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¿Quiénes cuidan en Tucumán?: el análisis de un grupo de mujeres trabajadoras

OPINIÓN

El cuidado del otro mayoritariamente es desarrollado por mujeres y se requiere un análisis con perspectiva de género de la temática.

Es necesario analizar el "cuidado" con una perspectiva de género. Foto cedida




Un grupo de mujeres trabajadoras la Subsecretaria de Programas y Proyectos Sociales del Ministerio de Desarrollo Social analizaron pormenorizadamente el rol que cumple la mujer en el cuidado del otro (especialmente en la primera infancia en los adultos mayores), el rol del Estado en esta tarea, el papel de los hombres y señalaron la necesidad de que se observe la cuestión con una perspectiva de género.

El documento

Como mujeres trabajadoras del estado, nos resulta llamativo que algo tan cotidiano, cercano y esencial en las vidas de las personas como “el cuidado” sea un hecho al que tengamos que sacar el velo, problematizar, conceptualizar y poner en las agendas de gestión. En este ejercicio de desarmar palabras naturalizadas para reconstruirlas haciendo valer cada letra, los movimientos de mujeres entrenan 24/7. Es así que producto de la constante presión, los estudios académicos, las movilizaciones en las calles, el cuidado se instala, interpela y pone a trabajar.

El cuidado entra a circular como concepto en las agendas públicas ya en estado de crisis, o podríamos decir, a causa de sus crisis. Se lo considera uno de los grandes nudos críticos de la desigualdad social, urgente a encarar. Los cambios demográficos, las transformaciones familiares, las migraciones y el creciente envejecimiento de la población (más años de vida, mayor dependencia), profundizan esta situación. Pero existe un hecho fundamental que pone en tensión a los cuidados y que tiene que ver con que las mujeres, que tradicionalmente realizamos esta tarea de manera silenciosa bajo las premisas del altruismo, la ternura y la biología, tenemos proyectos emancipatorios que necesitamos y deseamos atender. Históricamente las mujeres donamos tiempo al cuidado de los demás y en cuanto conquistamos la posibilidad de insertarnos en el mercado laboral, de estudiar, militar, habitar espacios recreativos, artísticos, en fin, de invertir tiempo en lo que suponga desarrollo de nuestros proyectos personales por fuera del ámbito estrictamente familiar, tensionamos el acuerdo implícito que la sociedad había diseñado para nuestras vidas.

Sin embargo, esto no se da de manera uniforme en todo el país, veamos qué pasa en Tucumán. La última Encuesta de Uso de Tiempo (INDEC 2013) arrojaba en su momento datos alarmantes, especialmente para las provincias del norte, entre ellas, la nuestra. En el caso de Tucumán, las mujeres dedicamos 7.3 horas diarias a tareas de cuidado (con un promedio nacional urbano de 6.4), mientras que los varones sólo 3.4 horas. Es la provincia que mayor diferencia de horas registra entre mujeres y varones según esta encuesta (3.9), siendo la Ciudad Autónoma su contracara con 1.6 horas de diferencia.

Además, no todas las mujeres tenemos la posibilidad de resolver el cuidado por igual. A pesar de que el cuidado es un derecho que debe comprenderse de manera integral, ya que todas las personas tenemos derecho a ser cuidadas, a cuidar y al autocuidado, su calidad está sujeta a distintos factores, por nombrar algunos: el nivel socioeconómico del hogar (la posibilidad de mercantilizar los cuidados), la trama o densidad familiar (cantidad de mujeres que puedan realizar esta tarea de manera no remunerada) y las redes comunitarias que estén al alcance. En el camino de garantizar el derecho al cuidado independientemente de estos factores, se debe fomentar la asunción del mismo desde una responsabilidad colectiva y no individual, lo cual supone un rol activo del Estado.

Para ubicarnos en el mapa, el cuidado viene creciendo en las agendas públicas de los países de la región, con la experiencia uruguaya como pionera. En Argentina este proceso se hizo más notable con el último cambio de gestión nacional. Se creó la Dirección de Cuidados Integrales en el Ministerio de Desarrollo Social, la Dirección Nacional de Economía y Género en el Ministerio de Economía (que debutó visibilizando que el aporte del trabajo doméstico no remunerado en el PBI asciende al 15.9 %) y la Dirección Nacional de Políticas de Cuidado que forma parte del nuevo Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad que conformó recientemente la Mesa Interministerial de las Políticas de Cuidado, sumado al reciente anuncio de la construcción y puesta en marcha de 300 Espacios de 1era Infancia en el próximo año. Poniendo la lupa en la provincia de Tucumán, el cuidado, junto a la empleabilidad y al fortalecimiento institucional, es uno de los ejes transversales en el diseño del Plan Estratégico del Ministerio de Desarrollo Social provincial, desde el año 2016 a la actualidad. La Subsecretaria de Programas y Proyectos Sociales desde donde redactamos esta nota, ajustándose al mismo, diseñó y llevó a cabo, con el apoyo exclusivo del gobierno de la provincia, cursos de capacitación en cuidados de Personas Mayores, Personas con Discapacidad y cuidado de Primera Infancia para más de 1.500 titulares del entonces programa Hacemos Futuro, hoy Potenciar Trabajo, durante los últimos tres años.

En el marco de la pandemia de COVID-19 que afecta al mundo, las crisis de todos los tipos se acentuaron y las hormas de los zapatos de las gestiones apretaron. En este contexto en donde los cuidados resaltan como problemática, la Subsecretaría intensificó sus acciones y esfuerzos y puso hincapié en los cuidados a partir de diversas experiencias de trabajo.Poniendo los pies en los territorios, se diseñaron y llevaron a cabo dispositivos de cuidado comunitario con las organizaciones sociales con quienes la Subsecretaría trabaja de manera sistemática. Estas experiencias tuvieron como norte aminorar el impacto y las consecuencias de la pandemia en las familias con mayor vulneración de derechos. Por un lado, se propuso favorecer el reconocimiento del trabajo de cuidado que realizan las integrantes de las organizaciones sociales y, por otro, desarrollar acciones específicas de cuidado en territorio para personas mayores en una primera instancia y luego para personas con discapacidad en aislamiento social preventivo y obligatorio (ASPO). De esta manera, se buscó (y se busca) jerarquizar, a través de reconocimiento monetario, capacitaciones y equipamiento y experiencias prácticas certificadas, el trabajo de cuidado.

Tomando una pequeña parte de esta experiencia, en más de treinta barrios de San Miguel de Tucumán, veinticinco cuidadoras territoriales propuestas por las organizaciones sociales desarrollan acciones de cuidado comunitario. El trabajo comenzó con un relevamiento que arrojó un total de 278 personas mayores y 205 hogares que tienen entre sus integrantes a personas con discapacidad. Ambos dispositivos se encuentran funcionando actualmente y buscan garantizar ante todo la seguridad alimentaria y el acceso a la salud. Además se realizan visitas programadas centradas principalmente en el acompañamiento subjetivo de las personas mayores y el asesoramiento y acompañamiento en gestiones de acceso a derechos a las personas con discapacidad y sus familias.

Estas experiencias develan la imperiosa necesidad de la presencia del Estado en las tareas de cuidado. La pandemia colaboró en revelar de una manera cruda la doble e incluso triple jornada laboral que sostenemos las mujeres cotidianamente, sobre todo en los sectores más vulnerables. Un 21,4% de las personas mayores encuestadas  manifestó necesitar ayuda para comer, vestirse o bañarse y el 81% de las personas encargadas de esas tareas, son mujeres. En cuanto a las personas con discapacidad, un 49.9% manifestó necesitar esta ayuda y el 89,1% es resuelta nuevamente por mujeres de esos hogares. Sumado a esto, en algunos hogares las mujeres terminamos responsabilizándonos de tareas de cuidado de varias generaciones al mismo tiempo.

Las personas con discapacidad en muchas oportunidades necesitan cuidados de larga duración que son muy costosos, en nuestro país el Sistema Único de discapacidad contempla el acceso a la obra social Incluir Salud para quienes son titulares de pensiones no contributivas y permite a las familias apoyarse en las coberturas de cuidado que incluye. Este mes se dieron de alta en Tucumán 700 pensiones para personas con discapacidad que se encontraban trabadas a nivel nacional y las cuidadoras comunitarias acompañaron las gestiones de las familias en los barrios para hacer efectivo este derecho.

Según la Organización Internacional del Trabajo el cuidado es una fuente de empleo para el futuro y, por su condición de feminizado, lo es especialmente para las mujeres. Entre los lineamientos del programa Potenciar Trabajo a nivel nacional y provincial, se contempla a la economía del cuidado como uno de los ejes para transformar los programas sociales en programas de trabajo. En Tucumán las titulares del programa capacitadas en cuidado de la primera infancia y en cuidado de adultxs mayores tuvieron la oportunidad de poner en práctica sus propios saberes y los que adquirieron en los cursos, en experiencias ocupacionales en la temática durante la pandemia.

La cuarentena y el aumento de contagios en la provincia, exigió al Ministerio de Desarrollo Social abrir espacios de aislamiento y cuidado provisorios de niños, niñas y adolescentes bajo medidas proteccionales y de Adultxs Mayores, previo al ingreso a Dispositivos de Cuidado Institucionales (DCI). Su apertura posibilitó a 76 titulares formadas en dichas temáticas, se desempeñen como cuidadoras. Desde nuestro trabajo acompañamos de manera integral las trayectorias ocupacionales de las titulares, promoviendo la posibilidad de inclusión social y el incremento progresivo de ingresos.

En materia de Cuidado de la 1era Infancia, como parte de la gestión del gobierno de la provincia, estamos haciendo un esfuerzo, con el acompañamiento del gobierno nacional para identificar y registrar todos los espacios de cuidado de Tucumán, y en simultaneo ir fortaleciéndolos con Políticas nacionales como el Plan Nacional de 1era Infancia y el Potenciar 1era Infancia e ir constituyendo la Mesa Provincial de Espacios de Cuidado de 1era Infancia que permita ordenar y fortalecer las políticas en este sentido.

Estas experiencias lejos de ser un punto de llegada, son el inicio de un camino planificado para transversalizar el cuidado y la perspectiva de género en el diseño, planificación y ejecución de todas nuestras acciones como Subsecretaría. Toda  política que pretenda abordar los cuidados únicamente desde el punto de vista de los destinatarios y las destinatarias (las infancias, las personas mayores y las personas con discapacidad) sin tener en cuenta la situación de quienes cuidan, se queda trunca, a mitad de camino y fomenta las inequidades de género.

Garantizar cuidados de calidad para todos y todas desde una perspectiva de género, debe apuntar a: reconocer el cuidado como un trabajo que aporta a la economía; reducir las tareas de cuidado en términos de costos y tiempos; redistribuir las tareas entre familia, Estado, mercado, comunidad y entre varones y mujeres y recompensar el mismo, regulando y poniendo en práctica condiciones de empleo decente. Este es el desafío.

El texto es de autoría de Ana Durgam, Maria Eugenia Rodriguez, Isabel Brizuela, Virginia Mirande, Priscila Romano y Pia Muñoz. Trabajadoras de la Subsecretaria de Programas y Proyectos Sociales del Ministerio de Desarrollo Social.