Top

El oro en Inglaterra y el proyecto Sea Lion: las contradicciones del furor soberano de Milei

FM LATUCUMANA 95.9

El periodista Exequiel Svetliza analizó con dureza el discurso por cadena nacional del presidente. Detrás del repentino fervor malvinero oficialista, el escritor advirtió un oportunismo político para tapar la crisis económica de morosidad doméstica y expuso las severas incoherencias de una gestión que envía el oro a Londres, desfinancia la ciencia y supedita la geopolítica nacional a los intereses de los Estados Unidos.

Foto: Juan Mabromata / AFP





El Doctor en Letras, docente universitario, escritor y periodista de eltucumano.com, Exequiel Svetliza, conversó con Ana Pedraza y Gabriel Sanzano en el programa La Tucumana de Mañana, que se emite por FM La Tucumana 95.9. En una profunda charla, el autor del libro Tras un manto de ficciones desmenuzó las implicancias del anuncio del presidente Javier Milei sobre la soberanía de las Islas Malvinas y repasó los argumentos de su reciente artículo "Malvinas, el nuevo skin nacional y popular de Milei".

Para el investigador, el repentino giro discursivo del mandatario, quien históricamente se pronunció a favor de la autodeterminación de los kelpers y se declaró fanático de Margaret Thatcher, no representa una defensa genuina, sino un acto de oportunismo político gatillado por la pérdida de la agenda pública y el alarmante crecimiento de la morosidad familiar en el país. Svetliza definió esta maniobra mediante la metáfora del "skin" o disfraz virtual: "Es evidentemente un skin, un acto camaleónico. Tengo estas convicciones, pero si no me sirven, puedo tener también estas otras. La posición de Milei respecto de Malvinas fue siempre clara: perdimos la guerra y ya está". El periodista recordó que hace apenas un mes, el propio oficialismo impulsaba un proyecto de extranjerización que permitía la venta ilimitada de territorio nacional a extranjeros, el cual se frenó temporalmente por la resistencia social y el fuerte sentimiento nacional despertado luego del choque con Inglaterra en el mundial y la ya célebre bandera de los jugadores de la Selección.

La primera gran contradicción material del discurso oficialista reside en la política financiera del Ministerio de Economía. Svetliza consideró absurdo y estratégicamente inviable reactivar un reclamo de soberanía frente al Reino Unido cuando el propio Banco Central envió y prendó parte del patrimonio nacional en territorio británico. Al respecto, el escritor cuestionó con dureza la lógica de la gestión nacional: "Mandó las reservas de oro, entre otros lugares, al Banco de Inglaterra. Está difícil negociar soberanía cuando le das parte de tu patrimonio, que está alojado allá, prendado además con una deuda. Estratégicamente, si querés reactivar una disputa de soberanía de un territorio que está en disputa justamente con Inglaterra, no parece muy inteligente mandarle tu oro allá". En el plano de los recursos naturales, el analista expuso una inacción similar respecto al proyecto petrolero Sea Lion en el Atlántico Sur, operado por la británica Rockhopper y la israelí Navitas. Explicó que el marco legal para sancionar estas exploraciones ilegales existe desde el año 2011 y fue modificado en 2013, pero la gestión actual demoró tres años en aplicarlo, interviniendo recién cuando las petroleras ya habían montado la infraestructura extractiva y ante las denuncias judiciales de los centros de excombatientes. Para Svetliza, el gobierno solo denuncia ahora su propia inacción: "La primera denuncia es de los centros de excombatientes y veteranos de Malvinas. Instituciones civiles que no tienen el poder legal del Estado toman estas decisiones antes que el propio Estado. Ahora lo anuncian con bombos y platillos cuando se demoraron tres años en aplicar una herramienta legal que siempre tuvieron a mano".

El trasfondo histórico del conflicto también contradice el alineamiento ciego de Milei con Washington. El docente recordó que el despojo de las islas en 1833 se originó a partir de un ataque previo de una fragata militar de los Estados Unidos contra la comandancia argentina de Luis Vernet. Asimismo, trazó un paralelismo con el rulo cíclico de la dictadura militar en 1982, que lanzó la guerra bajo el presupuesto ingenuo de que el gobierno norteamericano se mantendría neutral debido al alineamiento ideológico anticomunista y la colaboración de los militares argentinos en las campañas represivas de Centroamérica. Al igual que en aquel entonces, cuando el apoyo logístico de Estados Unidos a Inglaterra resultó clave para la derrota argentina, Svetliza calificó de absurdo suponer que una declaración informal y descontextualizada de Donald Trump (quien solo deslizó que "todo se puede revisar" en el marco de un enojo de campaña con el gobierno laborista británico por la campaña en el estrecho de Ormuz) modificará la histórica alianza anglo-estadounidense. Al respecto, sentenció: "Pensar ahora que a partir de una declaración de Donald Trump se va a romper esa alianza histórica en favor del reclamo de soberanía argentina es, cuanto menos, ingenuo, por no decir estúpido. Es una decisión diplomática que está supeditada a los intereses y a la voluntad de Estados Unidos. Hay poco de soberano en eso". El analista denunció que este retroceso se extiende a la entrega de proyectos de soberanía nuclear a los Estados Unidos, el desfinanciamiento de la soberanía científica y satelital, y el freno de la obra pública en la base naval de Tierra del Fuego, iniciada en 2022 bajo la gestión de Jorge Taiana, la cual ahora el oficialismo pretende reactivar con sospechas de querer ceder su control operativo a bases norteamericanas.

Finalmente, el escritor alertó sobre el peligro institucional de que Milei fundamente sus anuncios bajo los parámetros de la Doctrina de Seguridad Nacional de los años sesenta. Svetliza explicó que, históricamente en América Latina, esta concepción de origen estadounidense no se utilizó para defender los territorios de amenazas reales de potencias extranjeras, sino como un justificativo ideológico para el espionaje interno, la persecución de opositores, sindicatos y el control social de la propia población mediante la invención de enemigos internos de turno. Al respecto, el autor advirtió sobre la gravedad del discurso presidencialista: "Esta doctrina es la que se empezó a aplicar en los sesenta en el marco de la Guerra Fría y, con la excusa de proteger de una amenaza exterior, lo que hacía es controlar y vigilar lo que sucedía dentro del país. Esto habilita al control de la propia población más que a la defensa ante una amenaza externa que hoy no existe realmente". Svetliza concluyó que el fervor malvinizador de Milei funciona como un comodín discursivo transitorio que choca de frente con sus políticas efectivas de entrega de recursos, desmantelamiento de la ciencia y sumisión geopolítica.