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Hasta la hernia: volvió San Martín, hay técnico, hay prócer y están los caudillos

ANÁLISIS

Volvió el equipo que pedías, volviste a ver al equipo que querías, y volvió porque está De Muner, porque está el que la rompe y porque aparecieron los que le acaban de decir adiós al pasado, cambiaron el chip, dieron vuelta la página y hoy comenzaron a escribir el capítulo de un nuevo campeonato. Mirá lo mejor del partido. VIDEO

Mirá cómo Diarte corre la pelota. Foto: CAB Oficial.





A esta altura del partido no voy a venir a decirte cómo tenés que celebrar este sábado a la tarde, ¿o sí? Más o menos está el día y la garganta debe estar que pela, ¿o no? Lo único que voy a decirte a vos que sabés quién sos y que en este momento te estás riendo porque estás leyendo y sabés de que te estoy hablando cuando terminés de leer estas palabras que no tienen mucho sentido que digamos porque quién va a venir contarte qué es San Martín en tu vida mejor que vos es lo siguiente: qué triunfazo, papá, qué victoria, mamá, hasta la hernia, compadre, vaciá nomás que empieza un nuevo campeonato.

Volvió San Martín, volvió el San Martín que pedías, volviste a ver al San Martín que querías, y volvió porque tiene técnico, porque tiene un prócer y porque aparecieron los caudillos que en este momento le acaban de meter un bombazo con la mano al vestuario, un grito de desahogo, una puteada al aire de Córdoba, una descarga que saca toda la tensión acumulada, toda el aca, todo el trabajo silencioso en el complejo o en Lince, todo lo que necesitaba de este triunfo, de este grito, de esta victoria que vale más que una victoria para saborearla de prepo, de un solo trago, del pico porque así pega más, pega más.

No, gracias a Dios, que San Martín no es cordobés, pero a la hora del vermú, al vino se lo toma sin soda y pega de entrada, como un Potro en el Luna Park: sale hecho una furia Ciudadela, sale dispuesto a noquear de entrada, no mide ni deja que lo midan, perdió la tibieza de antes, va al ataque apenas suena la campana y el culpable de todo es ese loco de negro que se muere por entrar como cuando jugaba, al que no hay corralito capaz de contener, el que diagramó la técnica, pero se sale del libreto y es el que que grita y que alienta porque también sabe que es rojo y blanco el color de la fiesta: Pablo De Muner, damas y caballeros, bienvenido nuevamente, San Martín te estaba esperando y no sabés cómo.

De la mano del DT, ya es otro equipo San Martín: los jugadores que quedaron del pasado terminaron de sacarse el chip tuenti, cambiaron el celular, cambiaron de compañía, le colgaron a la que te chamuya por teléfono con un plan de 300 yigas para que no los abandones, le dijeron adiós al pasado, a los 44 puntos robados, y fue Lucas Diarte, encargado de inmortalizar el robo después de patear aquel penal, el que brilló como nunca bajo este sol hasta la última pelota para que vos te rompás las manos y te emocionés, chango, más vale que te emocionés cuando a los 50 minutos del segundo tiempo lo veas cómo se la lleva hasta el borde del área y cae entero contra el pasto desplomado y feliz.

Hombre de lanzas tomar, Lucas Diarte ha sido uno de los puntos más altos de este nuevo equipo que es San Martín y que ha dejado un verdadero escándalo en Córdoba. Sino pregúntenle al 9 que terminado el partido se fue a la platea a golpear a un hincha que lo puteaba por la cuarta derrota al hilo, una calentura del goleador Pirata anulado por otro caudillo Ciruja, por la voz de mando del fondo, por el más picante del condado, por Hernán Pellerano, señoras y señores, incansable, guapo, prepeador, ganador, experimentado, líder natural de un equipo que con Nacho Arce conforman el candado de una línea de 3 que De Muner rinde honor al más grande que ha patentado la fórmula feliz en Ciudadela: Carlitos Pueblo Roldán y El Terceto de Oro.

Pero si un equipo quiere escribir páginas doradas después de un triunfo que marca un antes y un después, que tiene que marcar un antes y un después, que debe significar desde ahora en más solo el rumbo ganador del equipo más grande de todos los que juegan esta categoría, tampoco voy a decírselos yo, ustedes ya saben quién es y los otros también lo conocen: se llama Alberto, es bello como su juego, se pronuncia Tino y se apellida Costa. Así, en este nivel, con su heredero en San Javier los fines de semana libre, con un ristretto en Carlos V como el rey que es durante un break durante la semana, rompiéndose el lomo para brillar en lo que es su mejor momento en San Martín, todo es posible desde sus pies en gloriosa sociedad junto a Imbert. Qué decir si se encienden las luces delanteras. Cómo no te vas a ilusionar, cómo no vas a creer. De verdad, decime, por el amor de Dios: cómo no vas a creer.