Caso Érika Álvarez: "El militar" Sosa quedó imputado como único autor del crimen
Tras una audiencia de reformulación de cargos, la Fiscalía ajustó la pieza acusatoria basándose en nuevas evidencias. Mientras que Felipe Sosa queda señalado como el único responsable de la muerte de la joven, tres de sus allegados enfrentan imputaciones por haber colaborado activamente en el ocultamiento del cuerpo, la limpieza de la escena y la posterior fuga del principal sospechoso.
Felipe "el militar" Sosa.-
En una audiencia clave realizada este viernes 26 de junio, la Unidad Fiscal Especializada en Homicidios I, dirigida por Pedro Gallo, presentó la reformulación de los cargos en la causa que investiga el femicidio de Érika Antonella Álvarez, ocurrido el pasado 7 de enero. La auxiliar de fiscal Carolina Brito Ledesma fundamentó los ajustes en el legajo, explicando que, si bien no hay cambios sustanciales en las calificaciones, las evidencias recolectadas permitieron precisar la mecánica del hecho y el rol de cada involucrado.
“Vamos a quitar la intervención de otras personas en el femicidio y una modificación en el horario. En lo que hace a la intervención de otras personas, desde el primer momento se ha colocado a Sosa en calidad de autor, y eso no está modificado, pero de la imputación surgía la actuación de otros sujetos con otro grado de participación, y es lo que vamos a descartar”, precisó la investigadora del Ministerio Público Fiscal durante la audiencia.
De acuerdo a la reconstrucción fiscal, el crimen se desencadenó en la madrugada del 7 de enero de 2026. Érika Álvarez salió de su domicilio en la capital tucumana a las 03:37 horas en un vehículo de aplicación y arribó a la vivienda de Felipe "el militar" Sosa, ubicada en calle Santo Domingo al 1100, en Yerba Buena, apenas trece minutos después.
Fue en el interior de esa propiedad donde, entre las 03:50 y las 07:00 de la mañana, Sosa habría perpetrado el ataque. Según la acusación, valiéndose de una relación asimétrica de poder y la vulnerabilidad de la víctima, el imputado la golpeó con una violencia extrema a nivel cráneo-facial. El informe forense detalla lesiones brutales: hematomas múltiples, luxación de las articulaciones de la mandíbula con desprendimiento del macizo mandibular y luxación de vértebras cervicales, lo que le provocó la muerte casi de manera inmediata.
Tras el asesinato, se habría activado un complejo operativo para borrar rastros y garantizar la impunidad de Sosa. Justina Gordillo, funcionaria delpoder Judicial de Tucumán, es la más comprometida entre los encubridores. Está imputada por encubrimiento por favorecimiento personal y real, triplemente agravado por la gravedad del hecho precedente, por su condición de funcionaria y por actuar con ánimo de lucro.
Las pruebas indican que Gordillo mantuvo comunicaciones constantes con Sosa desde la mañana del crimen y colaboró directamente en la eliminación de evidencias de la camioneta Amarok utilizada por el femicida, así como en el ocultamiento del celular y las prendas de Érika. Además, habría facilitado la fuga de Sosa a Buenos Aires el 9 de enero, entregándole su propia motocicleta y dinero. A cambio, la investigación detectó un trasfondo económico: Gordillo habría recibido poderes especiales para manejar las sociedades Mundo Limpio SRL, Grupo Seguridad Objetiva SA y Seguridad Objetiva SA, además de transferencias de bienes a su nombre.
Por su parte, Jorge “Chicho” Díaz y Nicolás Navarro también enfrentan cargos por encubrimiento agravado. Se acusa a Díaz de haberse presentado en el domicilio de Yerba Buena horas después del crimen para realizar tareas de limpieza en la escena y retirar del lugar un arsenal —una pistola Glock .40 y una escopeta con cartuchos— para ocultarlo de la justicia. Navarro, en tanto, habría sido el encargado de deshacerse de dos bolsas que le entregó Sosa a medianoche, las cuales contendrían rastros biológicos y pertenencias de la víctima.
Con esta nueva configuración de la causa, la Fiscalía se encamina a la etapa de juicio con una acusación directa contra Sosa por femicidio, mientras desentrama la red de complicidades que intentó, sin éxito, silenciar el crimen de Érika Álvarez.








