"Que no se entere Macri": almaceneros tucumanos toman medidas propias
ECONOMÍA EN CRISIS
La inflación creciente y las últimas decisiones desesperadas tomadas por el Gobierno nacional luego de las PASO, mantienen en vilo a comerciantes que, en algunos casos, deciden ponerse en el lugar del consumidor.
José no fía más hasta nuevo aviso. Amanda le baja los precios a la cerveza y al pan hasta que los distribuidores le suban otra vez los precios. Los kioscos de barrios están tomando sus propias medidas económicas ante la crisis, para poder mantener el equilibrio de la balanza comercial que cada vez pierde más consumidores por el daño al bolsillo. Descuentos, restricciones y sacrificio ─palabra adoptada por el modelo macrista─ conforman la estrategia de los comerciantes para hacer frente al nuevo desafío de seguir vendiendo a quien no llega a fin de mes.
En la esquina de Moreno y Las Piedras, de la Capital, hay dos almacenes. Ambos venden casi lo mismo: fiambre, gaseosas, golosinas; pero sólo uno de ellos bebidas alcohólicas. Las polarizadas pelirroja y morena con nombre de cordillera bajó $15, su versión rubia $20. El resto de las marcas ─más suaves o más amargas, según el paladar─ se mantuvieron inmóviles, a pesar de que los distribuidores remarcaron más de una vez los precios desde el lunes posterior a las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO), cuando el presidente Mauricio Macri inquietó a los mercados con su inestabilidad emocional producto de una noche de insomnio. “Me puse del lado de la gente”, dice Amanda, del otro lado de la reja de su kiosco, que desde la semana pasada luce un nuevo cartel con ofertas anti-crisis. Amanda asegura que los descuentos no tienen que ver con las medidas de Macri, la suspensión del IVA que todavía muchos comercios no aplican ─o lo hacen a medias─, o por una merma en sus ventas. Es que, para la almacenera, es momento de poner el hombro, pero hasta donde los distribuidores le permitan. La cosa está dura. Ya muchos vendedores mayoristas demoran las habituales entregas por la especulación. Y así, según Amanda, no se pude seguir.

En la esquina oeste de Moreno y Piedras atiende José, a puertas abiertas y detrás de un mostrador repleto de chocolates y golosinas, una estantería que inquietaría hasta al diabético insulinodependiente más ortodoxo. José decidió no fiar más hasta que la situación mejore. No es que no entienda el pasar de la gente, que muchas veces no llega a fin de mes con el sueldo y espera la llegada del 1° más que el milagroso segundo semestre, sino que pierde un 20% por mes si mantiene la venta de pago a futuro, y no está en sus planes cobrar intereses a sus clientes. “No puedo fiar más”, se lamenta y explica cómo logra mantener el equilibrio entre ventas y compras cada semana. “Yo voy por el todo; no me quedo quieto y camino”, dice sobre los distribuidores que nunca llegan. José no baja los precios, pero repone semanalmente su stock con mercadería de primera calidad, respetando los precios sugeridos de todos los productos enmarcados en este programa. “No puedo bajar más de lo que están los precios, tengo un margen acotado, por eso trato de respetar los precios sugeridos para que la gente pueda seguir comprando”, explica y agrega: “Y mirá todo el tiempo que llevamos hablando y no entró nadie a comprar; así estamos”. José se lamenta, no cree que la situación mejore, al menos en el mediano plazo.

El pan es un tema aparte. Hasta la suspensión del IVA anunciada por Macri, peligraba el expendio de harina y aceite, situación que obligaría a las panaderías a subir los precios. Pese a los altibajos del sector, Amanda decide mantener el kilo por debajo de $70, mientras que las panaderías de barrio Norte ─las de nombres conocidos en imponentes carteles luminosos─ lo venden entre $85 y $100.
Lo de Amanda y José no es puntual ni excluyente a la zona en que se ubican sus comercios; es una medida que se extiende a lo largo y ancho de la Capital, al menos según los registros detectados hasta ahora.
La sandwichería Patata
decidió no subir sus precios, a diferencia de sus competidores, porque a la gente “se le hace difícil”.
El café Venezia, en avenida Mitre primera cuadra, mantiene sus precios a dólar a $43.

En Rioja al 300, casi esquina Piedras, las tortillas se venden 10x$20, mientras que en barrio Norte las panaderías de marca las ofrecen entre $8 y $9. El almacén también liquida facturas a $5. Pero ojo: que no se entere Macri.








