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Encontró un DNI junto a una tarjeta de crédito en el microcentro tucumano y cometió estafas cercanas a los $30.000.000

judiciales

A lo largo de más de tres meses, una mujer desplegó un raid delictivo que incluyó compras presenciales y virtuales, la sustracción indebida de recibos de sueldo, la apertura de tarjetas de crédito y préstamos, e incluso la adquisición de una motocicleta a nombre de la víctima, antes de ser descubierta en la ventanilla de un banco.

Imagen ilustrativa.-





Este largo raid delictivo comenzó la tarde del 26 de enero de 2026, cuando una vecina de San Miguel de Tucumán realizaba compras a pie en la zona de la calle Junín y El Bajo. En esa oportunidad, la víctima extravió una riñonera en cuyo interior llevaba un portadocumentos transparente con su DNI original y una tarjeta Naranja de su titularidad. La imputada encontró ambos documentos y, consciente de la identidad de su legítima dueña, decidió apropiárselos sin intentar devolverlos ni alertar a las autoridades.

A partir de ese hallazgo, la mujer inició una seguidilla de maniobras engañosas de suplantación de identidad para apoderarse de dinero y bienes de elevado valor económico. Entre el 27 de enero y el 10 de febrero de 2026, simulando ser la titular del documento y de la tarjeta hallada, concretó múltiples operaciones comerciales presenciales y virtuales en locales de la capital provincial por un acumulado de $3.234.659,08. Poco después, el 24 de febrero, dio un paso más en su plan: utilizó los datos filiatorios de la víctima y sus recibos de sueldo descargados de forma indebida para abrir una cuenta crediticia y gestionar un préstamo personal en la firma RAPICUOTAS por un valor neto de $2.646.000. Al día siguiente, el 25 de febrero, repitió la modalidad fraudulenta en el comercio Castillo Central para obtener un crédito personal por $1.985.413,92.

Las operaciones ilícitas continuaron durante el mes de marzo. El 8 de marzo de 2026, la acusada se contactó a través del Call Center virtual de la firma CREDIMAS, aportó la documentación sustraída y abrió una cuenta de tarjeta de crédito[3]. Posteriormente, retiró el plástico de manera presencial en la casa central y realizó compras físicas en comercios céntricos y solicitudes virtuales de préstamos por un monto total de $1.217.038,92. Asimismo, a lo largo de ese mismo mes, engañó a la firma Electrónica Megatone S.R.L. (On City) para acceder a un crédito de consumo de productos electrónicos por $2.735.000.

El accionar delictivo se profundizó en abril. El 1 de abril de 2026, concurrió al salón comercial de Tarjeta Titanio y exhibió el DNI extraviado junto con recibos de sueldo robados de la plataforma estatal DIGITUC para obtener una cuenta de tarjeta de crédito. Con ese plástico ejecutó un raid de compras mediante Posnet físicos en locales céntricos por un gasto total de $1.193.242,91. El 8 de abril por la mañana, se dirigió a una sucursal del Banco Macro y engañó a las empleadas de las cajas humanas para extraer en efectivo $2.084.300 directamente desde la cuenta bancaria de la damnificada.

Pocos días después, el 17 de abril a las 20:00 horas aproximadamente, actuó en compañía de otro sujeto en el local de Castillo Central. Coordinadamente y empleando los datos e informes salariales de DIGITUC, consiguieron una ampliación de crédito personal por $11.911.304,91. En dicha maniobra, su acompañante firmó documentación y actuó como usuario adherente para concretar la adquisición de una motocicleta valuada en $7.221.000. El 29 de abril, la acusada se presentó en Tevelin S.A., falsificó la firma de la víctima y tramitó un crédito personal bajo modalidad de descuento por planilla de haberes, retirando artículos tecnológicos de alto valor por $2.639.141,00. En tanto, el 5 de mayo obtuvo en el local Mobilar un crédito en cuenta corriente para llevarse productos por $200.900,00.

El engaño llegó a su fin la mañana del 8 de mayo de 2026, a las 11:30 horas, cuando la mujer volvió a presentarse en la sucursal del Banco Macro e intentó extraer $100.000 en efectivo de la cuenta de la víctima. Sin embargo, un empleado de seguridad la identificó por haber realizado una maniobra similar semanas atrás y alertó al cajero. Tras verificar que los datos biométricos y la firma no coincidían con los de la titular, las autoridades del banco avisaron a la Policía, que acudió al lugar y aprehendió a la estafadora.

La causa fue tramitada por la Unidad Fiscal de Usurpaciones, Estafas y Cibercriminalidad I, a cargo de Diego López Ávila, y representada por el auxiliar de fiscal Rogelio Rodríguez del Busto. El proceso concluyó con la aprobación de un juicio abreviado que fijó para la imputada una pena de tres años y seis meses de prisión de cumplimiento efectivo. Al fundamentar la condena, el representante de la acusación pública remarcó: “Como circunstancias agravantes se valoran especialmente la pluralidad y reiteración de hechos cometidos; la planificación evidenciada en las maniobras; la extensión temporal del accionar delictivo; la utilización sistemática de la identidad de la víctima; la multiplicidad de entidades financieras y comercios perjudicados; la magnitud del daño económico ocasionado; la afectación simultánea del patrimonio y de la fe pública; y el elevado grado de organización demostrado para concretar cada una de las maniobras investigadas”.