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Un pacto para vivir

ANÁLISIS DECANO

Atlético Tucumán se acostumbró a perder. El equipo de Azconzábal no levanta cabeza, se extiende la mala racha heredada y el panorama es preocupante.

Álvez en la lucha con Bianchi y Ortiz. (Foto: Télam)





"En el segundo tiempo lo damos vuelta", afirma un mártir en La Estación, el lugar elegido por el Pueblo Decano para alentar al Gigante del Norte cuando juega de visitante. El ambiente no es el mejor, hay que admitirlo: Atlético Tucumán no gana desde el 17 de octubre y eso pesa. Entre cervezas y vinos, rodeado por los suyos, el hombre se muestra optimista de cara al complemento; confía en Juan Manuel Azconzábal y en los jugadores a pesar de la mala racha que cargan como una cruz. El problema es que el primer tiempo entre Atlético y Unión terminó 0 a 0.

Se acostumbró a perder Atlético. Normalizó no ganar. Salvo algunas excepciones entre las incorporaciones (no 'refuerzos', a decir del técnico) que recién llegaron y el capitán Bruno Bianchi que le imprime ganas y demuestra su mayor jerarquía, el resto de los jugadores parecen -hace rato- naufragar la cancha mientras ven cómo el Decano es superado física y futbolísticamente, y siempre es finalmente derrotado. Tarde o temprano el gol del rival llega: de cabeza, de rebote, un golazo como esta noche. Aunque el Decano lo empate en la última como contra Platense y parezca que empieza, la recuperación que nunca llega.

El Vasco mira el partido, se agarra la cabeza, vuelve a mirar. Unión no juega bien, no hace mucho, apenas ataca. No hace nada y se siente que gol está al caer. La televisión enfoca cómo Azconzábal anota algo en su libreta, la misma de siempre, pero ahí ya no están las respuestas. La birome azul con capuchón blanco en su mano izquierda parece ser la de toda la vida, pero lo que ahí anota ya no se cumple dentro del campo: una marca que se pierde, un relevo que no se hace, una jugada preparada que sale mal, un pase al lateral, un pelotazo a la nada. Y se garra la cabeza y vuelve a mirar. El equipo de Azconzábal seguramente no se parece en nada a lo que el soñó cuando decidió emprender el regreso a casa.

Cuando decimos que las cosas no salen, es que realmente no sale nada. Salvo la presencia de Bianchi y quizás las ganas que le puso Isnaldo a su ingreso, hay realmente poco y nada para destacar. Su puede valorar la valentía del técnico que no dudó en terminar con un ejército delanteros en cancha (Lotti y Menéndez en el área, Andrada tirado atrás, Carrera por derecha, Ruiz Rodríguez e Isnaldo armando tándem por izquierda), aunque no hubo para ellos un pelotazo, un centro a la olla, un rebote para pegarle incómodo o una mano que le quede servida al 9 para empatar sobre la hora. No estuvo ni cerca de imaginar el tiro del final esta tardenoche Atlético. Hay rendimientos muy bajos y titularidades inentendibles.

1 punto de 9. 12 partidos sin ganar. Más de cuatro meses sin victorias. La cruz es muy pesada.

¿Y ahora? A trabajar, no queda otra. A trabajar para ganar, y a ganar de una vez para ponerle fin a esta racha interminable. Aquel axioma viejo como el fútbol dice que las rachas están para romperse, pero esta no se rompe más. Ya son doce partidos desde aquel lejano 4-3 contra Argentinos Juniors bajo las órdenes de Martín Anastacio. Hay que recordar el partido porque si no, ni nos acordamos la última vez que el Decano sumó de a tres. Se viene Patronato el martes en el José Fierro, que ya dejó de ser una fortaleza.

La próxima fecha vuelve un jugador clave: el Pueblo Decano. Son los hinchas los que deben tener paciencia -como pidió el Vasco tras el empate agónico ante Platense- y alentar. Alentar y apoyar a los jugadores resistidos y cuestionados, los que antes de jugar ya están abatidos, los que el Vasco dijo que no son refuerzos, los que se acostumbraron a perder. Sean ellos u otros, hay que apoyarlos. No se trata de tal o cuál jugador, del técnico o de la dirigencia... hoy, es la camiseta y el escudo de Atlético Tucumán que necesita tirar para el mismo lado porque del fondo del pozo sólo se sale para arriba y todos juntos. Un pacto para cortar la mala racha. Un pacto para vivir.