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El invento tucumano que logra eliminar agroquímicos del suelo usando bacterias y restos de poda

ciencia

Un equipo de investigadoras de la UNT y el Conicet creó un producto a base de microorganismos y madera triturada que logra reducir la presencia de agroquímicos en los terrenos agrícolas en pocos días, promoviendo además la economía circular.

Foto Medios UNT.-





Un equipo de científicas pertenecientes a la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) y al PROIMI-CONICET ha desarrollado un innovador bioformulado diseñado para sanear suelos agrícolas afectados por agroquímicos. Según el portal Medios UNT sobre el trabajo reportado por Daniela Orlandi, la iniciativa combina el uso de actinobacterias —microorganismos capaces de degradar compuestos químicos— con chips de madera obtenidos a partir de la trituración de ramas de la poda urbana proporcionadas por la Municipalidad de San Miguel de Tucumán. Este material vegetal funciona como soporte físico para que las bacterias se incorporen al suelo y degraden los herbicidas presentes.

El grupo de trabajo es liderado por la doctora en Bioquímica Claudia Benimeli, quien se desempeña como directora y trabaja desde fines de la década de 1990 en la recuperación de ambientes contaminados en el Laboratorio de Biotecnología de Actinobacterias del PROIMI. A lo largo de los años, este laboratorio ha estudiado el tratamiento de diversos elementos nocivos como plaguicidas, metales, hidrocarburos y medicamentos. La investigación cuenta además con la codirección del doctor en Bioquímica Enzo Raimondo, la participación de la licenciada en Biotecnología y doctoranda en Bioquímica Lourdes Maldonado, y la colaboración de la estudiante de la Licenciatura en Biotecnología Sofía García.

En sus primeras etapas, los proyectos del laboratorio se enfocaron en los plaguicidas organoclorados, sustancias restringidas o prohibidas por su alta persistencia. Sobre estos químicos, Benimeli detalló que determinados compuestos pueden permanecer en el suelo durante décadas, alcanzando en algunos casos hasta 50 años según el tipo de producto y las condiciones del ambiente. Actualmente, las tareas se concentran en la atrazina, un herbicida ampliamente utilizado en plantaciones de maíz, sorgo y caña de azúcar que suele mantenerse en la tierra durante meses. La acumulación de este producto se agrava con las lluvias, que pueden arrastrarlo hacia los cursos de agua y expandir la contaminación. En ese sentido, Maldonado advirtió sobre los riesgos para la salud humana debido a la capacidad de la atrazina para alterar el sistema endócrino de la fauna.

Los resultados obtenidos en las pruebas de laboratorio han demostrado una elevada efectividad: las actinobacterias contenidas en los chips de poda mantuvieron entre un 90% y un 100% de viabilidad tras 90 días de almacenamiento. Asimismo, el bioproducto conservó su capacidad para remover la atrazina y logró disminuir entre un 40% y un 50% su concentración en la tierra en apenas 96 horas. Maldonado remarcó los beneficios ambientales y económicos del proyecto, al expresar: “El sistema es económico y además estamos promoviendo la economía circular”. De esta forma, el desarrollo permite reaprovechar un residuo de la ciudad y abaratar costos de insumos.

Actualmente, las investigadoras avanzan con ensayos a pequeña escala directamente en suelo para analizar la efectividad del preparado en condiciones más cercanas a la realidad del campo. Una vez finalizada esta instancia, proyectan realizar pruebas en parcelas agrícolas de mayor extensión para evaluar su futura aplicación productiva. Los avances y resultados de este desarrollo científico tucumano serán presentados por Maldonado en las 33ª Jornadas de Jóvenes Investigadores de la Asociación de Universidades Grupo Montevideo (AUGM), evento que reúne a científicos en formación de América Latina.