumbo al área. Ciro Rius, antes resistido, hoy generoso por la banda, llegó a fondo y encaró a Martínez que no pudo impedir su remate cruzado. Armani no pudo contener, y en el rebote apareció Ramiro Ruiz Rodríguez para estampar el 1-1 y desatar el delirio Decano.
Merecido premio para el Oreja, un pibe que corre y corre y no se rinde nunca. Con determinación fue a buscar al corazón del área, con el pecho henchido y lleno de Fe Decana apareció antes que todos el más rápido del Sur, con el gol entre ceja y ceja y una sonrisa de oreja a oreja para conectar de cabeza y y dejar su firma en el estadio Ángel Vespucio Liberti, como antes hicieran otros tucumanos notables como César Montiglio o Luis Miguel Rodríguez con la Celeste y Blanca en el pecho. Los brazos y la mirada al cielo y la emoción en el festejo, la dedicatoria a la familia después. RRR y toda una postal de la Fe Decana.
Fue por más El Deca: con El Polaco Menéndez corriendo y aguantando en ataque, siguió buscando el gol que permita la hazaña. Lo tuvo otra vez RRR, pero se topó con el muro chileno de Paulo Díaz, que luego cuestionaría rencoroso el planteo Decano. Lo tuvo el ingresado Pupa Heredia de cabeza, con Armani fuera de posición, pero no tuvo fuerza ni dirección. Hubo momentos de zozobra, donde River perdió la paciencia y cascoteó el área tucumana, pero no pudo ante la resistencia de los de Pusineri, con Garay en una pierna y Ortiz - Cappasso rechazando todo lo que se moviera.
Llegó así el final para llevarse al bolso y traer a Tucumán un punto que vale oro. Lo dijo el Gran 8 Decano, la figura de la cancha y la bandera de los de Pusineri. Dos puntos en tres partidos suena a poco, pero en el vaso lleno hay actuaciones dignificantes contra Defensa y Justicia y River, un arranque furioso y un 0-2 que se levantó contra Argentinos (aunque después fue derrota), y un plantel que hoy tiene la frente en alto y el corazón lleno de Fe para salir del pozo. Este rendimiento debe ser un punto de inflexión para salir adelante. Atlético llegó a Nuñez último y al borde del descenso, y se va orgulloso, convencido de que puede dar pelea contra cualquiera. Como hizo El Gigante del Norte todos estos años.







