"Lo perdí todo": el doloroso testimonio de un exAtlético Tucumán ante el flagelo de la ludopatía
El futbolista, que vistiera la camiseta de Atlético Tucumán en la B Nacional, rompió el silencio tras el archivo de su causa por extorsión. Confesó que debe 50 mil dólares, admitió que la adicción destruyó su hogar y compartió su desesperado grito de ayuda en una cruda entrevista: "Perdí todo".
Imagen de archivo.-
Jonatan Gómez, aquel mediocampista que en el segundo semestre de 2014 defendió los colores de Atlético Tucumán en un total de 14 partidos durante el torneo de la B Nacional, quedándose en las puertas de la máxima categoría, enfrenta hoy el partido más desgarrador de su vida personal. El actual jugador de Sarmiento de Junín reconoció públicamente su adicción al juego online y reveló que mantiene una deuda de 50 mil dólares con una plataforma de apuestas clandestinas.
La confesión llega luego de un fuerte revés judicial: el fiscal santafesino Aquiles Balvis desestimó la denuncia que Gómez había presentado por presuntas extorsiones e intimidaciones telefónicas para cobrarle dicho dinero. Ante esta decisión, el deportista cruzó con severidad al funcionario judicial en una reveladora entrevista mano a mano con el periodista Roberto Caferra. Sin rodeos, el futbolista apuntó: "El fiscal nunca tuvo la intención ni siquiera de escucharme".
El calvario de Gómez comenzó en 2020, tras su regreso de Brasil para incorporarse a Argentinos Juniors en plena pospandemia, momento en que se adentró en las plataformas clandestinas de apuestas virtuales. Al describir la dinámica de su afección, la comparó con las dependencias más severas, advirtiendo sobre el carácter invisible que facilita la tecnología móvil. "Esto es una droga", alertó, y agregó con crudeza sobre la facilidad con la que se puede ocultar la adicción ante los demás: "puedo estar hablando con vos y puedo tener el teléfono en la mano y vos no te vas a dar cuenta que yo estoy jugando".
Ese ocultamiento sistemático es alimentado por la vergüenza y el pánico del propio afectado, ya que el ludópata "por temor no cuenta y por temor se esconde". Con el paso del tiempo, el juego dominó por completo su cotidianeidad, afectando su desempeño laboral, social y emocional. Según relató, el hábito nocivo "te distrae, no solamente en tu trabajo, sino en el día a día, te cambia el humor". Su carácter se tornó sumamente hostil y distante: "Me irritaba todo el tiempo". Su círculo de amigos comenzó a notar su progresiva ausencia física y mental, recordándole con preocupación: "Che, Jony, vos no estabas". Su esposa, quien descubrió la situación en una oportunidad, también intentaba interpelarlo preguntándole: "Jony, ¿qué te pasa?". Sin embargo, la propia naturaleza de la patología anulaba cualquier intento de ayuda externa, ya que, en palabras del jugador, "la ludopatía no te deja escuchar".
El colapso definitivo se produjo cuando la adicción impactó de lleno en su ámbito familiar y afectivo, destruyendo la convivencia diaria con sus seres queridos y provocando que perdiera el hogar compartido con sus hijos. Con total sinceridad, Gómez resumió su estado actual con una frase devastadora: "Perdí todo". En una dolorosa radiografía de su presente, el futbolista lamentó: "Mi familia está casi destrozada, no sé si voy a poder volver a jugar al fútbol, que es lo que más me gusta". El disparador que finalmente le permitió reaccionar y buscar asistencia médica fue, precisamente, el impacto de "perder a mi familia". El dolor se vuelve insoportable en cada reencuentro con sus hijos pequeños, quienes no comprenden la separación: "Ahora cuando voy a ver a mis nenes y mis nenes lloran y me dicen, '¿Por qué papá se va?'". Para Gómez, contemplar el impacto de su enfermedad en su entorno es el aspecto más desgarrador de su crisis: "Uno sufre y deja secuelas al costado".
Actualmente, el exjugador del Decano lleva cuatro meses sin realizar apuestas, encontrándose bajo un estricto tratamiento médico, controlado y medicado en su afán por superar la adicción. Su prioridad absoluta ha dejado de ser económica o deportiva; hoy busca reconstruir los vínculos que dañó y recuperar la paz que el juego le arrebató. Con firmeza, Gómez concluyó con una profunda reflexión sobre lo que verdaderamente le importa en esta etapa de recuperación: "Cambiaría todo. La plata, el momento, todo para tener paz, para que mis hijos me vean feliz, porque hace mucho tiempo que no me ven feliz, y para toda la gente que estuvo al lado mío y le hice daño, no sufran como sufrieron".







