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Y una noche volvió Atlético Tucumán

ANÁLISIS DECANO

Ganó Atlético y terminó la agonía. El Vasco le puso su sello, Bianchi el corazón y Andrada el gol más esperado, pero la figura fue el Pueblo Decano y su carnaval de la alegría.

Festeja Federico Andrada y con él todo el Pueblo Decano. (Foto: Prensa Atlético)





Esta historia se empieza a contar desde el final, porque se empezó a escribir hace mucho tiempo: Nazareno Arasa se lleva el silbato a la boca y lo hace sonar bien fuerte para que se escuche clarito, porque sabe que después viene la explosión. Un corazón que vuelve a latir después de ese último centro que cayó al área, un desahogo, un grito contenido que retumba en 25 de Mayo y Chile y se escucha en todo Tucumán. En pleno carnaval, volvió la fiesta más grande del Norte y el Decano volvió a sumar de a tres. Después de más de cuatro meses, finalmente una noche volvió Atlético Tucumán.

17 de octubre. Anotá bien esa fecha. ¿Te acuerdás? Más vale que te acordás, si estabas ahí. Tarde soleada y calor en el José Fierro. El Día de la Lealtad para aquellos que como tantos Decanos abrazan el peronismo. Victoria 4-3 ante Argentinos Juniors, con Martín Anastacio en el banco. Se había ido De Felippe, soldado de honor que no pudo o no supo enamorar al Pueblo Decano. Aquella victoria marcó paradójicamente el inicio de una racha nefasta, dolorosa, que no pudo torcer el simpático Pablo Guiñazú ni el propio bombero Anastacio, que apenas le robó un empate al poderoso River de Gallardo. Pasaron doce partidos, cuatro meses y medio. Terminó el 2021 y llegó el 2022, pero la suerte fue la misma y había que hacer algo. Urgente.

Entonces un grupo de pibes y pibas que llevan la Celeste y Blanca tatuada a fuego se empezaron a organizar, y contagiaron a unos y otros y una noche volvió la fiesta más grande del Norte. Sin aforo ni cosas raras. Porque el Pueblo Decano entendió que era el momento de un recibimiento Monumental en el ídem, que tiene y debe volver a ser una fortaleza intimidante, con papeles y globos y esa mística que pesó tanto en esas noches de copas. Como decían por ahí en la convocatoria: "La hinchada que gana partidos. Volvemos a hacer sentir nuestra localía al rival. Alentando siempre hasta el final, pedí foul, penal, offside".

Esta no sería una de esas noches de Copa. Para nada. Se enfrentan los dos últimos de lo que queda del torneo argentino, pero hasta el Patronato de Iván Delfino parece el Milan de Arrigo Sacchi para el que viene como el Decano. Pero una noche volvió el Vasco y le pudo finalmente imprimir su sello al equipo: intensidad, voracidad en ataque y dientes apretados para pelear cada pelota; volvió Bruno, estampa de crack y voz de mando, impasable en la zaga, marcando presencia en cada jugada, mostrando su jerarquía en cada cierre; volvieron también El Bebe y el Polaco, que ya estaban, pero volvieron a mostrar otra vez sus mejores versiones, el gran 8 Decano marcando el ritmo en el medio y el 11 peleando hasta el final, de arriba y de abajo, generando foules, cuidando la pelota, ganando tiempo y aire.

Volvió -por momentos- ese Viejo y Glorioso Decano que sabía salir a comerse crudo a cualquiera que se le plante enfrente. Acá o allá, un Decano de temer hasta para los más poderosos. Eso que saben muy bien el Vasco, Bruno, Guillermo o Cristian porque a ellos no se la contaron. Ellos estaban ahí y saben de qué se trata. Y esta noche, desde los primeros instantes se vio a un eléctrico Tesuri intentando conectarse con Carrera, mientras Bianchi empujaba al equipo desde atrás, mientras el Vasco apuraba a los alcanzapelotas y dale que vamos todos juntos para adelante porque esta noche cueste lo que cueste, esta noche tenemos que ganar.

Volvió el 7 bravo al José Fierro. Porque para festejar el carnaval Decano Federico Andrada se estrenó como titular y se pinta de Luis Miguel, le pide prestado el traje de armador y pide entonces la pelota, y se muestra, y se hasta se anima de tiro libre y busca conectar a volantes y delanteros y laterales que dan un paso al frente con determinación y sin mirar atrás porque Atlético esta noche ataca con mucha gente porque quiere, porque puede, porque debe, porque se lo pide toda la gente. 

Y El Deca erró un par de chances, y el travesaño lo salvó a Marchiori porque una vez la suerte tiene que estar de este lado, y en la primera del segundo tiempo Tesuri asistió a Carrera que se lo perdió, y Lotti no pudo conectar y mientras vos te agarrabas la cabeza la pelota le quedaba a Andrada, 7 bravo y bravo el 7, que aunque recién llegó le pegó con la furia contenida de doce partidos, de más de cuatro meses, de todo un Pueblo Decano que se abraza y festeja porque es gol Decano y 25 es una fiesta, 25 es carnaval.

Volvieron los nervios cuando el visitante se vino a buscar el empate, sin mucho fútbol, pero con la misma desesperación que pesa en los hombros Decanos. Y El Vasco metió cambio guapo y mandó a la cancha a Pupa Heredia por Gil Romero, y el 10 la puso bajo la suela en una, y fue al piso en otra, y volvió a llevarse algunos aplausos en 25 de Mayo y Chile y ojalá que vuelva a su nivel él también, porque Atlético lo necesita como necesita de todos.

Y volviste vos. Esta noche te rompiste la garganta agitando en la Chile, arengando desde la Bolivia, descargando esa furia contenida contra el línea desde la Laprida o puteando desde la platea, gritando “¡BIEEEEEEEN!” cuando en la cancha hay que gritar “¡BIEEEEEEN!”, y agarrándote la cabeza como Azconzábal cuando Arasa adiciona 6 minutos. Porque así tenía que ser, sufriendo nomás, para valorar más la hazaña del Pueblo Decano que se unió para levantar al Gigante del Norte en su peor momento, cuando Atlético más lo necesitaba.

Y por eso esta noche de carnaval te pintás de héroe y sos la figura: porque te pasaste el fin de semana y los feriados cortando papelitos o poniendo el pecho inflando globos en la previa, haciendo la fila para hacerte socio o sacar la entrada bajo la lluvia, llamando a ese amigo que se cansó hace algunos años pero que esta noche tenía que volver. Porque era esta noche. Tenía que ser la noche de Atlético después de tantas noches que no fueron la noche de Atlético.

Porque vos te merecías volver a salir sonriente del José Fierro, sin ese peso en los hombros, sin esa cara de culo temprano a la mañana esperando el bondi o cuando te joden en el laburo. Porque vos sabés que las rachas están para romperse y al final se corta esta racha de mierda cuando Arasa se lleva el silbato a la boca y podés gritar, desahogarte. Respirar. Festejar para sobrevivir.

Porque así te sentís cuando estás más de cuatro meses y doce partidos sin ganar, y llegó esa noche que estabas esperando, y hoy te vas cantando, bailando, con el corazón Decano henchido y victorioso, y agarrás contento y no pateando latas con bronca por la Laprida o la 25 para hasta llegar a la avenida y hacer enojado el camino a casa otra vez, porque esta noche se cortó la racha, esta noche volvió Atlético Tucumán, volvió tu Viejo y Glorioso Decano, y esta noche otra vez sí: 25 es una fiesta, 25 es carnaval.