"Chipi" Castillo en Tucumán: "La gente tiene que trabajar más horas para ganar menos"
El diputado bonaerense advirtió sobre la brutal precarización laboral que imponen las plataformas de entrega y la inteligencia artificial en el capitalismo moderno. En la previa de la presentación de su nuevo libro en la Universidad Nacional de Tucumán, analizó la vigencia de las ideas de Karl Marx para desentrañar los mecanismos de explotación y la concentración de la riqueza en monopolios tecnológicos.
El sociólogo, docente de la UBA y la UNLP, y actual diputado de la provincia de Buenos Aires por el PTS en el Frente de Izquierda, Christian "Chipi" Castillo, conversó con Gabriel Sanzano y León Torrente en el programa La Tucumana de Mañana, por FM La Tucumana 95.9.
Durante la entrevista, el referente nacional de la izquierda abordó los puntos centrales de su último libro, titulado Leer a Marx: sus principales ideas y por qué importan ahora, el cual presentará este viernes a las 17 horas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT, con el objetivo de debatir sobre la vigencia del pensamiento marxista en un contexto global y nacional signado por la crisis, el avance de la extrema derecha y la creciente pérdida de derechos de las mayorías populares.
Al explicar el motivo que lo llevó a escribir esta obra, Castillo remarcó que las ideas de Karl Marx siguen siendo indispensables porque el objeto de su análisis científico, que es el modo de producción capitalista, continúa existiendo y operando como el gran generador de las asimetrías de nuestro tiempo. El dirigente destacó que, si bien la existencia de la desigualdad social y de las diferentes clases es evidente a simple vista, la gran contribución teórica de Marx fue revelar científicamente la mecánica oculta de esa disparidad: "Para ver que la sociedad es desigual y que hay clases sociales con diferentes niveles de vida e ingreso no hace falta demasiada ciencia. El tema es que, hasta Marx, entender por qué los propietarios del capital acumulan riqueza permanentemente y los trabajadores, cada vez que van a laborar, apenas consiguen lo necesario para reproducir su vida, ese mecanismo, esa relación social de explotación que se establece entre el capitalista y el trabajador, no estaba explicada". En este sentido, planteó que la teoría marxista no solo devela esta injusticia, sino que ofrece una perspectiva histórica alternativa al demostrar que el capitalismo no es eterno ni natural, sino simplemente un momento dentro de la historia humana que puede ser superado por un sistema alternativo como el socialismo.
El sociólogo advirtió que los grandes conglomerados tecnológicos modernos (Google, Facebook, etc) planifican minuciosamente su producción interna pero operan dentro de una economía global que funciona de manera anárquica, desatando crisis recurrentes. Esto genera la dolorosa paradoja de que los padecimientos actuales de la población no derivan de la escasez de recursos, sino de la propia estructura de apropiación privada: "Hoy la producción social no la hacemos individualmente cada una y cada uno por separado, sino que la hacemos cooperativamente, socializadamente, y así es como se crea una masa superior de riquezas. Pero esa riqueza socialmente creada no es apropiada por todas y todos por igual, sino que solo los grandes propietarios son los que se quedan con la parte del león, con el grueso de esa riqueza social, mientras el resto apenas puede subsistir". Para ejemplificar este absurdo distributivo en nuestro país, Castillo señaló que actualmente coexisten 4 millones de familias en emergencia habitacional extrema con 2 millones de inmuebles que se encuentran completamente vacíos.
Al trazar un recorrido por las experiencias históricas que intentaron transformar esta realidad, el autor rescató la Comuna de París de 1871 como el primer gobierno de los trabajadores, caracterizado por medidas democráticas ejemplares como la revocabilidad de mandatos y la nivelación de los salarios de los diputados al sueldo de un obrero calificado, antes de ser brutalmente aplastado por la burguesía con una masacre de 30.000 personas. Asimismo, ponderó los primeros años de la Revolución Rusa de 1917, que en un contexto de extremo atraso material implementó conquistas de vanguardia como el derecho al aborto en 1919, décadas antes de que fuera legalizado en potencias occidentales como Francia o Estados Unidos, y la socialización de las tareas de cuidado, procesos que luego sufrieron una fuerte regresión bajo la burocratización estalinista.
Castillo analizó que, tras la ofensiva neoliberal de los años ochenta y la crisis financiera de 2008, el mundo ingresó en un ciclo sumamente convulsivo donde la famosa frase del Manifiesto Comunista, "todo lo sólido se desvanece en el aire", cobra una vigencia total. En este marco, el legislador denunció que los avances científicos y tecnológicos no han sido utilizados para liberar tiempo de ocio o reducir la jornada laboral, sino para potenciar la explotación y precarizar las condiciones de vida de la clase trabajadora: "Lejos de recortarse la jornada laboral, algo que de acuerdo a las condiciones científicas y tecnológicas podría hacerse perfectamente, la gente tiene que trabajar más horas para ganar lo mismo o incluso para ganar menos". Remarcó que la tecnología se aplica actualmente para imponer dinámicas brutales de tracción a sangre, ejemplificadas en los jóvenes que reparten pedidos en bicicleta. "La tecnología se usa para formas de explotación brutales que le pasan por encima a la necesidad de tener convenios colectivos, aguinaldo, vacaciones pagas o licencia por enfermedad, que para gran parte de la juventud hoy son derechos laborales que le costó mucho conseguir a la clase trabajadora y que les tenés que explicar qué son".
Frente a este complejo panorama y al ascenso de proyectos de extrema derecha que hoy gobiernan la Argentina, el diputado concluyó señalando que la clase trabajadora actual es extremadamente heterogénea, tal como Marx la concibió originalmente, lo que le otorga una inmensa potencialidad para articular una mayoría social con la fuerza necesaria para transformar la sociedad de raíz. Prueba de que existe una resistencia social activa y una búsqueda de alternativas por izquierda es el notable crecimiento de la imagen de su compañera Myriam Bregman en las encuestas de opinión pública, lo que demuestra que la disputa por el sentido de la crisis sigue abierta y que el debate que propone su libro resulta de vital importancia para las nuevas generaciones.






