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El gol que nos liberó: Zampedri en Quito, coronado de gloria

9 DE JULIO

El 7 de febrero de 2017, Atlético Tucumán tuvo su propia gesta independentista coronada con un grito sagrado que sacudió los cimientos del continente y comenzó a forjar el nacimiento de la leyenda de El Deca de América. Una epopeya inimaginable, envuelto en una bandera Argentina.

Fernando Zampedri, leyenda en Quito.





Todo salió mal y fue pura tensión y caos la tarde y la noche del 7 de febrero de 2017; todo salió tan mal para que toda esa angustia se convierta en alegría infinita, en desahogo, aquella épica jornada que ya de por sí era histórica para Atlético Tucumán en Quito contra El Nacional. La noche que El Decano se estrenaba como visitante en tierras extranjeras, buscando el pasaje a la Fase 3 de la Copa Libertadores de América, pasó a la historia, se hizo hazaña, ya es libro, una verdadera Noche de Copas en una batalla copera de esas que eran ajenas y ahora son propias.

El grito de gol de Fernando Zampedri sacudió los cimientos de toda Sudamérica porque el 9 llevaba puesta la camiseta Celeste y Blanca pero de la Selección Argentina, con otro apellido en su espalda (como todos sus compañeros) porque no era Zampedri ni era Atlético Tucumán, sino que ese equipo era todo un país como un puño apretado, expectante ante la travesía de esos guerreros tucumanos que enfrentaban al destino, que estaban entregados a su suerte, viajando contrarreloj entre incontables adversidades. Ese grito sagrado retumbó fuerte en todo el continente, que conoció esa noche a El Deca de América y su propio rugido de Libertad. Su 9 de Julio de 1816, de Tucumán para el mundo.

El avión que trasladaba a El Deca desde Tucumán hizo base en Guayaquil, pero las autoridades locales no lo dejaron despegar. Tras ese episodio que no estaba en los planes de nadie, comenzó el derrotero Decano y unas horas cargadas de tensión y adrenalina. Pasajes de urgencia en un vuelo comercial para el plantel; la intervención del embajador argentino en Ecuador, Luis Juez; la cuenta regresiva de Fox Sports llevando a niveles jamás pensados aquella bandera de "Mirala x Fox". Pico de rating, la Patria futbolera en vilo y también su máximo prócer: Diego Armando Maradona. 

Poca información oficial desde Ecuador y un minuto a minuto que no brindaba certezas a un pueblo Decano que entendía poco y nada lo que pasaba en Quito, mientras una marea de locos viajeros Decanos pasó de la previa histórica de visitante a ver cómo el sueño copero se escurría entre sus dedos antes de que empiece el partido. Inentendible, más entre birras, bombos y bandera en territorio ajeno, después de conocer las canchas del Argentino A, de la B y de la Primera A. Llegaba el turno de recorrer el Continente y el desenlace era inexplicable.

Que se juega, que no se juega, que qué mierda pasa. Que los milicos de Ecuador, que la Conmebol. Que las camisetas: El Decano finalmente pudo salir al estadio Olímpico Atahualpa una hora y 28 minutos más tarde que lo estipulado, tras un viaje en un colectivo a toda velocidad por las calles de Quito, para pisar el verde césped luciendo las camisetas prestadas de la Selección Argentina Sub 20 que se encontraba allí disputando el Torneo Sudamericano, con el apoyo de un país (quizás desde un barrio tucumano no todos hicieron mucha fuerza) y toda América prendida, siendo testigos de la historia. Corran la voz, abran paso, viene con furia El Deca de América.

El partido comenzó y Atlético jugaba contra 11 ecuatorianos, pero también contra todas sus adversidades, contra el destino que parecía empeñado en que no tenga su Noche de Copas, que parecía querer dejar a El Pueblo Decano sin su batalla épica, su cruce de los Andes. Un Pueblo sufrido que vio frustrado su sueño de ascender a Primera en los ‘90, que bajó a los infiernos en los 2000 y salió en 2007 aquel Día del Padre que Ischuk se convirtió en San Lucas; que aplastó a todos en la B Nacional bajo la tutela de Héctor Chulo Rivoira y con los goles de Luis Miguel Rodríguez; que conoció la ‘A’ pero descendió y volvió a batallar en la B hasta alcanzar esa vuelta tan gloriosa, pisar fuerte entre los porteños más poderosos y cumplir el sueño que parecía imposible de jugar la Copa Libertadores, viajar a Quito, que todo salga muy mal de forma inentendible y hasta tentando a la muerte en un viaje de locos, para que, finalmente, lleguen los 18 minutos del segundo tiempo, el momento en que llamó la historia y Fernando Zampedri atendió. Los atendió. Con la cabeza, con el corazón.

Lo explica Gustavo Cima, cuyo relato está inmortalizado y gravado a fuego en los corazones decanos.

Recupera Nery Leyes. Canuto. Evangelista. Queda desairado Ordoñez. Pelota para Barboooona (así, estirando la O), se viene Barbooooona, toca al costado, sube Canuto (en realidad era Evangelista), llega el centro, está Zampedri ...

GOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOL.

Locura total en Quito. Lágrimas en Tucumán. Grito desaforado y abrazo eterno con tus hermanos de tribuna y de la vida, con tu viejo, con cualquiera. Como aquel 15 de junio de 2007, "para los que están, para los que ya no están". El grito Decano retumba en todo el Continente con la fuerza de aquella gesta independentista de 1816, envuelto en una bandera argentina, en la historia jamás pensada que Fontanarrosa no llegó a escribir.

Un grito Celeste y Blanco de Libertad(ores) para toda la eternidad. Un grito que abre las puertas de una nueva batalla en Barranquilla porque a esa Libertad hay que refrenarla, un grito que llevará a El Deca de América a poner de rodillas a Peñarol y Deportivo Cali y pelear de igual a igual contra los más poderosos. Un grito de Libertad, de rotas cadenas, de laureles que supimos conseguir, de aquel Argentino A a esta Copa Libertadores con la de sangre Decana y la camiseta de Argentina en el pecho, de un equipo que parecía hasta dispuesto a morir coronado de gloria. Un grito inolvidable e inmortal, el grito del Viejo y Glorioso Decano, de corazón sin igual.