"Lo queríamos mucho": el adiós más sentido al Padre Oscar y la gran pregunta que se hace Tucumán
CONMOCIÓN
Los vecinos y fieles de la Parroquia San Martín de Porres han recibido esta mañana la noticia tan triste como impensada: hallaron sin vida al párroco de 65 años en un escenario desolador. El recuerdo de María Inés: "Era una persona muy especial". Cómo eran sus misas y qué característica lo hacía distinto a todos.
El Padre Oscar bautiza al pequeño Joaquín. María Inés y su mamá Chuchú lo recordarán por siempre.
Hay silencio esta mañana en las casas de Villa Luján y un poco más allá que rodean a la Parroquia San Martín de Porres. Afuera, en ese mundo que los vecinos cada vez comprenden menos, sirenas verdes y rojas giran alrededor sobre el primer santo mulato que reposa en la entrada al templo. Son luces de una ambulancia y de la Policía que alcanzan a iluminar también la puerta de la casa del Padre Oscar.
También hay silencio entre los policías y los peritos que comienzan a llegar al lugar donde yace sin vida el cuerpo de Oscar Antonio Juárez, el querido párroco de 65 años: es el silencio que genera la conmoción de la escena, el impacto de lo inesperado, el daño, la maldad, las formas, y una gran pregunta: ¿quién fue?
Es un silencio que entra por las ventanas de la casa de María Inés, quien antes de hablar con el tucumano se apresta a rezar un rosario por el Padre Oscar y, con el tono correspondiente del caso, enterada de la noticia que conmociona a Tucumán, acepta: “Aquí estamos, tristes con la noticia. Siempre íbamos a San Martín de Porres. Me ha dolido mucho que muera así, lo queríamos mucho, siempre íbamos a la Iglesia a escuchar la misa”.
La voz y el pesar de María Inés es el muchos fieles que, en tiempos previos a las limitaciones de la pandemia, disfrutaban de su parroquia más allá de las misas que oficiaba el Padre Oscar los domingos a las 11 y a las 20: “Hemos participado desde el coro con las chicas y cuando dejamos siempre nos preguntaba: ‘¿Cuándo van a volver?’”.
De título Prebístero, el Padre Oscar se había mudado a la Parroquia San Martín de Porres junto a su papá, quien siempre le acompañaba en las misas, un acompañamiento mutuo, los dos solos, el padre del Padre Oscar en las misas y en su andar diario, y el Padre Oscar para su papá mientras enfermó y hasta que falleció: “Pese al dolor de la pérdida, el Padre Oscar siguió adelante. El Padre Oscar era una persona especial: siempre se lo veía bien, y mucha gente iba a sus misas”.
¿Qué tenían las homilías del Padre Oscar que las hacían tan especiales? “Llegaban a la gente: siempre ha sido una persona de gestos. Por ejemplo, cuando cumplías 18 años, un recordatorio; cuando era el aniversario de un matrimonio, a esa pareja le hablaba en especial; en los días de la Divina Misericordia nos daba oraciones en la capilla: entre cada papelito que repartía, uno estaba remarcado en una letra y a quien le tocaba ese papelito se ganaba algo. A mí me tocó un cuadro de la Divina Misericordia. Era un hombre que siempre estaba en el detalle”.
María Inés ha bautizado a Bernardita y Joaquín con el Padre Oscar, ha celebrado los 70 años de su mamá Adela, la querida Chuchú, ofició en el aniversario del tío Pilo, o de la Abu, quienes descansan en el cementerio de San Agustín, en fin, un Padre presente en los momentos más especiales de la vida de María Inés y de cientos de vecinas y vecinos que lo han conocido y han llegado a conocer su propia casa a metros de la Parroquia.
“Las confesiones con el padre eran muy especiales. Él tenía su casita y nos hacía pasar al comedor, yo la llevaba mi hija, y siempre que lo buscábamos, nos abría la puerta de su casa. O elegía una casa en particular para iniciar las procesiones por Semana Santa o el Día de San Martín de Porres. Elegía la casa para armar un pequeño altar. Siempre ha sido amable con el prójimo, por eso nos duele lo que le ha pasado”, explica María Inés.
¿Qué es lo que le ha pasado? Las investigaciones lo determinarán con el correr de las horas: “Ha sido alguien que ha querido hacer maldad. Lo que hablamos con la familia y los vecinos es que la iglesia no la estaba pasando bien: al no haber misas, no había colecta de dinero y los vecinos estaban ayudando a mantenerla. Sea lo que sea, a través de mis oraciones lo voy a tener presente, recordando todos los momentos compartidos, todos los momentos vividos junto al querido Padre Oscar”.











