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Y Tucumán para cuándo: el estadio de Santiago que duele

ANÁLISIS

El Madre de Ciudades está listo para ser inaugurado y se suma la lista de modernos escenarios deportivos que se remodelaron o construyeron en los últimos años en el interior del país. Mientras tanto, nuestra provincia se ve relegada de las competencias de primer nivel internacional.




Arranco a escribir minutos después de toparme con una foto que me genera sentimientos encontrados: desde la alegría, la envidia sana y no tanto, la bronca y la frustración. Hablo de una imagen aérea del estadio Madre de Ciudades con la capital santiagueña de fondo. Es una postal maravillosa que me genera alegría porque simpatizo mucho por Santiago y su gente.

Pero también me da bronca, envidia y frustración por no estar ni cerca de tener algo parecido en Tucumán. Ojo, sé que, en nuestra provincia de más de 1 millón y medio de habitantes, hay otras prioridades, concuerdo con eso, y me parece bien que así sea. Pero también pienso que a lo largo de la historia se fueron desperdiciando oportunidades por postergar al deporte al segundo plano, como si es actitud asegurara el éxito en las gestiones de otros tipos de políticas públicas. 

Dicho de otra manera: creo que una cosa no quita la otra y que Tucumán podría, debería, tener políticas deportivas más ambiciosas. Esto no es un mal de ahora, ni mucho menos. Se arrastran varias décadas de dejar escapar la tortuga, mientras otras provincias copan la parada, construyendo y modernizando sus instalaciones logrando recibir grandes eventos internacionales que nosotros, los tucumanos, miramos por tv. 

Ya en los 70, Tucumán quedó con la ñata contra el vidrio cuando eligieron las sedes para el Mundial que se organizó en nuestro país. Para la ocasión, se dispusieron cuatros ciudades del interior y Buenos Aires como anfitrionas del torneo. En nuestra provincia, se habían iniciado las obras de un estadio Mundialista que nunca pasaron de la etapa del movimiento de tierras, el predio quedó abandonado y se lo conoce como La Hoya. Actualmente pertenece a la Municipalidad de Yerba Buena. 

La historia de ese frustrado proyecto merece una nota aparte, pero sus consecuencias son evidentes, el Mundial se jugó en Córdoba, Rosario, Mar del Plata y Mendoza, pero no en Tucumán. En todas esas ciudades se construyeron estadios nuevos con una estructura idéntica a la que se iba a tener el de acá, salvo Rosario donde se remodeló, casi por completo, el estadio de Rosario Central. 

En esa época, ningún entendido hubiera puesto en dudas que Tucumán merecía la sede por encima de Mendoza que no contaba con una tradición futbolera muy rica que digamos. Lo mismo pasaba con Mar del Plata que si tenía como ventaja una infraestructura mucho mayor para recibir turismo. Sin embargo, aquí dormimos y al Mundial lo vimos por tele en blanco y negro. 

Lo peor del caso es que la historia se repitió en varias ocasiones y deportes. Por ejemplo, cuatro años después, el Mundial de Voley Masculino se disputó en Catamarca, mientras que mismo evento, pero en el del 2002 se jugó en Salta, en el moderno estadio Delmi, porque nuestros queridos Caja Popular, Floresta o Villa Luján, no cumplían con las exigencias de la Federación Internacional de Voleibol (FIVB). 

Con el básquet pasó algo parecido cuando en 1990 Salta recibió, al menos, algunos partidos de la ronda consuelo del Mundial que consagró campeón a Yugoslavia.

El caso más paradójico es del rugby, donde Tucumán es la única provincia que compite de igual a igual a con Buenos Aires y que, además, suele proveer de muchos jugadores importantes a la selección nacional. Sin embargo, los hinchas tucumanos, apasionados como ningunos por este deporte, deben viajar 300 kilómetros hasta el Estadio Martearena para ver jugar a los Pumas por el Rugby Championship contra los mejores equipos del mundo. Así, grandes jugadores como Nico Sánchez o Matías Orlando, solo ven Tucumán desde la ventanilla de un avión cuando van rumbo a Salta. 

Volviendo al fútbol, Argentina organizó un mundial Sub 20 en el 2001, justamente para esa ocasión se construyó el Martearena, que también sirvió como escenarios de la Copa América 2011 que tuvo, increíblemente, otra sede en el noroeste: la renovada cancha de Gimnasia de Jujuy que no fue el único club que ligó obras de arriba, porque en Santa Fe, Colón también supo gestionar el subsidio para remodelar sus estadios. 

A su vez, José Luis Gioja, por entonces gobernador de San Juan, aprovechó su buena relación con Cristina Kirchner para gestionar la construcción de un nuevo estadio en su provincia. Algo que Alperovich podría haber hecho. En Córdoba también aprovecharon la volada y convirtieron el viejo Chateu Carrera en el moderno Mario Alberto Kempes. Incluso San Luis, con el estadio de Villa Mercedes, el más lindo de Argentina, da pasos adelantes que en nuestra provincia parecemos estar lejos de dar. 

Ahora le toca a Santiago que, por la pandemia, todavía no pudo inaugurar el Madre de Ciudades, pero que será escenario de la Copa América 2021 y es muy probable que, como casi todos los mencionados, también sirva para que Argentina sea local en algunas fechas de las próximas eliminatorias. Nosotros, en tanto, tendremos que conformarnos pensando que Santiago es a 161 kilómetros, acá nomás.

Estadio Madre de Ciudades, Santiago del Estero.

Estadio Delmi, Salta.

Estadio Único de Villa Mercedes, San Luis.