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Atlético cambió su suerte, ¿y ahora?

ANÁLISIS

El Decano no para de hacer historia en el fútbol internacional: se metió entre los ocho mejores del continente y va por más.

Foto: ESPN.





Se sufre, se padece, se respira hondo y se sigue. Esa es la historia de Atlético Tucumán en todas las competencias que le tocó participar. Desde siempre, en el Argentino A, en la B Nacional, en Primera, o en el torneo que sea. Y ese sufrimiento siempre terminaba con el sabor amargo, pero parece que esa historia cambió.

Allá quedó el primer ascenso a Primera trunco en 1991, cuando el equipo de Juan Manuel Guerra se caía en las fechas finales y le cedía el ascenso a Quilmes. O por qué no recordar aquel cruce, años después, con San Martín, cuando el Bomba Cáceres erraba ese maldito penal que dejaba al Decano otra vez sin poder llegar a la máxima categoría.

El duelo con Instituto, en 1996, fue otro de los más dolorosos. Aquel equipo de Julio Ricardo Villa quedaba eliminado por un triplete de Diego Klimowich, que enmudecía al Monumental. Dos años después hubo revancha, también en semifinales, pero se volvió a quedar afuera y el gol malogrado ante Chacarita  por Fabián Bustos quedará en el cajón de los malos recuerdos para toda la vida.

El descenso llegó y con él una serie de frustraciones en el Argentino A, con Tiro Federal, General Paz Juniors, Racing de Córdoba, Ben Hur, Unión Sunchales y Guillermo Brown de Puerto Madryn, aquel día del penal malogrado por Claudio Sarría. Pero Capé se sacó la espina y con dos ascensos consecutivos parecía que la suerte iba a cambiar, pero tras un fugaz paso por Primera, se volvió a remar en la B Nacional.

El último período en la segunda categoría fue, tal vez, de los más dolorosos, ya que siempre estuvo peleando hasta las fechas finales, pero no lograba el ascenso. Para colmo, aquel desempate con Huracán en Mendoza, ese 14 de diciembre de 2014, lo condenaba a Atlético a una enorme frustración.

Los últimos dos años y los sucesos históricos que logró éste plantel ya son cuentos conocidos, pero no dejan de sorprender. Esa racha negativa que tuvo por casi dos décadas parece que cambió. Atlético aprendió a jugar cruces mano a mano y hasta se siente cómodo con ellos. Encontró en Ricardo Zielinski un entrenador que les dio la confianza suficiente a los jugadores para sobreponerse ante cualquier situación. Claro ejemplos de ellos fueron partidos con Vélez y Rosario Central, por Copa Argentina, o los encuentros con Peñarol o en Bolivia, tanto en la Copa Libertadores del año pasado como en la actual.

Lo hecho hoy ya no sorprende a nadie. Si bien se sufre, fiel a su costumbre, aprendió a cerrar los partidos con seguridad y autoridad, partiendo desde un Cristian Lucchetti, cada día más parecido a un Dios, pasando por una pareja de centrales impasables por arriba y por abajo, como es la que forman Bruno Bianchi y Yonathan Cabral, y un Pulga Rodríguez que con su presencia alcanza y sobra para incomodar siempre a los rivales.

El encuentro ante Nacional no tuvo a un Atlético protagonista con la pelota, pero se reagrupó bien y nunca dejó que el local tenga la profundidad necesaria para desnivelar, por eso no le quedó otra que tirar centros constantemente, y ahí es donde se agigantó el Laucha.

Ahora es momento de pensar en Newell´s y en los partidos que vienen por la Superliga. El primer encuentro con Gremio recién será a fines de septiembre, así que hay que sumar para llegar tranquilo y, por qué no, pensar en llegar a semifinales.