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Amor y misericordia: hoy se celebra el Día de la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús

FE CATÓLICA

Se conmemora cada año el viernes siguiente a la Octava de Corpus Christi. Para los creyentes, es el símbolo vivo de sus sentimientos, de su sufrimiento en la cruz y de su capacidad de perdonar.

Sagrado Corazón de Jesús. (Foto: fasta.org)





Este viernes 12 de junio se conmemora la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Es una fecha móvil que depende directamente del calendario lunar de la Iglesia y de cómo caiga la Semana Santa: se celebra el viernes posterior a la octava de Corpus Christi (es decir, el viernes siguiente al segundo domingo después de Pentecostés).

Todo el mes de junio está dedicado por la Iglesia Católica a honrar esta devoción. La celebración tiene como objetivo central honrar el amor infinito, la misericordia y la entrega de Jesucristo por la humanidad. Para los creyentes, el corazón no es solo un órgano, sino el símbolo vivo de sus sentimientos, de su sufrimiento en la cruz y de su capacidad de perdonar.

La historia detrás de la fecha tiene nombre y apellido:

Las visiones en Francia: Si bien la devoción viene desde la Edad Media, explotó con fuerza en el siglo XVII. Entre 1673 y 1675, una monja francesa llamada Santa Margarita María de Alacoque contó que Jesús se le apareció en varias oportunidades.

El pedido: Según sus relatos, Cristo le mostró su corazón rodeado de llamas y espinas, y le pidió expresamente que se estableciera una fiesta para adorar su Sagrado Corazón el viernes después de la octava de Corpus Christi, debido a la "ingratitud" con la que muchos respondían a su amor.

La oficialización: La Iglesia investigó estas revelaciones y la devoción se hizo tan masiva que, en 1856, el Papa Pío IX expandió oficialmente la festividad a toda la Iglesia Católica del mundo.

Cuando ves la clásica imagen del Sagrado Corazón, cada detalle tiene una razón de ser:

Las llamas: Representan el fuego ardiente de su amor por las personas, un amor que busca "encender" y sacar de la indiferencia a los fieles.

La corona de espinas y la herida del costado: Simbolizan los dolores de su Pasión y el sacrificio extremo en la cruz.

La cruz plantada arriba: Nos recuerda que para el cristianismo la cruz no es un castigo, sino el fruto directo de ese amor entregado.

El Sagrado Corazón de Jesús en Tucumán

Cada año, la llegada del día del Sagrado Corazón de Jesús no es una fecha más en el almanaque de Tucumán. Nuestra provincia tiene una fibra religiosa tan íntima, donde la devoción se mezcla de manera inevitable con las raíces de nuestra propia historia.

La devoción al Sagrado Corazón es el ejemplo perfecto de cómo la fe y la tucumanidad caminan de la mano.

De Trancas al cerro: paredes que hablan de historia y fusilamientos

Cuando se habla de esta advocación en la provincia, es imposible no viajar mentalmente hacia el norte, más precisamente a Trancas Viejo. Allí se erige imponente la Iglesia del Sagrado Corazón, un templo declarado Monumento Histórico Nacional en 1957 que no solo forma parte de la actual Ruta de la Fe, sino que es un testigo directo del nacimiento y las tragedias de nuestra Patria.  

Construida con el clásico estilo colonial español y rodeada de una mística única, sus viejos muros guardan el eco de un hecho drástico: allí mismo, en 1824, fue fusilado el exgobernador tucumano Bernabé Aráoz por las fuerzas unitarias. Hoy, el templo recibe a turistas y peregrinos que buscan silencio, pero se topan con el peso de la historia grande de Tucumán.  

Pero la devoción no se queda en el llano. Si subimos por los cerros tucumanos, enclavada en el paisaje de ensueño de Villa Nougués, la pintoresca capilla neogótica dedicada al Sagrado Corazón de Jesús parece sacada de un cuento europeo, pero con perfume a yungas.

Es uno de los puntos más fotografiados y queridos por los tucumanos que suben a respirar aire puro los fines de semana.

Un siglo educando en el corazón de la capital

En la capital de la provincia, el nombre "Sagrado Corazón" está asociado indiscutiblemente a la educación y a la esquina de 25 de Mayo y Marcos Paz.

El emblemático colegio fue fundado el 1 de marzo de 1900, a pedido del entonces obispo de Tucumán, Monseñor Pablo Padilla y Bárcena, quien trajo a los padres de la Congregación de los Misioneros de la Inmaculada Concepción de Lourdes desde Francia.

Aunque en sus primeros años funcionó sobre la actual calle San Martín al 300, en 1920 se inauguró el monumental edificio actual que ya forma parte de la fisonomía urbana de la ciudad y por cuyas aulas pasaron generaciones de tucumanos.  

Más allá de las procesiones, las misas y los altares celestes y blancos que decoran los templos tucumanos en esta jornada, la fecha invita a los tucumanos a mirar hacia adentro. En tiempos difíciles, el Sagrado Corazón sigue siendo, para miles de comprovincianos, ese refugio de esperanza y comunidad que se renueva cada año con la misma fuerza de siempre.

Las 12 Promesas del Sagrado Corazón de Jesús

Les daré todas las gracias necesarias para su estado de vida. (Ya seas padre, madre, trabajador, estudiante, etc.).

Pondré paz en sus familias. (Una de las razones por las que su cuadro está en tantos comedores tucumanos).

Los consolaré en todas sus aflicciones.

Seré su amparo y refugio seguro durante la vida, y principalmente en la hora de la muerte.

Derramaré bendiciones abundantes sobre todas sus empresas. (Tanto espirituales como temporales o laborales).

Los pecadores encontrarán en mi Corazón la fuente y el océano infinito de la misericordia.

Las almas tibias se volverán fervorosas.

Las almas fervorosas se elevarán rápidamente a una gran perfección.

Bendeciré las casas en que la imagen de mi Sagrado Corazón esté expuesta y sea honrada.

Daré a los sacerdotes la gracia de mover los corazones más endurecidos.

Las personas que propaguen esta devoción tendrán sus nombres escritos en mi Corazón, y jamás serán borrados de él.

La gran promesa: "A todos los que comulguen nueve primeros viernes de mes continuos, les concederé la gracia de la penitencia final: no morirán en mi desgracia, ni sin recibir los Sacramentos; mi Corazón será su asilo seguro en ese último momento".

Para el creyente, estas promesas no son un "contrato", sino una muestra de la fidelidad y el consuelo que encuentran en su fe para afrontar el día a día.