Comunidad Trans y derechos: "Somos seres humanos descartados socialmente"
IDENTIDADES DISIDENTES
La activista Claudinna Rukone expone las deudas del Estado tucumano con el colectivo trans y la lucha constante para acceder a derechos que les corresponden como ciudadanas y ciudadanos argentinos. Acceso a la Educación, a la Salud y el rol de la sociedad para poder vivir dignamente.
Imagen de Facebook Cetrans.
La comunidad trans ha sido históricamente relegada, ocultada y estigmatizada, quedando por fuera del sistema de instituciones con las que convive la sociedad a diario. Instituciones en las cuales se organiza la vida cotidiana y donde se construye la subjetividad. Hoy el colectivo trans se encuentra en plena lucha para acceder derechos que, como ciudadanos y ciudadanas argentinos les corresponden, pero que por una resistencia social y una indiferencia de los dirigentes políticos, no se los garantizan.
Las instituciones por las que cada uno debe atravesar, como la familia en primera instancia y a continuación la escuela para recibir educación primaria y secundaria, son para las personas trans obstáculos que deben sortear. “Lo que principalmente pasa en los núcleos familiares de las personas trans es que, al no entender, al no querer apoyar por no saber o no conocer lo que es ser trans, la realidad en la escuela es muy dura, sobre todo en la primera infancia”, expone Clauddina Rukone, activista trans en LOTO (Libertad y Orgullo Trans Organizado).
“En la escuela una está muy expuesta y vulnerada a enfrentarse con personas súper hostiles. No tan solo los mismos compañeros sino también los docentes que no están ni preparados ni quieren hacerlo, para tratar con gente del colectivo (trans)”, señala. Además, destaca que “para las familias no era descabellado que nosotras dejemos de estudiar, que nos apartemos de la educación porque para ellos también es todo un tema tener que enfrentarse a la sociedad con un hijo o hija trans”.
Claudinna Rukone. Foto de Gastón Hansen.Claudinna recuerda su paso por la institución educativa y utiliza las palabras “tortura y persecución” de los docentes en el período de escolarización de nivel primario y hace hincapié en que el sistema educativo no está preparado para incluir de manera saludable a los estudiantes trans en sus aulas. Si bien reconoce que hay docentes que sí tienen herramientas y una sensibilidad e interés particular sobre las identidades de género, el sistema educativo no debería dejar librado a inquietudes personales este tipo de iniciativas para acompañar a los niños o niñas que manifiestan a temprana edad su autopercepción.
“Me asusta lo de hacer la mirada para otro lado, el 'que se resuelva como se tiene que resolver, pero yo no me meto', hace tal vez más daño que aquel que agrede. Si uno se empezara a involucrar más ante la injusticia, sería distinto. Porque son situaciones que llevan a la exclusión total de un ser humano. Hace daño que la gente no se quiera meter o que tenga odio por aquellos que todavía quieren hacer algo para cambiar”, señala.
En 2016 se inauguró el Cetrans, (Centro Educativo de Puertas Abiertas) para que las personas trans que no hayan terminado la escuela, puedan completar sus estudios. Si bien es un espacio saludable en el que además de la función académica se forman redes de contención, resulta insuficiente. “No hemos conseguido espacios amigables para el colectivo. Siempre está la chicana, el destrato y la confusión, donde hay por debajo un deseo de molestar, de incomodar, irritar, de discriminar. Después de la apertura del Cetrans, pensé que Tucumán iba a cambiar. No puedo creer que al día de hoy las chicas se sigan refugiando ahí, que no hayan encontrado otros espacios de contención".
Claudina remarca que en Tucumán las leyes que protegen los derechos de las personas trans no están debidamente implementadas ni reglamentadas. “Según la Ley de Identidad de Género en cualquier lugar te tienen que recibir. Si, te tienen que recibir, pero eso no implica que te respeten. Y eso es muy difícil. Vinimos peleando por la reglamentación de esta ley, las respuestas que tuvimos del Sistema de Salud, fueron espantosas. Hay chicas que están intervenidas con siliconas modelantes y tienen que atenderse, la gente tampoco entiende por qué una necesita modificar su cuerpo y es tan simple como que llegas a un hospital y te tratan en masculino”, expone.
Imagen de Facebook - Centro Educativo Trans de Puertas AbiertasEl acceso a la salud es otro de los obstáculos que el colectivo trans debe sortear para sobrevivir. “Llegar al hospital y preguntar a la recepcionista cómo sacar turno, ya es hostil. El trato es chocante, despectivo. Llegar al consultorio después de haber pasado por eso, y que te trate en masculino todo el equipo de profesionales”, relata. “El trato en masculino es dañino. No da igual, no es lo mismo. Esa agresión no hace más que apartar. Las chicas prefieren quedarse en la casa hasta que se les termine la vida. Si tienen alguna dolencia, antes de ir al hospital, se inyectarán algo que a alguna compañera le hizo bien.'Tengo un día más para trabajar, un día más de vida'. Somos seres humanos que se nos descartó socialmente”, puntualiza.
Los espacios sociales desde los que se excluye a las personas con identidades de género disidentes, forman una cadena de carencias en la que se ven obligadas a subsistir, sin poder en la mayoría de los casos, planificar un futuro o empreder proyectos a largo plazo. “La gente cree que si sos prostituta tenes una vida 'acomodada', no entienden que la prostitución es lo único que te da de comer, con suerte a alquilar una pensión o un departamento entre varias. Vivimos en un estado de indigencia tremendo. Esto se da por sucesos encadenados: la casa, la escuela, circuitos laborales, el sistema de salud, es una bola de nieve que se hace cada vez más grande. Para el Estado es más barato mirar para otro lado”.
Por último reflexiona sobre la importancia de construir ambientes educativos que enseñen a respetar la diversidad y no a agredir porque las limitaciones de la sociedad, considera, están el desconocimiento."Se nos tiene negadas. En realidad la educación es gratuita y pública. Pero no se trata sólo de ir a la escuela: hay que sentase, tolerar, aguantar. Una parte de la sociedad sabe que vos no sos ni si quiera considerada una ciudadana, se sienten con todo el derecho de insultar, de pegar, de escupirte la cara. Es algo que me ha tocado pasar, lo he vivido. No tenemos elección. El costo de vida de nosotras es mucho mayor, principalmente para modificar nuestro cuerpo para que la gente no nos escupa en la calle, para no tener que recibir insultos. Necesitamos borrar los rasgos masculinos para ser invisibles ante la sociedad. Y después, vemos cómo sostenemos el resto de la vida”.








