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Loustau, Mirkin y Grondona: la trama secreta del juicio histórico

CIUDADELA

San Martín recurrió a la justicia para impugnar la Asamblea de AFA. Este hecho histórico tiene un precedente en los años 80, cunado Natalio Mirkin sentó en el banquillo de los acusados a Julio Grondona.




San Martín recurrió a la Justicia Federal para pedir la nulidad de la Asamblea Extraordinaria de AFA, donde, entre otras cosas, fue reelecto Chiqui Tapia hasta el año 2025. El hecho, en sí mismo, es histórico: hay muy pocos antecedentes en el que clubes del fútbol argentino recurren al poder judicial para resolver diferencias con las autoridades afistas.

Justamente, uno de los pocos casos preexistentes tiene también a San Martín como protagonista. En esa oportunidad, el duelo tuvo a dos dirigentes de fuste liderando cada uno de los bandos: Natalio Mirkin vs Julio Grondona. 

Todo comenzó el 13 de marzo del 83, cuando por la primera fecha del Torneo Nacional de ese año, San Martín le ganaba 1 a 0 con un gol del debutante José Humberto Noriega, a Argentinos Juniors: “El árbitro nos metió contra un arco de manera descarada e hizo jugar como 8 minutos de adición y en la última jugada les regaló un córner que terminó en gol. Hizo jugar hasta que nos empataron”, recuerda un fanático testigo de ese pésimo arbitraje de Juan Carlos Loustau. 

Esa misma noche, cuando el referí iba camino al aeropuerto para retornar a Buenos Aires, un grupo de hinchas interceptó el auto en el que iba y lo agredió brutalmente. Todo tipo de rumores, mitos y leyendas se han desprendido de ese episodio, pero lo cierto es que la salvajada injustificable trajo consecuencias injustas. 

Cuando la noticia de lo sucedido llegó a calle Viamonte relatada por la propia víctima, Grondona enfureció y le aplicó una sanción a San Martín: suspender La Ciudadela por lo que quedaba del Torneo Nacional: “La medida no era justa porque el club no tenía nada que ver con la agresión al árbitro. Se presumía que eran hinchas de San Martín, pero ni siquiera era un hecho comprobable. De ninguna manera nos correspondía ser sancionados de esa forma ni de ninguna”, opina el doctor Enrique Navarro, miembro de aquella Comisión Directiva el Santo y apoderado legal. 

Ni lerdo ni perezoso, Natalio Mirkin convocó a una reunión urgente para amenguar el impacto de la sanción: “Yo recomendé recurrir a la Justicia e interponer un recurso de amparo que nos permitiera seguir haciendo de locales. Natalio me dio vía libre para diseñar la estrategia que más conviniera y entonces recurrimos a la Justicia Federal”.  

El juez Federal Manlio Martínez hizo lugar al pedido de San Martín e intimó a AFA a que levantara la sanción y Ciudadela fuera el escenario para el partido contra Chaco For Ever.  

La bofetada a Grondona había sido certera, pero Don Julio no era un tipo de poner la otra mejilla: desde las sombras, operó para que los árbitros se negaran a dirigir en Tucumán. 

Ante la negativa de los árbitros de venir a dirigir a Tucumán, el juez Martínez acusó a Grondona de desobediencia judicial “con un plazo de tres días para prestar declaraciones indagatorias, bajo apercibimiento de ser conducido por la fuerza pública”. 

En otras palabras, por culpa de San Martín, un juez federal le ordenaba a la persona más poderosa de la historia del fútbol argentino que viniera a declarar a Tucumán y que acatara las órdenes porque si no lo iba a buscar la cana a la casa. 

Acorralado, Don Julio se subió a un avión y aterrizó en suelo tucumano: “Vino acompañado de una legión de abogados. En el juzgado estaba lleno de periodistas de diferentes lugares del mundo, el caso llegó a salir en New York Times”, cuenta Navarro. 

Por entonces, los militares transitaban sus últimos meses en el poder y a la provincia la gobernaba el interventor federal Luis Antonio Merlo, que no era tucumano, pero sí futbolero y se interesó por la presencia de Grondona.

“Merlo organizó un almuerzo: nos invitó a Mirkin y a mí y a Grondona con sus abogados. En la mesa nos instó a tratar de llegar a un acuerdo y finalizar de la mejor manera posible con el conflicto para evitar que pasara a mayores”. 

El abogado por entonces de San Martín recuerda que al diálogo principal lo protagonizaron los dirigentes y no tanto sus letrados: “Grondona ofreció reducir la pena a tres partidos fuera de Tucumán y Mirkin aceptó”. 

Natalio era un tipo que iba al frente como pocos, pero también sabía negociar, sabía que tenía razón en su planteo, pero también entendía su posición de desventaja: “Yo creo que podríamos haber ido más a fondo porque teníamos la sartén por el mango. Ya habíamos logrado traer a Grondona aquí y éramos locales, pero creo que Mirkin prefirió que no hubiera más conflictos y era entendible también”.


De hecho, San Martín logró algo histórico, que ni el FBI pudo conseguir: sentar a Grondona a dar explicaciones delante de un juez. Además, torció la voluntad de AFA quien históricamente no suele retroceder ni arrodillarse ante nadie. Esa vez tuvo que dar marcha atrás. 

En cuanto a la localía, San Martín disputó tres partidos en cancha de Central Córdoba, en Santiago del Estero: frente a Chaco For Ever, Independiente y Boca. Y también jugó frente a Central y Talleres, en cancha de Atlético. 

“Natalio y yo fuimos a buscar a Grondona del hotel y lo acercamos al aeropuerto en mi auto. Recuerdo que me dijo: ‘Doc, cuando vaya a Buenos Aires, no dude en buscarme’. Un día necesité hablar con él en AFA, me anuncié y nunca me atendió”. 

Pero la venganza de Grondona no quedó ahí: San Martín sufrió la quita de puntos del Apertura 92 por la mala inclusión de Jorge López: “Grondona me dijo que me quedara tranquilo, que hable con el Tribunal de Disciplina. Ingenuo, fui a hablar y uno de los jueces me recriminó de entrada: ‘¿Qué le hicieron a Julito en Tucumán?’. Ahí entendí que era una venganza”.  

Navarro es socio del club de toda la vida y acompañó a Mirkin en sus 18 años de gestión: actualmente sigue la disputa actual y apoya la postura de Sagra: “Creo que está haciendo lo que hay que hacer: defender al club a capa y espada”, opina con el orgullo propio de quien supo poner de rodillas a Grondona para defender los colores de su club: “San Martín nunca debe agachar la cabeza ante las injusticias. Ni antes ni ahora”.

Foto tomada al doctor Enrique Navarro en el marco de los conflictos con Julio Grondona

Julio Grondona junto a sus abogados en el Juzgado Federal de Tucumán.