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"Hago sentadillas con ella arriba": Tamara, la futbolista que entrena con su hija al hombro

historias de acá

Tamara tiene 23 y es la mamá de Isabella que tiene tres. Hacen todo juntas, hasta jugar al fútbol en su club de barrio que ahora participará de la Liga Tucumana. Impacto Osete II se convirtió en el primer equipo de potrero aceptado para competir con los principales clubes del fútbol argentino: "Acá todo es a pulmón", cuenta la fundadora de este maravilloso proyecto que contiene a más 40 mujeres de todas las edades.





El Barrio Oeste II es uno de los barrios más populares y futboleros de Tucumán. En otra época fue la sede de uno de los campeonatos de fútbol amateur más competitivos y recordado. Deportivo Porrón, Mala Fama y Los GeFes son algunos de los equipos surgieron de las canchas rodeadas de monoblocks y que hasta hoy pasean su fútbol y colorido por los rincones más recónditos de la provincia.

También está, por supuesto el glorioso Club Barrio Oeste II, asiduo participante de las Ligas de Veteranos en distintas categorías, siempre de verde.

Si bien hay algunos Decanos que aseguran que en el barrio un censo entre hinchas saldría parejo, es imposible no asociar el Oeste II con San Martín, y con esas banderas que lucen en la tribuna de calle Rondeau, cada vez que el Santo juega de local.

Mundial es el abanderado de esa porción de Ciudadela que parece haberse trasladado al extremo noroeste de la ciudad y es mundial también quién apadrina a las chicas que quieren despuntar la pasión por el fútbol.

“Él es el que más nos apoya y nos consiguió la cancha para que podamos entrenar”, dice Karina Carabajal, coordinadora de un proyecto que vio a luz hace 2 meses y que desde entonces no ha parado de crecer.

“En febrero empezamos con esta escuela de fútbol para mujeres y fuimos creciendo. Hoy hay más de 48 chicas que son parte del equipo que se llama Impacto Oeste II”, comenta Karina.

La novedad es que en poco más de dos meses ya se ganó un lugar en la Liga Tucumana: “Gracias al apoyo de Silvia Contreras pudimos entrar. Somos el primer equipo de potrero en entrar a la Liga”, cuenta con orgullo Karina.

“Necesitamos sponsor, porque todo se hace a pulmón y entre todas bancamos los gastos. Cuando empecemos a competir, tendremos que alquilar una cancha para hacer de local y todo son gastos. Tenemos un solo juego de camisetas y tres pelotas seis conos y 10 tortuga y con eso se las entrena”.

“Además están los viajes. Nosotras nunca excluimos a nadie por falta de plata. Si alguna chica no tiene dinero para el viaje, entre las demás lo bancamos y si no podemos hacerlo, preferimos no viajar que dejar a una afuera”, comenta.  

El equipo no solo tiene fines de esparcimientos: “Es un espacio inclusivo, hay muchas chicas muy vulnerables y que acá encuentran un lugar donde pasarla bien y sentirse contenidas en todo lo que podamos”.


Entre las chicas hay jugadores de toda la cancha y de toda la vida, como Tamara que asiste a cada entrenamiento con su hija Isabella de tres años: “Ella no se despega, e por eso que la tengo colgada al hombro cuando entrenamos, hago sentadillas con ella, entreno con ella al hombro, haga velocidad con ella colgada. Ella no se quiere despegar y yo me quedo con ella”.
 
Madraza de corazón gigante, empezó a llevar a la pequeña para aprovechar el mayor tiempo posible con la niña: “Pasa que yo trabajaba todo el día y a ella la veía muy poco, entonces la cargaba conmigo a los entrenamientos para poder compartir con ella”.
 
Lamentablemente, Tamara ahora está sin trabajo: “Me despidieron del Drugstore porque un día no pude ir porque me tuve que quedar con mi hija y no pude ir al trabajar. Yo estoy buscando, hice de todo, pero más que nada atención al público. Igual estoy dispuesta a trabajar de lo que me ofrezcan, mejor si es por la mañana, para poder ocuparme de mi hijita a la tarde”.
 
La joven tiene 23 años y todos sus días arrancan a las 7.30de la mañana: “Nos despertamos juntas, yo la baño, le preparo el desayuno, la visto, y nos vamos al jardín, cuando vuelvo me ocupo de las cosas de la casa: cocino, limpio y la voy a buscar del jardín. A la tarde entreno y la llevo conmigo, no nos despegamos. Cuando trabajaba me iba a las 14, y volvía después de las 12 de la noche, entonces en los entrenamientos aprovecho para estar con ella”.

Así en el oeste de la ciudad, un grupo de chicas, luchan contra viento y marea, vencen adversidades todo tipo y, unidas, jamás claudicas. Para ellas, no obstáculos que les impida hacer una de las cosas más hermosas que ofrece este mundo: jugar a la pelota.