"Vengo de Barrio Ciudadela": cómo nació hace 88 años El Estadio Más Caliente del País

ANIVERSARIO

El 24 de marzo de 1932 San Martín sentaba sus bases en uno de los barrios más populares de Tucumán. Un viaje imperdible a través del tiempo y el recorrido inolvidable por las tribunas y su evolución histórica. ¿Qué pasó el día que la pelota rodó por primera vez en el Mítico Solar?

San Martín y Ciudadela sinónimos de la misma pasión. El fotón es de Lucas Lacci. Las imágenes son del archivo del Club.




En tiempo de cuarentena obligatoria, con el coronavirus propagándose a pasos agigantados por el mundo, cuando tus hábitos se vieron abruptamente modificados y tu vida tuvo que adaptarse al encierro, entonces te voy a proponer un pequeño y sencillo juego. 

Empecemos: cerrá los ojos e imaginate en el lugar que más te gustaría estar… Sé que en este momento habrá quienes sueñen con una playa paradisíaca, o frente a un imponente paisaje de montaña; tal vez, otros visitando a algún familiar; o por qué no,  simplemente retomando su rutina laboral.

Sin embargo, hay otros, que en el primer pestañeo, ya saben exactamente dónde quieren estar: ahora y siempre. Para ellos va dedicado este artículo, para esos locos, que no son pocos, que se sueñan respirando humo de choripán mezclado con el de bengalas rojas y blancas. Para los que en lugar de arena bajos sus pies, prefieren el cemento caliento de la popu. Para los que son capaces de quedarse horas contemplando la imponencia de la platea alta, como si se tratara del Everest. Para los que no necesitan más contacto con la naturaleza que la de poder contemplar un rectángulo de césped de 110 por 50 durante 90 minutos.

Sucede, señores, que hoy 24 de marzo, es el aniversario de la fundación del “Estadio más Caliente del País”. Hace exactamente 88 años San Martín echaba raíces en el barrio de La Ciudadela e iniciaba un vínculo que, al poco tiempo, se haría irrompible. 

Antes, el Santo había boyado entre canchas prestadas o alquiladas, hasta que en 1925 consiguió su primer estadio propio que quedaba en Barrio Sur, precisamente en Bolivar y Alberdi. Sin embargo, en el 29, el mundo se desplomaba junto a la Bolsa de Wall Street, y San Martín desarmaba su estadio, atravesaba la mitad de la cancha por un pasaje para poder lotear más terrenos y vendía todo para levantar deudas.

Los Ingenieros Mario Bron y Carlos Barthaburu fueron los que se encargaron de evitar la quiebra, luego de vender los terrenos sobraron unos pesos y se pusieron a buscar una nueva locación más alejada del centro. Finalmente, San Martín llegó a Ciudadela, barrio con el cual establecería un lazo inseparable. Se generó tal química entre el barrio y el club, que decir Ciudadela o San Martín da lo mismo, una palabra te lleva a la otra.

El responsable de que hoy podamos tener certeza sobre la fecha inaugural es Ramiro Villa, historiador y fanático, que se puso a escarbar los archivos hasta dar con el momento preciso en el que la pelota rodó por primera vez en el Mítico Solar: “Todos los clubes conmemoran la inauguración del estadio. Pero en San Martín no era precisa. Así que un día me dispuse a encontrarla como sea”, revela Ramiro.

La primera pista la tiró Roberto Albornoz otro gran historiador del club: “El primer partido oficial se jugó en abril del 1932”, dijo. Y Ramiro Villa recogió el guante: supo que debía haber un partido amistoso que haya servido como ceremonia inicial.


“Empecé a recorrer las páginas de todos los diarios de la época desde abril para atrás, hasta llegar a un pequeño recuadro que anunciaba: ‘El estreno del nuevo estadio de San Martín en petit torneo de Semana Santa’, a disputarse el 24 de marzo”, relató el historiador su periplo de investigación.

Sobre aquella jornada de “Jueves Santo”, se sabe que vino un equipo uruguayo llamado “Uruguay Postal”, generando mucha expectativa en la provincia. Para entonces, el fútbol uruguayo era el mejor del mundo: eran bicampeones olímpico (1924, Paris; y 1928, Amsterdam) y campeones mundiales de 1930.

La ceremonia fue un éxito total y contó con la presencia de las autoridades de la Federación Tucumana de Fútbol y con la del flamante Gobernador de la provincia, Juan Luis Nougués. La cancha se estrenó con solo dos tribunas: una de madera que había sido trasladada desde a ubicación anterior, y que iba desde el corner de Bolivar y Pellegrini hasta la raya de mitad de cancha. Mientras que la otra, era la “tribuna metálica” que estaba localizada donde hoy está la central baja. 


De esas primeras estructuras, solo quedan restos de lo que fue "La cerca exterior", unos bloques de cementos que trajeron desde Bolivar y Alberdi y que, hasta hace poco, estaban a la vista de todos debajo de las popular lateral. Hoy están tapados por revoque. 

Sobre la comisión directiva que fundó el estadio hay que hacer algunas salvedades. Primero, ya no estaba Bron, que había dejado su cargo para presidir la Federación Tucumana: su heredero en el club fue Francisco Sanjuán, primera generación de una familia llena de dirigentes que con los años formaría parte de diferentes momentos importante en la historia del club.

Por otro lado, el vicepresidente era José Salmoiraghi, quien además fue el que se encargó personalmente de supervisar las obras de construcción del nuevo reducto. Lo llamativo, es que él también fue dirigente de Atlético y que, incluso, el complejo, ubicado en Ojo de Agua, del Decano lleva su nombre. 

Con el tiempo, la popularidad del club no paraba de crecer y las instalaciones fueron quedando chicas. A finales de los 40, se reemplazó la vieja tribuna de madera por una de cemento que ocupaba todo ese lateral. Así nacía la Pellegrini. Entrados los 50, se construyeron las dos cabeceras.

Cuenta la leyenda que luego del campeonato infantil “Evita”, en el que San Martín se consagró campeón, en pleno agasajo en la residencia presidencial de Olivos, un niño rompería los protocolos y se acercaría hasta la propia Eva Perón para pedirle ayuda para construir una nueva tribuna. Ese niño era el "Burro" Carol, quien años después convertiría en el máximo goleador de la historia del club.

Evita, sin dudar, aceptaría y ordenaría la emisión de fondos para Tucumán. Burocracia mediante, el dinero llegó, y tras algunos años de demora, se removió la tribuna metálica y en su lugar se construyó la actual platea central baja, que lleva el nombre Eva Perón, a quienes algunos confunden con el nombre del estadio. Tal vez es por esto, que en forma de agradecimiento, el pueblo Ciruja entona el tradicional canto al ritmo de la marcha peronista: "Y Ciudadé... Y Ciudadé..."

Con Ernesto García Soaje, durante la década de los 60 se crearon las plateas norte y sur bajas y central alta. Se colocaron butacas por primera vez. Cuenta el propio presidente que, en un partido contra Racing, al mismo tiempo que la gente entraba al estadio se iban colocando los asientos, porque era necesario el dinero de la recaudación para pagarle a la empresa que se encargaba de la obra.


También bajo la gestión de García Soaje se amplió la tribuna Bolivar dejándola como está hoy, se pavimentaron las calles, se colocaron veredas y se inauguró la iluminación artificial una emotiva noche del 68 en un partido vs San Lorenzo por el Nacional del 68. Con Natalio Mirkin, ya en los 70, se ampliaron las tribunas Rondeau y Pellegrini, dando un gran salto en la capacidad del estadio.

A comienzos de los 90, un grupo de socios del club se organizó a través de una subcomisión y trabajó intensamente para poder implantar los codos, en las esquinas del estadio, llevando a las populares a su capacidad actual. El 13 de marzo del 93, por gestión de Luis Garretón, nieto de Francisco Sanjuán, se inaugura la Platea Norte Alta, en una noche de viernes, en un empate 1 a 1 ante River. 

La última gran obra se hizo bajo la presidencia de Oscar Mirkin, hijo de Natalio, con la ayuda de un grupo de socios jóvenes que colaboraron en todo lo que pudieron. Se trata de la Platea Sur Alta, que se abrió por primera vez en un partido ante Flandria en el 2017. 

Es evidente que mucha agua ha pasado bajo el puente: no sé si Bron, Sanjuán o Bathaburu habran soñado con un estadio con tribunas de cemento en los cuatro costados, iluminado y con butacas. Lo cierto es que ellos abrieron el camino y los demás lo continuaron. Fue el esfuerzo de cuatro o cinco generaciones que día a día trabajó y trabaja para hacer crecer el club y que eso se puede palpar en cada rincón del estadio.

Sé que si llegaste hasta aquí, ahora tenés ganas de ir y darle un abrazo a esa cancha que te desvela desde chico. Sé que te morís por encarar por calle Matienzo desde la Mate de Luna y que a dos o tres cuadras ya puedas ver los postes de iluminación y escuchar el: “Aaaaaaaatención, aaaaaaatención” con sonido metálico de los viejos altos parlantes. Y que si cerrás los ojos escucharás las publicidades de “Rectificadores Chincarini” o “Haladeria Buriloch”, mientras te sumas a una peregrinación de miles que van al mismo lugar que vos. 

También sé que los milagros del arco de Bolivar, los goles de Agudiak, Galeano, Arce, Torales, Jerez, están adentro tuyo y que con solo evocarlos te hacen más leve el encierro. Que Zacharski se tira de palomita con vos para que extrañes un poco menos. Pero de todo esto, lo más importante es que tengo la certeza que La Ciudadela no es solo un lugar en el mundo, sino que está adentro de todos. Así que aunque creas que no podés, en medio de la cuarentena, dale un abrazo con el alma y decile: “Felices 88 años, Ciudadela querida”.




Top