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Atlético, con una defensa que gana partidos y una delantera que preocupa

ANÁLISIS

El Decano volvió a imponerse en casa por 1 a 0, con tanto de un defensor y encendió la alarma: ¿Qué pasa con los delanteros?

Foto: Soy Decano.





Deferentes sensaciones se encontraron esta mañana en el estadio Monumental José Fierro, con un Atlético Tucumán que volvió al triunfo, mereciéndolo y siendo más que Arsenal, pero dejando dudas en algunos sectores, sobre todo en la delantera, con Javier Toledo y Leandro Díaz peleados con el gol.

En líneas generales, el equipo de Ricardo Zielinski fue más que la visita. Desde un Alejandro Sánchez que mostró firmeza y seguridad en todo momento, pasando por un Marcelo Ortiz que cumplió muy bien la función de lateral, no siendo desbordado nunca, subiendo cuando la situación lo pedía y coronando con un cabezazo impecable para el triunfo; o por una pareja de centrales sólidas por arriba y por abajo; o por qué no con un Fabián Monzón cada vez mejor físicamente y con más protagonismo en el juego.

El mediocampo mostró hoy su mejor versión en estas cinco fechas de la Superliga. La pareja de volantes centrales compuesta por Cristian Erbes y Gonzalo Castellani fue de la que mejor se entendió hasta el momento, con ambos cortando, luchando y tratando de distribuir lo más limpiamente posible, a veces se podías y a veces no, pero siempre con la pelota al piso e intentando hacer jugar a sus compañeros.

La mañana de Tomás Cuello fue la mejor desde su debut en la máxima categoría. El juvenil estuvo muy activo, desbordando, tirando centros, gambeteando y siempre mostrando lo mejor para el equipo. Al igual que Guillermo Acosta, que volvió a ser el Bebe que se fue a Lanús a principio de año, ese con presencia constante en cualquier lado de la cancha, ese que los rivales odian y los hinchas lo aman cada vez más.

El trabajo de la delantera mostró varias cosas. Por un lado se vio un Javier Toledo perdido, con poca reacción y con poca paciencia recibida por parte de la gente. Ganó muy poco por arriba, no aguantó las pelotas y pocas veces descargó bien. Para colmo vio la tarjeta roja absurdamente y eso le valió el reproche desde todos los rincones del Monumental. La actuación de Leandro Díaz tuvo dos caras: una la del jugador-hincha, ese que pone huevos, entrega todo, se sacrifica, corre, mete, lucha y genera situaciones de peligro; y la otra la del delantero desesperado, ese que sabe que está en una mala racha y quiere hacer todo por cortarla, pero en el camino se vuelve egoísta, se enceguece, no la entrega y termina perjudicando al equipo. Y el equipo lo sufre, porque en los cinco partidos que jugó, apenas se convirtió tres veces, una en contra y dos con los defensores, como hoy Marcelo Ortiz o como Bruno Bianchi hace dos semanas.

Zielinski empieza a encontrar el equipo de la forma en la que él suele armarlos, de atrás para adelante. Hoy la defensa mostró su mejor versión y poco a poco el mediocampo también se va encontrando. Cuando el gol aparezca, las aguas se calmarán, pero para eso hay que seguir trabajando y la semana de descanso por fecha FIFA le vendrá bien al Ruso y a su plantel.