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Atlético y el partido perfecto: traigan sartenes, que huevos sobran

ANÁLISIS

El equipo de Zielinski jugó bárbaro: luchó, metió, tocó, gustó y enamoró a su gente, que terminó con las cuatro tribunas ovacionando al Ruso. Los tanques de arriba la rompieron y la defensa fue una muralla.

Foto: Prensa Atlético Tucumán.





Atlético jugó a la perfección lo planeado por su entrenador durante la semana. Dolido por la derrota sufrida en Córdoba, Ricardo Zielinski supo ordenar las piezas, las hizo fuerte y todo fue acompañado por el amor propio de sus jugadores, que no tan solo jugaron bárbaro, sino que también pusieron cuando había que poner.


El Ruso entendió que el fútbol de Talleres pasaba por lo que podían generar Tomás Pochettino, Juan Ramírez y Sebastián Palacios, y por allí los atacó. A los dos volantes con una gran tarea de Nery Leyes y Rodrigo Aliendro, que estuvieron siempre encima, sin darles tiempo a pensar. Al tucumano lo anuló con una gran tarea de José San Román. El lateral del Decano jugó de sus mejores partidos, no dejándose desbordar nunca y pasando lo justo y necesario al ataque. Las pocas veces que perdió, estuvo secundado por un Yonathan Cabral que volvió a estar impecable, esta vez formando dupla central con un Franco Sbuttoni que también estuvo impecable, al igual que Mathías Abero, que se mantuvo firme cuando lo exigieron.


La tarea del mediocampo también fue una pinturita. Porque Nery y Rodrigo no tan solo aportaron en defensa, sino en ataque. El primero cortando en momentos justos para la contra, y el segundo manejando la batuta, llegando hasta el fondo, probando y exigiendo. A lo Aliendro, a lo que ya acostumbró a los hinchas del Decano. Por el lado de los creativos, David Barbona fue el amo de la creación. De sus pies nacieron todas las contras y las situaciones más claras, siempre intentando ponerle claridad a los ataques. Gervasio Núñez fue otro de gran labor, aportando sus toques en ataque y poniéndose firme cuando tuvo que defender.


La delantera merece un párrafo aparte, porque Leandro Díaz y Javier Toledo la rompieron. Los dos lucharon, forcejearon, ganaron por arriba y por abajo, se abrieron caminos con gambetas y buenos pases, y ambos convirtieron. El Loco la empujó pegada al palo, tras el pase de su compañero. Y el gol de Toledo fue la frutilla del postre: cuando todos creían que iba a romper el arco en el penal, la pinchó con exquisitez, a lo Zidane, para cerrar la serie y desahogarse.


Atlético demostró que es de los equipos más duros de jugar, para cualquiera, y que por algo se mantiene entre los ocho mejores del país en las dos competencias. Zielinski le dio un estilo, una identidad, algo que será muy difícil reemplazar, y eso lo entendió la gente, que cerró el partido al grito de “Olé olé olé, Ruso, Ruso”. El DT supo armar un equipo que no le tiene miedo a nada ni a nadie. Que se le para de igual a igual a cualquiera, y que en las malas siempre puso lo que hay que poner. Traigan sartenes, que huevos sobran.