Tras ocho años clausurada, la Iglesia San Francisco reabrió sus puertas y encarará la restauración de su patrimonio artístico
Los trabajos de ingeniería permitieron consolidar las grietas en cúpulas y bóvedas para garantizar la seguridad del histórico templo tucumano. Tras la apertura de la nave principal, las próximas etapas se concentrarán en el presbiterio, la sacristía, los retablos y la imaginería interior. Fotos.
Foto Facebook/Osvaldo Jaldo.-
Luego de permanecer cerrada y clausurada desde 2018 por severos problemas edilicios, la histórica Iglesia San Francisco, ubicada en la intersección de 25 de Mayo y San Martín frente a la Plaza Independencia, volvió a abrir sus puertas al público ayer domingo 4 de octubre. La jornada, que coincidió con la festividad de San Francisco de Asís, permitió a vecinos y autoridades recorrer los sectores recuperados y participar de la misa oficiada por el arzobispo de Tucumán, Carlos Sánchez. La reapertura marcó el cierre de una primera fase crítica de intervenciones destinadas a devolver condiciones de seguridad al inmueble patrimonial.
El eje central de los trabajos ejecutados hasta el momento estuvo enfocado en resolver las fallas estructurales de mayor complejidad que amenazaban la integridad de la edificación, en particular las profundas fisuras registradas en la cúpula y en las bóvedas. Para neutralizar este deterioro, especialistas e ingenieros debieron investigar los métodos constructivos originales e implementar soluciones técnicas destinadas a estabilizar la estructura. En forma paralela, entre las tareas iniciales impulsadas por el municipio se destacó el retiro del cerco de obra, la rehabilitación de la fachada —para la cual se realizaron más de 35 pruebas hasta definir la tonalidad adecuada— y los avances en proyectos de iluminación encarados en conjunto con la empresa EDET y aportes del sector privado.
El proceso de recuperación técnica ha sido coordinado por la Comisión de Puesta en Valor del Conjunto Franciscano, organismo que inició sus labores en febrero de 2019 bajo la presidencia de la arquitecta Olga Paterlini. La intervención requirió articular esfuerzos entre la Municipalidad de San Miguel de Tucumán, el Gobierno provincial, profesionales universitarios y firmas privadas como la Compañía Azucarera Los Balcanes. Según explicaron desde la comisión, la tarea entrañó una elevada complejidad debido a que la apertura de los distintos frentes de obra reveló daños ocultos de gran magnitud que demandaron diagnósticos permanentes y un esfuerzo continuo de los restauradores.

Pese al hito que representó volver a habilitar el templo para el culto y para un futuro circuito turístico con guías locales, las autoridades advirtieron que la restauración general aún está lejos de concluir. La agenda de obras pendientes contempla la intervención sobre la estructura del presbiterio, la sacristía, los paramentos interiores, sectores restantes de la cúpula y la finalización de la envolvente exterior. Asimismo, la etapa venidera estará volcada a la restauración artística del interior, tarea que involucra a especialistas de Tucumán y Buenos Aires abocados al estudio de técnicas, pinturas y texturas originales para intervenir sobre los retablos, la imaginería y los bienes muebles del conjunto. El plan prevé además poner en valor el claustro del convento a medida que se asegure la estabilidad de las instalaciones.
La urgencia de las obras se fundamenta en el valor histórico y arquitectónico del edificio, cuya trayectoria está ligada a hitos fundamentales de la historia argentina, como su uso como hospital de sangre tras la Batalla de Tucumán en 1812 y el aporte de su mobiliario para las sesiones del Congreso de la Independencia en 1816. Las intervenciones de ingeniería realizadas evitaron que las fallas estructurales derivaran en un colapso definitivo, garantizando la preservación a tiempo del patrimonio tucumano.
Al término del acto y la recorrida oficial, las principales autoridades y referentes del proyecto compartieron sus valoraciones sobre las obras concretadas y las metas futuras. La intendente Rossana Chahla remarcó el carácter colectivo de los trabajos: “Poder reabrir las puertas para que la gente pueda ver el proceso es realmente maravilloso”, al tiempo que agregó que “estas cosas no se hacen solas, sino con muchas voluntades, pero además de voluntades, trabajo y un poco también de fe”. Respecto a los desafíos venideros, la jefa municipal enfatizó que “estamos devolviéndole de a poco al ciudadano lo que es del ciudadano”, advirtiendo en cuanto a la fase posterior que “ahora falta recuperar el arte. El arte no es sencillo”.
Por su parte, el gobernador Osvaldo Jaldo resaltó la determinación técnica para recuperar el templo y expresó: “Quiero felicitar a quienes trabajaron, se esforzaron y tomaron la decisión de reconstruir este templo con características muy especiales”. El mandatario subrayó el impulso institucional al señalar que “fue ella [Chahla] quien golpeó varias puertas, interesó a varias personas y también interesó al Gobierno de la provincia”. A su vez, destacó la oportunidad de los trabajos al manifestar que “por eso no solo se la reparó, sino que se la reparó a tiempo”, concluyendo que “este 4 de octubre va a quedar y va a ser parte de la historia que ya tiene esta iglesia”. En tanto, Olga Paterlini resumió el compromiso colectivo señalando que “piensen que esto es obra de todos y que solo entre todos vamos a poder alcanzar la máxima calidad de lo que fue este templo siempre”. Finalmente, el fray Emilio Andrada manifestó la emotividad de la jornada: “Lo primero que siento es una gran emoción de ver rostros conocidos de hace ocho años y que siguen estando aquí”, concluyendo que “valió la pena hacernos responsables por medio de la Comisión de Patrimonio, que es la que realmente ha trabajado durante estos años”.










