"Voy a volver": el cura tucumano Luis Bejar obligado a renunciar y a escapar del Perú
El sacerdote era buscado por las Fuerzas Armadas peruanas por criticar duramente en redes sociales a la derecha de ese país por las muertes causadas por la represión.
Padre Luis Bejar, obligado a escapar de Perú por la derecha de ese país.
El Perú está experimentando días de intensa agitación política después de la destitución del ex mandatario de izquierda, Pedro Castillo, y la posterior designación de Dina Boluarte como presidenta, quien previamente ocupaba el cargo de vicepresidenta. La situación ha provocado manifestaciones en las calles y debido a la brutalidad del gobierno, unas 50 personas han fallecido. En medio de la crisis, el sacerdote tucumano Luis Bejar, que prestaba servicios en Juliaca donde 19 manifestantes fueron asesinados, publicó un llamado a la renuncia de la presidenta en las redes sociales, lo que desencadenó en que líderes políticos de derecha y medios afines lo tacharan como terrorista y poner en peligro su vida. Gracias a la intervención de la Embajada argentina, la Cancillería y gestiones del Vaticano, Bejar pudo abandonar el país en poco tiempo ante el riesgo de un posible atentado en su contra.
"Me advirtieron que sectores de las fuerzas armadas andaban detrás mío y que debían sacarme del país. Pese a lo que está sucediendo, el pueblo peruano no se rendirá y superará este momento, voy a volver en marzo porque ese es mi lugar en el mundo”, afirmó el sacerdote oriundo de Tafí Viejo a elDiarioAR, ya más tranquilo, desde Santa Rosa de la Pampa, en donde vive una de sus hermanas.
En su publicación en las redes sociales, el sacerdote también se pronunció en contra del congresista Jorge Montoya, un ex jefe militar y miembro del partido Renovación Popular, que había presentado una denuncia penal contra el expresidente boliviano Evo Morales acusándolo de atentar contra la seguridad de Perú y de respaldar las protestas populares.
El video se propagó rápidamente y dos días más tarde, la iglesia católica peruana emitió una respuesta. El Obispado de Puno ordenó a Bejar renunciar a sus responsabilidades en Pucará y tomarse un año de descanso para estudiar. La publicación en Tik Tok también fue compartida por medios afines a los intereses empresariales, lo que resultó en duras críticas y acusaciones contra el cura. La carta del Obispado, firmada por el obispo Jorge Carrión Pavlich, incluso fue interpretada como un respaldo a quienes lo acusaban de ser un terrorista. "Su imprudencia está causando un grave daño a la Iglesia y crece un sentimiento en contra suya por ser extranjero, que lo identifican ellos como terrorista", reza una parte de la advertencia de Carrión.
"No había ninguna razón para quedarse callado frente a los asesinatos, lo diría 50 veces más. Asesinaron en tres horas, si no me equivoco, a 17 personas", dijo el tucumano al medio porteño.
La situación empeoró cuando el congresista Montoya presentó una petición al Nuncio Apostólico de Perú para destituir y transferir al cura argentino, a quien acusaba de ser comunista y de hacer política desde el púlpito. La tensión se hizo insoportable para Bejar, por lo que el 11 de (mes) presentó su renuncia, pero antes habló con el obispo por teléfono y le aclaró que no se arrepentía de sus mensajes.
Gracias hermano @LuisHumberto, Sacerdote del pueblo. pic.twitter.com/asWhtLVlJy
— Evo Morales Ayma (@evoespueblo) January 11, 2023
El gran escape
Después del edicto del obispo de Puno, el padre Bejar mudó su residencia en Juliaca y desconectó la localización de sus dispositivos electrónicos. Solo un pequeño círculo de allegados conocía su paradero. Mientras tanto, con las Fuerzas Armadas sitiando Juliaca, se comunicó con los Sacerdotes por la Opción por los Pobres en Argentina.
Todos le aconsejaron mantener un bajo perfil hasta su huida de Perú, pero el padre Luis no pudo controlar su temperamento. Al enterarse de que se llevaría a cabo un funeral en Juliaca con los ataúdes de los 19 asesinados por disparos de armas, decidió abandonar su escondite y asistir.
"Caminé hasta llegar a la plaza, en donde hubo 100.000 personas. Me acerqué a los féretros, a los familiares de los muertos y grande fue mi sorpresa cuando me reconocieron y recibí tantas muestras de afecto como jamás en mi vida", recordó Bejar sobre ese emotivo momento.
El padre Bejar salió de Juliaca en plena noche, en un vehículo particular con dos compañeros. El viaje de cuatro horas se alargó a nueve debido a los controles en las carreteras y las manifestaciones. Solo en el tercer intento pudo llegar al aeropuerto de Arequipa. El primer intento fracasó debido a la fuerte vigilancia de las Fuerzas Armadas, el segundo por las protestas y la represión en las calles, y en el último logró superar esos obstáculos después de caminar dos horas. Así llegó a Lima, donde estuvo tres días prácticamente oculto, antes de regresar a Argentina.
"Tengo a muchas personas para agradecer, entre ellas, por ejemplo, a los tucumanos José Vitar y a Noguera, a Vaca Narvaja y al equipo del canciller Santiago Cafiero y a muchos conocidos y anónimos que estuvieron en contacto permanente. También al Vaticano porque sé, por fuentes cercanas, que el Papa Francisco sabía de mi situación y se ocupó", concluyó.








