"Suspiró y se fue": una tucumana denuncia una ola de envenenamientos de mascotas en Alberdi
crueldad animal
Tras la pérdida de su perra en un brutal envenenamiento, su dueña denuncia la inacción institucional y la falta de empatía social frente a una ola de ataques que estremece a la ciudad: "Los humanos que me rodean tienen muchos más derechos que la perra que perdí".
Café fue envenenada en Alberdi. Foto gentileza Sofia Gallardo.-
El pasado 1º de mayo, lo que debía ser un día de descanso se transformó en una tragedia para Sofía Elena Gallardo cuando su perra, Café, fue víctima de la crueldad humana en Alberdi. En una charla con eltucumano.com, Sofía comenzó agradeciendo el espacio para visibilizar situaciones que "nos atraviesan hace muchos años y por ahí quedan como historias comunes, pero no es así". Café era una "peludita también rescatada... lo más bueno que tuvimos acá", una perra sana que "jamás se enfermó" y que ese día salió a realizar una caminata habitual para comprar comida.
En ese breve trayecto, según relata su dueña, "ella algo agarra, y, por lo visto, estaba envenenado... lamentablemente, yo no me di cuenta". Al regresar al hogar, la perra no acudió al llamado para comer, lo que despertó la alarma de Sofía: "algo me dice, metete en la pieza, fijate... cuando me acerco me doy con lo peor, la encuentro convulsionando abajo de mi cama, largaba un poco de espuma por la boca, y el cuerpo lo tenía completamente rígido".
En ese breve trayecto, según relata su dueña, "ella algo agarra, y, por lo visto, estaba envenenado... lamentablemente, yo no me di cuenta". Al regresar al hogar, la perra no acudió al llamado para comer, lo que despertó la alarma de Sofía: "algo me dice, metete en la pieza, fijate... cuando me acerco me doy con lo peor, la encuentro convulsionando abajo de mi cama, largaba un poco de espuma por la boca, y el cuerpo lo tenía completamente rígido".
En medio de la desesperación de un día feriado, el veterinario intentó asistirla viajando desde Concepción, pero el veneno fue fulminante. Sofía describe los últimos momentos con una crudeza desgarradora: "en eso yo tenía en mis brazos a mi perra, que para mí ella es mi hija, convulsionando... hizo como 2 infartos... pasó unos segundos más, dio otro infarto y, bueno, ella ya está, suspiró y se fue". La rapidez del deceso y la inflamación inmediata del cuerpo le hacen sospechar que no se trató de veneno para ratas, sino de un "insecticida de tabaco, de plantaciones o algún tipo de veneno para, específicamente, para gato" que, según indica, se estaría comercializando en la zona. El dolor de la pérdida se vio agravado por la indiferencia de algunos sectores: "hay gente que me dice que los perros no se lo lloran... las estupideces que tengo que escuchar. Yo a mi perra la defiendo más que a los humanos que a mí me rodean... porque los humanos tienen muchos más derechos que la perra que yo perdí", se pregunta Sofía.
Tras el fallecimiento, Sofía se enfrentó a un muro de inacción institucional en Alberdi, denunciando que en la policía "se hicieron de anotarme la denuncia pero no me la anotaron". Incluso cuando logró acceder a grabaciones municipales, estas no correspondían al horario del hecho. Esta negligencia cobra mayor gravedad al considerar que el caso de Café se enmarca en un "envenenamiento masivo" que afectó a otros animales en la terminal. Ante esto, Sofía cuestiona las prioridades de la sociedad y el Estado: "si de pronto tenemos una persona en situación de calle convulsionando, vas a tener a toda la prensa... pero vas a tener a 3 perros convulsionando y nadie se mueve con esa rapidez". La dueña de Café ha tenido que realizar investigaciones por su cuenta, recorriendo barrios y recolectando datos, mientras enfrenta la presión de quienes solo "se quejan por teclado" pero no colaboran en la práctica.
Para Sofía, el problema de fondo es una crisis cultural en la ciudad: "como sociedad en Alberdi estamos bastante mal, creo que estamos muy quedados de mente... la gente se queja del animal callejero... pero con el perro lo patean y hasta lo envenenan". Señala que, aunque existe un centro de castración gratuita, la "ignorancia masiva" impide que se utilice correctamente, prefiriendo el abandono al costado de la ruta. Asimismo, critica la falta de ordenanzas municipales efectivas y la ausencia de un "abogado penal que trate el caso específicamente de maltrato animal" para imponer multas o penas de cárcel. Su reclamo final es un llamado a la convivencia y al respeto por la vida: "aprendamos a convivir con esos seres vivos que no rompen nada... los humanos con conocimientos tenemos la capacidad de violar, matar, drogarnos... si todas las personas hiciéramos eso, ya aprenderíamos a convivir con los animales que son mejor que convivir con todas estas escorias que nos rodean"







