Catalán no quiere perder con Jaldo: Pelli, el fusible libertario para una derrota que nadie quiere firmar
El lanzamiento de Lisandro Catalán como candidato a gobernador puede ser apenas la primera capa de una maniobra más ambiciosa. Mientras el exfuncionario queda expuesto por su residencia en Buenos Aires, Federico Pelli aparece como la carta provincial para negociar con la oposición y Catalán podría reservarse el verdadero premio: una banca en el Senado. Por Hernán Iramain.
Lisandro Catalán y Federico Pelli. (Foto tomada de Clarín)
La Libertad Avanza decidió poner a Lisandro Catalán en la vidriera. Lo hizo con una autoproclamación ruidosa, pero sin la foto que esperaba la militancia violeta: no estuvieron Karina Milei ni Martín Menem. El lanzamiento en Tucumán tuvo apenas el acompañamiento nacional de Iñaki Gutiérrez y Eugenia Rolón, dos figuras del ecosistema libertario digital, lejos del volumen político que suele marcar una bendición de la mesa chica nacional.
Ese vacío no pasó inadvertido. En la política tucumana, las ausencias también hablan. Y la ausencia de Karina, en particular, dejó flotando una pregunta incómoda: ¿Catalán es realmente el candidato definitivo de La Libertad Avanza o apenas el nombre que hoy absorbe el desgaste mientras el armado provincial reserva otra carta?
La respuesta puede estar en Federico Pelli. El diputado libertario quedó enredado en la discusión por su domicilio cuando empezó a sonar para la Intendencia de Yerba Buena. El concejal Mauricio Argiró denunció ante la Justicia Federal presuntas maniobras vinculadas a cambios de domicilio de Pelli y Catalán con fines electorales. En el caso de Pelli, el eje apunta a su residencia en Cebil Redondo, una comuna del departamento Yerba Buena, pero no dentro del municipio de Yerba Buena. Ese dato lo complica para una candidatura municipal. No necesariamente para una candidatura provincial.
Ahí está la diferencia central. Para ser elegido gobernador de Tucumán, la Constitución provincial exige ser argentino, tener 30 años, ciudadanía en ejercicio y dos años de residencia inmediata en la provincia. Para vicegobernador rigen los mismos requisitos. No se exige vivir en un municipio determinado. Se exige residencia en Tucumán.
Por eso el problema de Catalán es de otra escala. Si el cuestionamiento central es que reside y vive en Buenos Aires, la discusión no es municipal: es provincial. Y alcanza tanto a una candidatura a gobernador como a una eventual candidatura a vicegobernador. La residencia inmediata en Tucumán no es un trámite menor. Es una condición política y legal.
Pero hay una tercera puerta. Y quizás sea la verdadera.
Catalán siempre miró el Senado. En la rosca libertaria, su nombre no apareció solamente como candidato a gobernador. También circuló, desde el inicio, como posible primer candidato a senador por Tucumán. Y ahí el cálculo cambia. La Constitución Nacional exige para ser senador tener 30 años, seis años de ciudadanía argentina y ser natural de la provincia que lo elija o contar con dos años de residencia inmediata en ella.
El Senado, además, tiene una lógica tentadora para cualquier armador. Cada provincia elige tres senadores: dos bancas quedan para el partido que gana y una para el que sale segundo. Esa tercera banca, la de la primera minoría, suele ser el refugio perfecto para un dirigente que quiere jugar fuerte sin cargar con todo el costo de una derrota provincial.
Ahí aparece la jugada completa. Catalán se lanza a gobernador, ordena el sello, reparte candidaturas, marca territorio y se muestra como jefe político de La Libertad Avanza en Tucumán. Pero si el camino se complica por el domicilio, por la falta de volumen territorial o por la resistencia de la oposición radical, puede correrse a tiempo. Y si el candidato final a gobernador termina siendo Pelli, la derrota eventual frente al jaldismo no quedaría pegada a Catalán. La cargaría Pelli. Catalán, mientras tanto, podría reservarse el lugar más seguro: primer candidato a senador.
La maniobra tiene lógica. Pelli podría ser la prenda de unidad con sectores del radicalismo que no terminan de digerir a Catalán. Con Catalán, el entendimiento con Mariano Campero parece cuesta arriba. Hay heridas, acusaciones y disputa territorial. La Libertad Avanza acaba de lanzar en Yerba Buena a Agustín “Ayo” Delacroix para enfrentar a Pablo Macchiarola, intendente del espacio que Campero conduce desde 2015. El mensaje fue claro: Catalán decidió competir en el corazón político del camperismo.
Con Pelli, en cambio, podría abrirse otro canal. Una fórmula Pelli-Campero permitiría imaginar un acuerdo entre el sello libertario y el radicalismo con anclaje en Yerba Buena. Una fórmula Pelli-Roberto Sánchez podría tender un puente con el sur y con un dirigente que conserva peso propio en Concepción. No sería una síntesis sencilla. Pero sería más viable que una rendición de todos detrás de Catalán.
Sánchez, hasta ahora, mide sus tiempos. El exintendente de Concepción no terminó de pronunciarse en el nuevo mapa opositor y mantiene abierta la posibilidad de recuperar el municipio que gobernó. Ese distrito también tiene terminales libertarias: Alejandro Molinuevo, su sucesor en la Intendencia, se acercó a La Libertad Avanza y forma parte de un armado donde también se mueve su hermana, Soledad Molinuevo, actual diputada nacional libertaria y compañera de banca de Federico Pelli en la Cámara de Diputados. Concepción puede ser una pieza decisiva si el violeta quiere dejar de ser una marca de redes y convertirse en una estructura provincial.
La Libertad Avanza tiene entonces dos tableros. En el provincial, necesita un candidato que pueda enfrentar a Osvaldo Jaldo, ordenar a la oposición y evitar que el radicalismo juegue por afuera. En el nacional, Catalán puede apostar a una banca en el Senado si el sello violeta logra ubicarse como segunda fuerza competitiva.
Ese es el punto fino de la jugada. Si Catalán encabeza la boleta a gobernador y pierde, queda marcado por la derrota. Si Pelli encabeza la pelea provincial y pierde contra el aparato jaldista, Catalán puede presentarse como armador, no como derrotado. Como jefe del espacio, no como candidato vencido. Como senador electo, no como exaspirante a la Casa de Gobierno.
La política tucumana conoce estos movimientos. Primero se instala un nombre. Después se mide la resistencia. Luego se negocia con los heridos. Y al final aparece el candidato “de unidad”, que no siempre es el más anunciado, sino el más útil. Catalán hoy concentra la escena. Pelli mira desde un segundo plano. Pero en la rosca del poder, el segundo plano muchas veces es el lugar donde se cocina la jugada principal.
La pregunta, entonces, ya no es solo dónde vive Catalán. La pregunta es qué quiere realmente.
Porque si su objetivo fuera gobernar Tucumán, la residencia en Buenos Aires sería un problema difícil de esconder. Pero si su objetivo de fondo fuera llegar al Senado, la candidatura a gobernador podría ser apenas una estación de paso. Una pantalla. Un operativo de instalación. Una manera de ordenar el partido, disciplinar a los propios, condicionar a los radicales y llegar a 2027 con una banca casi blindada si La Libertad Avanza queda como primera minoría.
Catalán se expone. Pelli espera. Y La Libertad Avanza deja correr la confusión.
En Tucumán, eso nunca es casualidad.
Hernán Iramain
Abogado - Diplomado en Marketing Político y Campañas Electorales.







