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"Sabemos cómo empezó todo": una vecina rompe el silencio en Ticucho

HISTORIAS DE ACÁ

El pueblo tucumano de 500 habitantes vive la hora más difícil: el descomunal brote que sufre por primera vez en toda la pandemia. Una vecina se atreve a hablar y señala las causas de lo verdaderamente sucedido, lo que viene y lo que necesitan.

Ticucho.





“Esto está arrasando”, dice una vecina de Ticucho, apenas baja del colectivo, después de los 40 minutos de viaje de la empresa San Pedro de Colalao que une a San Miguel de Tucumán con su lugar en el mundo, con el pueblo con quien comparte sus días y ahora la noche más larga junto a 500 habitantes verdaderamente preocupados por el brote descomunal que se vive, impensado hasta hace unos días: “Dieron 70 numeritos en el CAPS y todos dieron positivo. Y muchos quedamos afuera, todavía no nos dieron turno”.


“Es la primera vez que hay casos aquí: por eso está arrasando. El año pasado no había habido ni uno. Esta vez todo empezó de a poquito, hace unas tres semanas. Empezó con un caso. Esa persona trabajaba en un frigorífico y lamentablemente no sabía que tenía el virus: compartió una comida con gente afuera. Ahí empezó todo y ahora ya están los mensajes: en los grupos dicen que nos quieren aislar”.


Cómo se ha llegado a esta situación en la población ubicada a 37 kilómetros de la capital yendo por la ruta 9 se debe a diversos factores que la vecina que habla con el diario el tucumano indica: “La verdad es que no usábamos barbijos aquí. Nos habíamos cuidado mucho durante la primera ola y por eso no habíamos tenido casos y eso nos hizo creer que podíamos andar tranquilos. Pero la verdad es que empezaron a llegar muchas personas de afuera, se abrió el turismo, mucha gente vino al río a tomar, a hacer asados, a pasar el día. El virus no estaba acá”.


Entre quienes llegaron de afuera hay un circo que en este momento se está desmantelando y la vecina lo reconoce: “Hicieron dos funciones con carpa y todo. No era al aire libre o cielo abierto como dijeron. Era con payasos, malabaristas y hasta el globo de la muerte con las motos tenía. Fuimos todos los del pueblo, esa es la verdad. La primera función fue a fines de marzo y otra el 2 de mayo, después del día del trabajador. Iba a haber otra función más, pero había que pagar la entrada y acá la gente no tiene plata para ir tantas veces al circo”.


Hubo otro hecho que cabe señalar y que se repite cada fin de semana en toda la provincia: “Aquí también hubo una fiesta de 15 donde mucha gente fue. Lamentablemente es así. Junto con el circo pueden haber sido dos focos de contagio. Y ahora nos ha entrado el miedo. Todos tenemos parientes positivos con chicos contagiados y las calles están vacías. De vez en cuando se ve a algún trabajador porque aquí se vive a la semana: se trabaja del campo, con los cercos, con la siembra, con las vacas, con el quesillo, se ha parado todo”



Ahora bien, tarde para lamentos, ¿qué se hace con esta situación? “El CAPS solo funciona de lunes a viernes hasta las 12 del mediodía. Tenemos médicos solamente dos días: los martes y los jueves. Hay una enfermera en el pueblo, la señora Carolina, que nos salva, pero ahora no da abasto. Si tenemos una urgencia tenemos que ir al Hospital Avellaneda. Ahora los médicos trajeron tafirol y varios medicamentos para que las familias se queden en sus casas. Por el momento son casos leves, salvo uno o dos con asma y una chiquita de 16”.


Cerrados los almacenes y las carnicerías, sin señal de televisión, los vecinos siguen las noticias del futuro del pueblo a través de los medios tucumanos por YouTube: “No sabemos qué van a hacer con nosotros. Hemos recibido donaciones de la gente de Tapia y de Vipos. Hemos hecho pan. Una sola carnicería está abierta. Pero los mensajes ya hablan de que nos van a aislar. Si es así, pedimos que no se olviden de nosotros: necesitamos más presencia sanitaria, de medicamentos, y más control policial. Si nos aíslan, necesitamos carnes, pañales, todo lo necesario hasta que esto pase. Hasta que toda esta pesadilla pase”.