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"Pará un poco porque nos vamos a matar": en ESPN, Lavallén recordó la hazaña de Atlético Tucumán en Quito

el gigante del norte

El exentrenador del Decano recordó en detalle el dramático periplo que vivió el plantel en la Copa Libertadores 2017, entre insólitos trámites burocráticos, carreras contra el reloj en una pista activa y un vestuario improvisado con las camisetas de la Selección Argentina Sub 20.





El 7 de febrero de 2017, Atlético Tucumán escribió una de las páginas más épicas en la historia de la Copa Libertadores al derrotar a El Nacional en el estadio Atahualpa de Quito. En su paso por los estudios de ESPN F90, Pablo Lavallén revivió aquella jornada que rozó lo insólito antes del silbatazo inicial y que terminó consagrando al Decano en las páginas históricas del fútbol sudamericano.

La planificación original apuntaba a mitigar los efectos geográficos de la sede ecuatoriana. Según detalló el propio entrenador, la estrategia inicial era hacer escala en la costa antes de subir a la montaña: "Llegamos a Guayaquil para no sufrir los efectos de la altura, que Quito tenía 2.800 metros de altura y Guayaquil está a nivel del mar, y la idea era llegar una hora y media antes al estadio, o sea que teníamos que llegar 2 horas y media antes a la ciudad". Sin embargo, la logística se desplomó cuando intentaron despegar hacia la capital: "Planificamos el chárter este que nos había llevado hasta Guayaquil, y cuando quisimos salir de Guayaquil a Quito nos decían de la torre de control que faltaba un papel, que no había una habilitación para que ese avión vuele a un aeropuerto de altura como Quito de 2800 metros de altura".

A medida que pasaban los minutos dentro de la nave, las condiciones en la cabina se volvieron insostenibles debido a las altas temperaturas de la costa ecuatoriana. "Estábamos una hora y media arriba del avión, una cuestión burocrática, no climática", remarcó el director técnico. La desesperación provocó que el entrenador tomara la iniciativa directamente con la tripulación: "En un momento me acuerdo que yo me acerqué hasta la cabina del piloto y le dije que si no podíamos salir nos íbamos a bajar porque hacía mucho calor en Guayaquil, que nos íbamos a bajar porque nos íbamos a descomponer".

El avión avanzó lentamente hacia el sector de despegue, pero el permiso nunca llegó. Lavallén recordó el momento exacto en que la paciencia del plantel se agotó en plena pista: "Nos paramos en la línea punteada para salir y de vuelta dicen 'No, no pueden salir, no pueden salir'. Y nada, ahí ya nos cansamos y nos bajamos del avión". El incidente adquirió tintes insólitos cuando los futbolistas descendieron en medio del movimiento aeroportuario: "Nos bajamos del avión en una pista activa, una locura". Tras esa maniobra, la seguridad del aeropuerto intervino para aislar a la delegación: "Nos vinieron a poner esos buses que llevan la gente hasta los aviones, nos hicieron como un cerco y nos dejaron ahí adentro, estuvimos como una hora ahí adentro".

Ante la imposibilidad de volar en la nave contratada, el presidente de la institución resolvió conseguir pasajes de línea comercial para salvar la presentación internacional. No obstante, el apremio imposibilitó descargar el equipaje de la bodega: "A la hora de bajar la utilería del avión del chárter no hubo tiempo, entonces cuando estábamos llegando a Quito alguien nos dice 'Mirá que no tenemos la ropa'". De todo el plantel, prácticamente nadie contaba con su indumentaria oficial, salvo por una excepción táctica: "El único que tenía su camiseta era el Laucha, que la llevaba él, la de arquero siempre".

En el aeropuerto de Quito los esperaba el entonces embajador argentino Luis Juez, quien coordinó la escolta policial para trasladar rápidamente al grupo hasta el escenario del partido. El trayecto hacia el estadio Atahualpa estuvo marcado por la alta velocidad en un terreno sinuoso: "Nosotros llegamos al aeropuerto de Quito y todo el viaje hasta el estadio es bajada de montaña. Íbamos en un micro de dos pisos y le dijimos al chófer 'Pará un poco porque nos vamos a matar'. Hacía poquito había pasado lo del micro de Huracán".

A la par de la vertiginosa travesía vial, los colaboradores del cuerpo técnico entablaron comunicación con el seleccionado argentino juvenil Sub 20, que disputaba el Sudamericano en esa misma ciudad, para solicitar prestada su indumentaria celeste y blanca. Al arribar al estadio con más de una hora de retraso, la presión institucional por parte de los organizadores se hizo sentir de inmediato. Según relató el entrenador, la advertencia fue categórica: "Entra alguien de la Conmebol y me dice: 'Si en 10 minutos no están en la cancha, pierden los puntos'".

El clima dentro del vestuario visitante era tenso y repleto de discusiones. "Estábamos todos muy nerviosos, estaban irritados, estaba crispado el clima en realidad... algunos decían 'No, no tenemos que ir... no sabemos si vamos a jugar, no vayamos'. Era estar sacados", rememoró el técnico. En medio de un calentamiento relámpago de tres minutos y medio y con las camisetas juveniles colocadas a toda prisa, Lavallén apeló al temperamento de sus dirigidos: "Me acuerdo que cuando se ponen la camiseta los jugadores en el vestuario, que ya habían entrado en la entrada en calor que duró 3 minutos y medio, se reúnen así en un grupito y me miran a mí y yo le digo: 'Muchachos, vamos a la guerra, guerra como en el barrio, porque la verdad era como en el barrio'".

El impacto emocional alteró todos los estándares habituales de preparación profesional previa a un compromiso continental. Lavallén comparó aquella vivencia con la rutina diaria de un cuerpo técnico: "Nosotros los entrenadores cuidamos que el jugador llegue al vestuario, tenga su tiempo, organice sus cosas, se ponga su ropa, se cambie tranquilo, esté pensando lo que va a hacer... bueno, de eso no pasó nada".

Pese a la vertiginosidad de los acontecimientos previa al pitazo inicial, el equipo asimiló rápidamente las instrucciones tácticas que se habían ensayado con anterioridad en Tucumán. Transcurridos quince minutos del primer tiempo, su ayudante de campo le remarcó el correcto acoplamiento de los jugadores sobre el césped: "A los 15 minutos viene el Mono Claut al lado de la línea y me dice: '¿Te diste cuenta? Están haciendo el plan de partido que habíamos trabajado antes en Tucumán, sobre todo en jugar todo al pie y no jugar pelotas largas porque nos íbamos a desgastar con el tema de la altura'. Le dije: 'Sí, están haciendo todo, lo vamos a ganar, lo vamos a ganar'".

Tras un primer tiempo de contención táctica, el planteo se abrió en el momento presupuestado por el cuerpo técnico. Lavallén repasó el desenlace de la estrategia: "Le dije después de los 15 ahí podemos soltarnos, y a los 16 hicimos el gol". Aquel cabezazo de Fernando Zampedri selló el histórico triunfo por 1-0 y la clasificación tucumana en la copa internacional.

Al evocar la magnitud del acontecimiento años después, el propio director técnico sintetizó el impacto del hito deportivo en su carrera profesional: "Fue una locura que terminó bien en anécdota y en libro". Asimismo, concluyó con una reflexión sobre lo que significó en su trayectoria personal y en la memoria del club: "Lo de Atlético Tucumán también ha sido una excelente experiencia... queda para el recuerdo".