"Hartos de este loco": Hugo Asch aseguró que los empresarios se cansaron de Javier Milei
El analista político y periodista analizó con dureza la actualidad nacional por el aire de FM latucumana 95.9. Durante la entrevista, reveló el creciente malestar del establishment con el presidente tras su prolongado aislamiento en la Quinta de Olivos, la trastienda de la interna oficialista con Agustín Laje y trazó un preocupante paralelismo entre el rumbo financiero actual y las burbujas económicas que antecedieron al estallido del año 2001.
Javier Milei en Rosario (captura de pantalla, mejorada en su definición con IA).
Hugo Asch habló con Ana Pedraza y Alfredo Aráoz en La Tucumana de Mañana, el programa de FM latucumana 95.9, y dejó un pormenorizado análisis del escenario político y social. El columnista regresó al aire para desmenuzar las últimas apariciones presidenciales ante el "círculo rojo" y el prolongado encierro de casi 40 días que Javier Milei mantuvo en la quinta de Olivos tras una serie de fallidas entrevistas televisivas. Para Asch, esta reclusión y los posteriores discursos denotan una preocupante desconexión con la realidad de un mandatario que parece habitar su propia "posverdad".
El analista reveló que el clima de apoyo incondicional de los empresarios al Gobierno está llegando a su fin, algo que se hizo evidente durante la última presentación de Milei ante el "círculo rojo". "En el Alvear había empresarios que directamente se fueron, no lo toleran más; la frase más escuchada es 'estoy harto de este loco'", aseguró Asch, explicando que si bien el establishment respaldó con fuerza al oficialismo al principio porque "ganaron una torta de guita", la persistencia de las incoherencias y la falta de rumbo claro comenzaron a desgastar esa paciencia. Según detalló, este descontento es tan tangible que ya existen grupos de empresarios que, alarmados ante la catarata de sinsentidos oficiales, han comenzado a pedir reuniones con el gobernador bonaerense Axel Kicillof para evaluar alternativas viables ante el deterioro institucional.
Asch describió la gestión actual como una suerte de ficción insostenible en la que el presidente recurre sistemáticamente a mentiras para sostener su narrativa. Cuestionó, por ejemplo, la inverosímil teoría oficial de que el consumo no ha caído porque la gente compró masivamente televisores para el mundial y luego entró en mora. "Es disparatado porque es muy fácil de corroborar; la verdad es un detalle para Milei", disparó, señalando que mientras el mandatario asegura ver récords de consumo, la realidad muestra a una clase media que primero gastó sus ahorros, luego se endeudó pagando el mínimo de las tarjetas y hoy directamente ya no puede pagar nada. Este cuadro de parálisis, sumado al incremento del riesgo país por encima de los 500 puntos, demuestra la nula confianza externa en el plan económico que llevan adelante el presidente y su ministro Luis Caputo.
La intransigencia dogmática de Milei no solo genera ruido en el sector privado, sino que también ha desatado feroces disputas dentro del propio arco de la derecha. El periodista ventiló detalles de la reciente pelea pública entre el presidente y el intelectual ultraconservador Agustín Laje, titular de la Fundación Faro. Según explicó, Laje osó plantear una advertencia pragmática al señalar que "si la derecha no le soluciona el problema del metro cuadrado al ciudadano, ese péndulo va a volver rápidamente a la izquierda". La reacción del líder libertario fue furibunda: "Lo tuvieron que agarrar entre cuatro y le escribió un Whatsapp lleno de mayúsculas tratándolo de traidor", relató Asch, ironizando que mientras Laje proponía una lógica de supervivencia social básica para no dejar morir de hambre a la gente, el presidente solo puede pensar en la infalibilidad de su "plan genial", confiando en que si le va mal siempre podrá refugiarse en el circuito internacional de conferencias bien pagas.
Por último, el escritor comparó la ilusión del actual esquema financiero con el ficticio bienestar de los años 90 y la posterior debacle que desembocó en el estallido del año 2001. Evocando su propia experiencia de aquella época dorada, recordó cómo la fantasía de cambiar bonos provinciales firmados por Ramón "Palito" Ortega por billetes de dólares del Tesoro norteamericano terminó en una crisis terminal que obligó a miles de argentinos, incluido él mismo, al exilio. Advirtió que la historia amenaza con repetirse en las provincias con la emisión de cuasimonedas como los "Chachos" de La Rioja debido a que el Gobierno nacional promete fondos que luego manipula o directamente no tiene. En ese difícil equilibrio ubicó la actitud de gobernadores como Osvaldo Jaldo, a quien cuestionó por su cercanía al mileísmo, aunque reconoció que los mandatarios provinciales enfrentan un límite ético muy estrecho al depender de la billetera central para garantizar el pago de los sueldos de sus ciudadanos.







