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"Pañuelos amarillos": tucumanas que se unen contra el abuso sexual infantil

contención y denuncia

El martes lanzan oficialmente una fundación que busca construir puentes de contención que acompañen a las víctimas y a sus madres en el proceso judicial. “Con el secreto es como si la víctima viviera en una cárcel. La denuncia rompe el pacto de silencio de ese delito, por eso la denuncia es sagrada”, explica Colomba Nasca.




El próximo martes 24 de septiembre realizarán el lanzamiento de la Fundación Pañuelos Amarillos de Tucumán, que busca acompañar y defender a víctimas de abuso sexual infantil. El encuentro que reunirá a mujeres de Santiago del Estero, Catamarca y Río Negro, tendrá lugar en el Hotel Hilton a las 17.30.

Recientemente un caso de abuso sexual ocurrido en Tucumán conmocionó a todo el país luego de que se publicara en medios nacionales. Según la información publicada en TN, el caso que se dio en un ámbito intrafamiliar e involucra a Guillermo Gray -un reconocido arquitecto tucumano-, fue elevado a juicio hace cinco años y acaba de celebrarse la Audiencia Preliminar. En la información publicada en ese medio, se hace hincapié en irregularices en el proceso que benefician al acusado.

“Hay como un pacto de silencio con la sociedad donde el abusador no es el excluido, sino es la víctima, porque se ve obligado a romper todos sus lazos”, relata Colomba María José Nasca, abogada miembro de la flamante fundación, en diálogo con eltucumano.com.

Desde los primeros días de 2019, a causa de una denuncia de abuso sexual infantil intrafamiliar cercana, Nasca junto a cuatro amigas comenzaron a debatir sobre las formas en las que se puede acompañar a familiares de las víctimas durante el proceso judicial que comienza tras la denuncia.

El caso que impulsó la creación de esta agrupación, es similar al caso Gray y a otro caso ocurrido en Tucumán, que, por el derecho a intimidad de los niños involucrados, no pueden publicarse en este medio. Se denuncian tráfico de influencias y delitos de encubrimiento por los lugares en los que se desenvuelven profesionalmente los acusados de abuso. Otro punto en común con estos casos es que “se ve aceptada y consentida la pedofilia en ámbitos familiares”, según explica Nasca.

En los primeros pasos para formarse las cinco amigas que se sensibilizaron con la situación, comenzaron a cruzarse con muchas madres de niños que habían sufrido abuso y no tenían herramientas para acompañar a sus hijos en este doloroso y largo proceso. “Se sumó muchísima gente, algunos abogados mandan a víctimas para hablar con nosotras porque hay un vacío. Los abogados y los psicólogos no llegan a dar la contención necesaria durante todo el proceso judicial. La mamá cuenta lo sucedido en la familia, pero no es agradable y muchas veces eso violenta a los otros y no puede hablarlo”, explica.

La actuación del poder judicial, relata Nasca, no tiene en cuenta el trato adecuado ni a la víctima ni a la mujer, durante la primera etapa investigativa. Ante esta necesidad aparecen los Pañuelos Amarillos que son en su mayoría madres de víctimas o victimas que ya cumplieron la mayoría de edad. “Nos contactamos con Familias Protectoras de Santiago del Estero y armamos una red donde nos apoyamos, también desde Catamarca y Río Negro, desde donde vienen trabajando en esa dirección”, añade.

Hoy son alrededor de 45 miembros en la fundación pañuelos amarillos de Tucumán. Que se dividen en comisiones: de discapacidad, de deporte, de estudio. “Además de madres de víctimas, se sumaron personas que sintieron empatía por esta problemática, son personas que le han creído a la víctima, el ‘yo sí te creo’ es muy importante”, expone.

El imputado es el que tiene beneficios durante el proceso judicial que se extiende durante varios años. “Las víctimas pasan toda la infancia, llegan a laso 16 años, escondiéndose hasta que se desarrolle ese proceso. Hay madres que ese han ido a vivir al interior porque se lo seguían encontrando al abusador en todas las esquinas”, puntualiza.

La abogada reconoce que los proyectos que tienen desde la fundación y las consultas que recibieron desde los inicios de sus actividades, las desbordaron. “La sociedad tucumana es conservadora, no se habla de este tema es como que ni siquiera existe, pero cuando comenzamos con la propuesta, además de los miembros estables que trabajen en las comisiones, son alrededor de 700 personas las que colaboran en la fundación, recibimos muchísimas propuestas y existe mucha necesidad”.

Las modificaciones en el código civil, en muchas ocasiones, perjudican a las madres que no tienen un poder adquisitivo esperado para sostener económicamente a sus hijos. “Las responsabilidades son compartidas, entonces muchas veces la mamá no puede colaborar económicamente, y los chicos se ven obligados a irse con el papá", reconoce. En este sentido se encuentran trabajando en un proyecto para evitar la revinculación de las víctimas con sus abusadores en el período del proceso judicial.

"La forma de ayudar a las víctimas es empezar por apoyar a esa mamá. Porque hay como un pacto de silencio con la sociedad donde el abusador no es el excluido, es la víctima, porque se ve obligado a romper todos sus lazos. Y después la mamá. Nosotros empezamos con la contención la escuchamos y observamos lo que pasa con la víctima. No todas son iguales o se enfrentan a la situación de la misma manera. En las reuniones resignificamos el dolor”, detalla.

Según explica Nasca, si hubo vínculo familiar, muchas veces el abusador vuelve a buscar la víctima, para que se retracte. “Tiene pánico y no sale de la casa. Con el secreto es como si la víctima viviera en una cárcel. La denuncia rompe el pacto de silencio de ese delito, por eso la denuncia es sagrada”.

*Por más información o consultas comunicarse con Colomba Nasca al teléfono: 381 488-4962