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Crisis de salud mental y récord de suicidios en Argentina: "Vivir se está haciendo más complejo y pesado"

Entrevista

Por primera vez en la historia sanitaria argentina, el suicidio fue la principal causa de muerte entre mujeres de 10 a 19 años. El psicólogo tucumano Martín Landers analiza el contexto crítico que atraviesa la salud mental en el país. Las causas, los prejuicios y los mitos en torno a un tema que continúa siendo tabú para la sociedad: “El suicidio es algo con lo que no se debe especular”. Por Exequiel Svetliza.

Foto ilustrativa de https://concienciasaludable.uchile.cl/





Hace unos días, el Observatorio del Desarrollo Humano y la Vulnerabilidad de la Universidad Austral reveló un informe que arroja datos alarmantes respecto a la salud mental de los argentinos, especialmente, los jóvenes: por primera vez en la historia sanitaria del país el suicidio fue la principal causa de muerte entre mujeres de 10 a 19 años en 2023. Además, se registró el número más alto de suicidios desde 2017 entre los jóvenes de 20 a 29 años. Una problemática que da cuenta de la crisis actual en materia de salud mental y de la necesidad de abordar un tema que sigue siendo tabú para gran parte de la sociedad. 

Según revela el estudio que se dio a conocer recientemente, el suicidio fue la principal causa de muerte entre mujeres de 10 a 19 años, con 148 casos en 2023, superando tumores (119) y accidentes (103). En paralelo, los jóvenes de 20 a 29 años registraron 1.030 suicidios, el número más alto desde 2017. Hoy el suicidio es la principal causa de muerte violenta en el país y se vuelve urgente hablar de una cuestión en torno a la cual se han construido históricamente muchos mitos y prejuicios. En una charla con eltucumano.com, Martín Landers  (psicólogo especialista en drogadependencias y en psicología jurídica y coordinador del programa Potenciar Graduación de la UNT) se refirió al abordaje de esta problemática y advierte acerca de la necesidad de hablar del tema: “Un prejuicio frecuente es creer que hablar de suicidio lo promueve, cuando, en realidad, sucede todo lo contrario”. 


-Las estadísticas hablan de un aumento preocupante en las tasas de suicidio en nuestro país en los últimos años: ¿Cuáles crees que son los factores que han incidieron en ese incremento?

- En primer lugar, es necesario una mirada global del fenómeno. Nos encontramos ante una crisis de salud mental a nivel mundial que se observa en el incremento y la intensificación de diversas formas de sufrimiento: Consumos problemáticos, relaciones de dependencia con objetos, trastornos de ansiedad y depresión, conductas violentas. Las autolesiones y su forma más terminal, el suicidio, crecen en ese contexto. La pandemia y la post-pandemia fueron uno de los principales fenómenos de orden global que actuaron como precipitantes de la crisis en salud mental. Para decirlo en criollo: vivir se está haciendo más complejo y pesado, y las formas que estamos buscando para tolerarlo no están siendo eficaces. Entre tantas cosas, quisiera enfatizar en el aislamiento: la virtualización de los vínculos y la construcción de la identidad a través de las redes sociales generó una transformación en nuestra forma de vincularnos que en ocasiones nos distancia, nos aleja y nos encuentra sin la posibilidad de acceder a redes de apoyo necesarias ante el sufrimiento. Por otra parte, los ideales de hiper-productividad que se ofrecen como deseables resultan inalcanzables y es una fuente de sufrimiento muy intensa en el mundo.

 

-¿Cuáles son las principales razones por las que alguien puede decidir quitarse la vida? ¿Se puede identificar a un suicida?

- El suicidio es una problemática multicausal. Pueden existir tantas razones como personas en el mundo. Y en el fondo siempre será un enigma, un misterio inabarcable que intentamos comprender. A fines aclaratorios es posible trazar alguna generalidad. La persona que decide o intenta quitarse la vida tiene la creencia de que el sufrimiento que se experimenta es inmodificable. Que no hay alternativa posible más que suspender la vida para no sufrir más. Cómo dice la hermosa y dolorosa canción de Charly García "pero en sí, nada más cambiará. Siempre igual, los que no pueden más se van". Uno de los principales temas a trabajar en la asistencia es recuperar el deseo, el proyecto, hacer de la cotidianidad un lugar en donde el sufrimiento puede ser alojado y transformado.

 

-¿A qué sectores de la sociedad afecta más está problemática? ¿Qué herramientas tiene hoy la salud pública para el abordaje del suicidio?

-En argentina particularmente, nos encontramos en un contexto de crisis socio económica e incertidumbre hacia el futuro. Si bien es un deterioro que lleva décadas, es necesario pensar en el impacto que tienen las decisiones del Estado en cuanto a las políticas públicas en salud mental, o en este caso la ausencia de las mismas. Cuando el escenario social no acerca a quienes sufren una mirada hacia el futuro como un campo de esperanza o de posibilidades, la persona que experimenta este sufrimiento cuenta con un apoyo menos. 

En cuanto a las franjas etarias y sectores de la población, el suicidio atraviesa todo el tejido social. Existen poblaciones que por sus características resultan potencialmente vulnerables, como la adolescencia. Los ideales de hiper-productividad que mencionamos antes tienen un peso que a veces resulta insoportable en el adolescente por la trascendencia que tiene la mirada del otro en esta etapa. Otras problemáticas como el acoso escolar, el moobing, la violencia sexual, la distancia del mundo adulto, el consumo problemático, si bien no la causan, pueden contribuir a precipitar la conducta suicida, sobre todo, cuando no hay un entorno familiar, de pares, institucional y social que pueda contener y acompañar ese sufrimiento. 

 

-¿El suicidio continúa siendo un tema tabú en nuestra cultura? ¿Cuáles son los mitos que circulan en torno al suicidio? 

-En toda problemática social lo primero a trabajar son las representaciones sociales. En el caso del suicidio, existen una serie de creencias que solo contribuyen a alejar las posibilidades de prevención y asistencia. En primer lugar, creer que quien intenta quitarse la vida tomó una decisión definitiva y no hay nada que hacer: como decíamos antes, esa decisión se sostiene en la creencia de que el sufrimiento es inmodificable, y con el acompañamiento necesario es posible comprenderlo y transformarlo. Por otro lado, hay que ser cuidadoso en tildar a las señales de alerta y pedidos de ayuda como "llamados de atención" que deben ser ignorados. Si bien en algunos casos puede ser así, el suicidio es algo con lo que no se debe especular. Además, también se trataría de formas de expresión de sufrimiento ante las que la persona no logra encontrar alternativas eficaces. Es errónea la creencia de que quien está dispuesto a quitarse la vida lo hace en el silencio y con la certeza de su decisión. Existen señales de alarma que nos advierten que una persona puede estar atravesando una crisis. El aislamiento, la imposibilidad de experimentar placer o disfrute en la vida cotidiana, distancia con respecto a actividades y vínculos habituales nos pueden alertar de que algo sucede. Incluso a veces las señales están disfrazadas de hiper productividad y una sobre-adaptación. De preocupación excesiva por los demás y un descuido de sí mismo. No existen indicadores específicos de suicidio, pero si señales de que algo está pasando en esa persona y podemos acercarnos.

 

-¿Cómo se puede prevenir el suicidio? ¿Cómo debe actuar el entorno de alguien que desea terminar con su vida?

--La prevención del suicidio tiene un eje fundamental que es incluir el tema en la agenda, ponerlo sobre la mesa. Un prejuicio frecuente es creer que hablar de suicidio lo promueve, cuando, en realidad, sucede todo lo contrario. El punto es la forma y el acompañamiento con el que se lo hace. Es necesario incluir el tema en la agenda escolar, en las mesas familiares y escuchar que resonancia tiene en los niños y adolescentes, siempre de formas adecuada a sus edades. El silencio solo contribuye a que la distancia crezca y a qué las respuestas se busquen en lugares que no son seguros como las redes sociales o lo que el algoritmo ofrezca. Que el niño o adolescente sepa que cuenta con el mundo adulto para ser escuchado sin prejuicios. Cada vez que ocurre un hecho o un intento, es necesario intervenir y escuchar a toda la comunidad cercana. Que el hecho no pase desapercibido, sino que exista un mensaje de que hay un entorno que contiene cuando ocurre, que el mundo adulto está cerca y atento. Para los medios también hay un papel fundamental que es la comunicación responsable del tema. Existen guían de buenas prácticas y recomendaciones de organismos internacionales que ayudan a entender cómo debe tratarse el tema. Por ejemplo, siempre dar información sobre las redes de ayuda disponible (en Argentina está la línea 135 las 24 horas de forma gratuita para la prevención de la conducta suicida) y nunca dar información sobre los móviles. Recuerdo la serie “Por 13 razones”, que encarna todo lo que no se debe hacer en materia de prevención de la conducta suicida, por qué justamente da información sobre móviles y posibles razones.

 

-¿Cómo afecta el suicidio al entorno de la persona que atenta contra su vida? ¿Cómo se trabaja con el trauma que genera el suicidio en esos casos?

-El impacto del suicidio en el entorno es devastador. Acompañando casos, puedo observar cómo el familiar se queda con un sinfín de preguntas en torno a lo que pasó, los motivos, las advertencias, las posibilidades de evitarlo. Es un sufrimiento que puede adquirir características traumáticas y de secreto familiar que permanece por generaciones si no se lo aborda. Es inevitable que genere un sufrimiento, pero que resulte traumático depende de la forma en la que se aborda, ya que dentro del dolor puede advertir a la familia y a futuras generaciones acerca de la importancia de la salud mental.

Dónde solicitar ayuda 

Según la Organización Mundial de la Salud, cada año, más de 720.000 personas se quitan la vida en todo el mundo lo que convierte al suicidio en la tercera causa de defunción entre las personas de 15 a 29 años. En la Argentina, según el Boletín Epidemiológico Nacional 2025, hasta el 23 de agosto se registraron 7.087 intentos de suicidio no mortales y 479 con desenlace fatal. 

En Tucumán y en todo el territorio nacional funciona durante las 24 horas del día la línea 135 de asistencia al suicida y emergencias en salud mental. Además, el Hospital Obarrio (Av. Colón 750, San Miguel de Tucumán) tiene una guardia y consultorios de Salud Mental (teléfono: 0381 424-4123) y el l Hospital Avellaneda cuenta con un Servicio de Psicología (teléfono 0381 421-4500). También pueden recurrir a los Centros de Atención Primaria de la Salud (CAPS) y a la línea 107 (Emergencias del SAME Tucumán) que puede intervenir ante situaciones urgentes.